La pieza que preside la zona religiosa de la propiedad procede del pazo de Santa María de Sada y fue regalada a Pardo Bazán

Mónica P. Vilar
Vigo (Pontevedra), 1982. Siempre me ha gustado contar historias y que me las cuenten. Escuchar y transmitir. La esencia del periodismo. Desde el 2010, soy «contadora» en V Televisión

Las Torres de Meirás esconden más de un tesoro. Las medidas judiciales tomadas respecto al contenido de la propiedad ante su inminente entrega al Estado por parte de la familia Franco dan cuenta de la preocupación que existe por que nada de lo que da valor y personalidad al lugar salga de allí o se pierda. Un sombrío destino que, por su tamaño y complicado desmontaje, difícilmente podrá tener una de las piezas destacadas de la capilla, el llamativo retablo barroco que la preside. Una pieza elaborada en madera sin pintar, dedicada a San Francisco y con una representación del Apóstol Santiago en la batalla de Clavijo.

¿Pero cómo llegó a Meirás ese retablo? Su origen está en el Pazo de Santa María de Sada, que en ocasiones también aparece citado como pazo de Ouces, parroquia de Bergondo a la que perteneció hasta los cambios de límites jurisdiccionales producidos en el siglo XIX. Esa casa grande pertenece desde hace varios siglos a la familia Posse. De manos de ellos, el retablo habría pasado a las de Emilia Pardo Bazán como un «regalo inexplicable, una generosa donación», en palabras de Ignacio Martínez Sánchez de Neyra, bisnieto del hombre que dio la pieza a la condesa. Un episodio que Martínez Sánchez de Neyra recoge en un libro sobre su familia que prevé publicar en un futuro.

Según sus investigaciones, la espectacular pieza de madera natural fue encargada por el abuelo de su bisabuelo, Antonio Posse Valledor, regidor de Betanzos en la segunda mitad del siglo XVIII, para lucir en la capilla del Pazo de Santa María de Sada. Allí estuvo hasta que un incendio en la década de 1860 provocó importantes daños en la casa grande de Sada, llevando a que la capilla fuese desmantelada y el retablo quedase sin uso.

No sería hasta dos generaciones después cuando la pieza cambiaría de manos, «muy a finales del siglo XIX o muy a principios del XX», apunta Martínez, estando Pardo Bazán inmersa en las obras de construcción de su quimérico refugio de Meirás. Habría sido entonces cuando Francisco Posse Nicolich, alcalde de Sada entre otros varios cargos políticos y administrativos, regaló el retablo a la escritora.

Una «generosa donación»

«Nadie ha sabido dar razones convincentes de esta generosa donación», indica Ignacio Martínez, tras haber consultado la cuestión con varios de sus parientes mayores a lo largo de los años. Sin embargo, explica que Posse Nicolich y Pardo Bazán estaban emparentados, y mantenían una relación cordial y afectuosa. «Tenían amistad. Incluso cuando Emilia Pardo Bazán sacaba de la imprenta algún libro nuevo siempre le mandaba a mi bisabuelo un ejemplar dedicado con un ‘‘a mi querido pariente Posse'', o incluso utilizaba la palabra primo», desgrana. Al mismo tiempo, añade, el retablo languidecía «probablemente guardado en un almacén o en la propia capilla desacralizada, cogiendo polvo». Posse Nicolich nunca había tenido intención de rehabilitar la capilla, mientras que Pardo Bazán estaba montando su nueva casa, que incluía una. «Con toda probabilidad Emilia, que al ser parientes pararía por la casa de Sada, sabía de la existencia del retablo y le pidió insistentemente a mi bisabuelo que se lo cediera. Él, que dicen que era un pedazo de pan, se lo cedió», conjetura.

En todo caso, y aunque la entrega de la obra no quedó certificada con ningún documento, otros investigadores como Carlos Martínez-Barbeito corroboran ese regalo por parte de la familia Posse como origen del retablo instalado en la capilla de Meirás. Eso sí, la pieza que hoy puede verse allí no luce exactamente como lo haría a principios del siglo XX.

Los retablos de la capilla de Meirás en una visita de intelectuales autorizada en el 2016
Los retablos de la capilla de Meirás en una visita de intelectuales autorizada en el 2016 MARCOS MIGUEZ

El historiador del Arte de la Universidade de Santiago (USC) Jesús Ángel Sánchez García considera probado que la pieza fue reformada en el año 1938, el mismo año en el que se habrían construido los retablos laterales que hoy acompañan al central, el único que tendría su origen en el pazo de Sada.

El investigador de la USC tiene casi certificado que esa reforma sería un trabajo del entallador y ebanista compostelano Francisco del Río Fernández, entre la primavera y el verano del año 38. Pero apunta a que queda mucho por indagar sobre los retablos de Meirás, que presentan motivos decorativos «que son alleos ao coñecido noutros retablos galegos». Unas investigaciones que, con toda probabilidad, podrán hacerse con la pieza en su ubicación actual, en la casa a la que, dice Ignacio Martínez, «sin duda pertenece» a día de hoy.

Entrada al pazo de Meirás, durante una suspensión de las visitas en el año 2017

Los otros inventarios de Meirás: De acudir a los tribunales a visitar a Carmen Franco para poder entrar

Mónica P. Vilar

Cuando los Franco entreguen las llaves de Meirás, ¿se corresponderá el estado del interior de las Torres con el que tenía cuando se declararon BIC? La pregunta ronda y no es, ni será fácil responderla. La declaración de la residencia y ensoñación personal de Emilia Pardo Bazán como Ben de Interese Cultural publicada en el DOG el 21 de enero del 2009 no incluyó una descripción tan exhaustiva como la de otros casos. Y tiene una explicación. Nunca ha sido fácil acceder al interior de Meirás. Las reticencias de la familia del dictador han sido proverbiales.

Seguir leyendo