Valle-Inclán, el ministro oculto


Confesaba hace poco Pedro Sánchez su devoción por la literatura esperpéntica. Su apego al esperpento político no era ningún secreto, pero sus querencias literarias por Valle-Inclán, a quien le gustaría invitar a cenar -según manifiesta en la entrevista-, eran algo desconocido hasta ahora. Como el presidente no da puntada sin hilo, cabe preguntarse si de verdad tiene al autor de Tirano Banderas como escritor predilecto, o se trata de un guiño para conseguir finalmente el voto del BNG a los Presupuestos. No hay respuesta para la duda.

En todo caso el factor gallego vuelve a ser determinante en lo asuntos de Estado gracias a don Ramón María. Quítenle a la historia política de España el ingrediente galaico y sería ininteligible. Los dos principales partidos fueron fundados por los gallegos Pablo Iglesias y Manuel Fraga; la Guerra Civil empieza con un alzamiento dirigido por Franco contra un Gobierno presidido por Casares Quiroga, tras el asesinato del tudense Calvo Sotelo; y la naciente democracia tiene en Suárez, hijo de coruñés, su gran paladín.

Tras el adiós de Rajoy se produjo un vacío que ahora llena Valle-Inclán influyendo desde el más allá en las decisiones del presidente, con resultados extraordinarios.

«La política es clara en lo que hace, en lo que logra, y es contradictoria cuando se la define». La reflexión es de Ortega (el filósofo) y encaja muy bien con Sánchez. Mediante caminos tortuosos en los que embauca a unos, cede ante otros y engaña a los demás está a punto de lograr el éxito indudable de la aprobación de los Presupuestos. Digan lo que digan sus detractores, es un magnífico tahúr del Manzanares que entretiene al auditorio con un dúo que reproduce el arte que Pimpinela lleva cuarenta años desplegando. ¿No los recuerdan? Sobre el escenario la pareja se canta mutuamente sus reproches, engaños y traiciones, hasta el punto que parece que la ruptura es inexorable y dolorosa, pero acabada la función salen juntos a saludar al respetable y cosechan los aplausos del público.

Eso es lo que están haciendo Pedro y Pablo al frente del Ruedo Ibérico. Son una pareja estable que se reparte los papeles, como hicieron en su día González y Guerra. Uno cortejaba a la España moderada, otro cuidaba de los descamisados, cultivando las liturgias propias de la izquierda dentro de un orden. Entre los Picapiedra, Pedro deja que Pablo y familia disfruten de la moqueta del poder, y a cambio Pablo garantiza la tranquilidad de la calle no solo domesticando a los suyos, sino reclutando para la causa a quienes pudieran sublevarla.

Si las encuestas aseguran que el covid-19 fomenta los divorcios, la separaciones políticas solo se dan en la derecha. 

En fin, que es un orgullo y da mucha seguridad que Valle-Inclán inspire lo que está pasando. Otro gallego sigue al mando.

Darwin, te equivocas

Ojalá Darwin estuviera entre nosotros para comprobar que su teoría no siempre funciona. En política por ejemplo no es Rufián quien, tras un proceso evolutivo, deja las cavernas y se transforma en el exquisito Miquel Roca, sino al revés. Hubo una vez un nacionalismo sapiens que quería extender su sapiencia a las especies menos desarrolladas de España. Más tarde dio un salto atrás para hacerse troglodita, y ahora ese proceso involutivo alcanza otra fase y quiere que los demás lo acompañen a la edad de piedra. Los males de Cataluña, desde el lingüístico hasta el fiscal, se quieren inocular a los demás mediante un curioso mecanismo en el que los nacionalistas niegan la autonomía de los otros, y llaman en su ayuda al Gobierno central para que imponga la uniformidad. El retorno del centralismo con Rufián al frente.

¿Cómo seguir creyendo que Darwin estaba en lo cierto? Más bien hay que empezar a darle la razón al guionista del Planeta de los Simios que imaginaba un futuro dominado por primates. Una parte de la política lo confirma.

El partido escarranchado

Ningún análisis sesudo sobre el ocaso de Ciudadanos es comparable al que se encuentra en el folklore, en concreto en Si vas ao convento de Herbón. Ya al final se canta la estrofa clave que se refiere a la difícil postura que ha de adoptar el pretendiente-fakir. Dice así: «Unha perna téñocha eiquí, outra no teu tellado; mira si te quero nena que estou escarranchado». La tendencia de Rivera y los suyos a ver en cualquier cosa autóctona una puerta falsa hacia el separatismo les impidió interpretar este tesoro etnográfico que es un aviso a los partidos-bisagra. Acaban escarranchados tras realizar mil contorsiones. En sus inicios sus líderes son los más atractivos, tanto que en ocasiones se dejan llevar por la soberbia, pero poco a poco se van enredando, se contracturan y finalmente son la falsa moneda que de mano en mano va y ninguno se la queda. Albert Rivera se hizo famoso con una primera campaña en la que aparecía desnudo, y así está quedando su invento. Es un déjà vuUPyD, CDS, UCD, Coalición Galega... Todos acaban en Herbón.

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