Tomás Fernández-Couto, el veterano dirigente que acabó quemado con un cambio de viento

Estuvo al frente de la extinción de incendios en Galicia durante 21 años


Redacción / La Voz

Tomás Fernández-Couto es, probablemente, el hombre al que más veces le han pedido la cabeza en el Parlamento gallego. Pero como una vieja secuoya, o una sobreira, ha sabido sobrevivir a siete conselleiros, ha estado con tres presidentes y hasta a una investigación por la adjudicación de los contratos de los helicópteros de lucha contra incendios de las campañas 2011, 2012 y 2013. Pero también al fuego durante veintiún años, los mismos que ha estado al frente de la gestión de incendios en Galicia desde que Tomás Pérez Vidal lo nombrara en 1996, incorporando a su gabinete a un hombre de Romay Beccaría. Hasta el nacionalista Alfredo Suárez Canal lo mantuvo en el puesto durante la primera campaña del Gobierno bipartito en el 2005. Las tres siguientes —entre ellas aquella del 2006 en la que llegaron a arder 95.947,5 hectáreas, en torno a un 5 % de la superficie forestal de Galicia— estuvo apartado hasta que Samuel Juárez volvió a llamarlo a filas en el 2009.

Fernández-Couto es como una secuoya, que ha usado su carácter férreo para echar raíces en un terreno tan espinoso como es la gestión de incendios, un puesto para el que no vale todo el mundo porque, como apuntaba ayer alguien del sector, «antes ou despois vas ter que ir a algún enterro». A su favor, cuentan en el sector, ha logrado colocar el servicio de extinción de Galicia como un referente a nivel internacional, logrando rebajar el número de incendios de los 10.145 registrados el año que accedió al cargo a los menos de 2.000 que se han registrado desde el 2018. Pero también ponen sobre la mesa el elevado coste de un servicio que acaba colapsado cuando en una misma jornada coinciden fuegos en distintos puntos de la geografía gallega. Ocurrió en el 2017, cuando llegaron a arder 62.096,3 hectáreas.

Pese a ello, no ha sido el fuego lo ha alejado de la gestión del monte. Lo ha hecho un cambio de viento que trata de imprimir aires nuevos a la gestión de incendios. Hay quien interpreta que su cese es un gesto claro después de que el Consello de la Xunta haya aprobado hace unas semanas la tramitación de la norma que regulará el nuevo Plan Forestal y de que esté en el horno la nueva Lei de Montes. Algunas fuentes comentaban que el cambio lo ha cogido por sorpresa, aunque no hace mucho el rumor de relevo estuvo en el aire.

Lo que está claro es que en más de veinte años de gestión ha tenido que lidiar con un sector que le achacaba haber dedicado grandes cantidades de dinero a extinción, mientras descuidaba la gestión. Llegaron a reprocharle incluso que fondos de Bruselas que podrían haberse dedicado a trabajos de prevención o labores de recuperación de tierra abandonada no llegaban a ejecutarse. Esa crítica fue una de las razones que están detrás de la separación de la extinción y la gestión en dos direcciones generales diferentes: la de Defensa do Monte y la de Planificación e Ordenación Forestal. La separación de carteras daba pistas de por dónde iban a ir los tiros. Hacia una ordenación del monte y recuperación de la tierra como estrategia para contener el fuego a largo plazo.

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