El retorno de Gallaecia

Resulta emocionante que esos gallegos irredentos de Fuente de Oliva, o Fontedoliva, nos quieran tanto


Así de pronto se vislumbran tres soluciones para satisfacer a esos habitantes de Fuente de Oliva, o Fontedoliva, que quieren ser gallegos y no pueden.

La primera es administrativa y supone un via crucis de reformas y promulgaciones que no parecen muy viables en la agitada España contemporánea.

Hay otra más prometedora consistente en convertir el asunto en conflicto político para entrar en las subastas que se realizan en la política nacional. Más que las sediciones del independentismo, el cupo del PNV o la sangre ajena que pone Bildu como credencial, se trataría de emular a Teruel Existe, entrar en el casino con algún diputado y pedir, a cambio del voto en los presupuestos o en una ley cualquiera, la incorporación plena a Galicia de este pueblo berciano, y en un futuro, tal vez, un concierto económico.

Una tercera vía es la literaria. Se inspira en dos ficciones de un gallego y un portugués que fabulan con territorios errantes que levitan o navegan a gusto de sus pobladores. Torrente Ballester lo hace en La saga/fuga de J.B. con Castroforte de Baralla, que se eleva como una nave y anda a su aire por la estratosfera sin ninguna dependencia de engorrosos límites administrativos. Podría ser una solución para el caso que nos preocupa. La de Saramago es más problemática ya que su Jangada de pedra navega por el mar tras romper amarras con el continente, y Fontedoliva no está cerca de la costa.

Después habría anexos legales que, con la buena voluntad de la coalición que comanda Pedro Sánchez, sería posible arbitrar. Así, por ejemplo, no parece razonable que se pueda cambiar de género como de camisa —según la ley de la ministra Irene Montero—, y en cambio sea tan complicado el cambio de comunidad autónoma que solo requiere mover un poco los marcos. O sea, que no es un Anschluss con el que la Xunta busca su espacio vital, sino algo que se hace todos los días en las concentraciones parcelarias previo acuerdo de las partes.

En todo caso, suceda lo que suceda, es emocionante que esos gallegos irredentos que suman casi 300 como los espartanos, nos quieran tanto. Tan emotivo es su gesto como el del Gobierno portugués que da prioridad al AVE con Galicia sobre el de Madrid, a pesar de la terca presión española. Hay una pulsión por recuperar Gallaecia y una pregunta que queda en el aire tras esa cumbre hispano-lusa que trató sobre la alta velocidad. ¿Fue Madrid o Lisboa quien representó a la comunidad gallega en ese debate ferroviario?

Volviendo a los hermanos separados de Fontedoliva, no son solo motivos sentimentales, culturales, lingüísticos los que los mueven, que también, sino los mejores servicios que hay al otro lado de la frontera artificial. Ven en Galicia un pequeño oasis en medio de una España que se va pareciendo más a la Primera República que a la Segunda. Os esperamos.

Carballo defiende al eucalipto

Hay un asomo de solidaridad arbórea en el hecho de que Carballo defienda al eucalipto. Mario Carballo, gerente de una maderera, salía hace unos días en defensa de la denostada especie estableciendo una distinción esencial entre árbol invasor y foráneo. No todos los foráneos son invasores, e incluso uno que no forma parte de la aristocracia vegetal que llamamos fraga, el pino, inspira el himno gallego con sus queixumes.

Lo asegura Carballo y lo sentencia el Tribunal Superior de Justicia de Madrid, que absuelve al pobre eucalipto de las acusaciones que se le hacían. ¿Le tomarían declaración? ¿Se personó con abogado y procurador? ¿Testificaron en su favor el salgueiro o el bidueiro? La acusación corría a cargo de un concello de las mareas que no tenía otra cosa en la que entretenerse. Al parecer el eucalipto guardó silencio en toda la vista, conocedor de su inocencia, y solo se manifestó mediante un leve arume arpado. Seguro que al conocerse la sentencia hubo fiesta en el Bosque Animado. Hasta el Carballo lo festeja.

La Lomloe y los reyes godos

Telemática o telepática, la escuela del futuro quizá siga reservando un espacio para la memoria y, en ese caso, recitar las leyes de educación será un magnífico ejercicio. De momento, Loece, Lode, Logse, Lopeg, Loce, Loe, Lomce y Lomloe. Ciertamente la lista de reyes godos, de Ataulfo a Rodrigo, era más numerosa, si bien aquella monarquía duró tres siglos, y las ocho normativas educativas transcurren durante los años de democracia.

La relación legal superará a la de aquellos monarcas que casi siempre morían por causas poco naturales, igual que les sucede a las leyes en cuestión. Del regicidio al legicidio. En esta ocasión el móvil es contentar a los acreedores del Gobierno que pasan el recibo, en forma de castigo a la enseñanza concertada o penitencia al castellano que pasa de vehículo a adminículo. Solo hay que admirar al encargado de bautizar cada nueva criatura legal. En la selectividad de dentro de unas décadas, todos temerán que caigan las leyes de educación. Antes los godos, que serán menos.

Conoce toda nuestra oferta de newsletters

Hemos creado para ti una selección de contenidos para que los recibas cómodamente en tu correo electrónico. Descubre nuestro nuevo servicio.

Votación
6 votos
Comentarios

El retorno de Gallaecia