Un año de la llegada del narcosubmarino: el piloto gallego ya había hecho al menos otro viaje idéntico

Según la reconstrucción del caso, recurrieron a él por su experiencia tras negarse otro piloto, también español estando ya en la selva con todo listo para zarpar

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Viaje al interior del narcosubmarino que cruzó el Atlántico El interior era muy reducido y angosto. Los gases del motor se filtraban a la cabina

Vigo / la voz

Un año después del hallazgo del narcosubmarino junto a las costas gallegas, siguen aflorando novedades. De entrada, sobre el piloto de aquella extraña nave. Agustín Álvarez voló el 22 de julio del 2019 a la República Dominicana. Embarcó en el Aeropuerto de Madrid-Barajas Adolfo Suárez, ignorando que todo cambiaría en pocos meses. El objetivo era ocio y diversión, de la mano de un amigo de siempre de Vigo que trabajaba en un resort.

Pero la reputación de este gallego en el parqué del narcotráfico transoceánico ya le precedía a sus 29 años. Regresó a Madrid y al poco tiempo, ya en octubre, entre el 20 y el 24, recibió la oferta que truncó su vida. Lo requerían para capitanear un semisumergible ya construido que zarparía de la desembocadura del río Amazonas para llegar a unas 125 millas del sur de la Península. Allí, aseguró la parte contratante, saldrían dos planeadoras para recogerlo a él, a la tripulación, los 3.050 kilos de cocaína y hundir el artefacto para siempre.

Agustín aceptó y voló a Brasil. Según la investigación, se constata su entrada en ese país el 25 de octubre. Se desplazó de urgencia a algún punto del Amazonas próximo a la desembocadura. Concretamente a unas 12 horas de navegación río adentro desde la ciudad portuaria de Macapá. Allí se ubicaba el astillero clandestino, protegido por grupos armados y la mano de obra que fabricó este semisumergible de 21,47 metros de eslora, bautizado Che. Agustín descubrió, ya entre humedad y mosquitos, que su elección para ejercer de timonel era el plan B. El A se abortó porque el primer piloto contratado, también español, se echó atrás en el último momento. No lo vio claro por algún motivo, tal vez por contratiempos al entrar en Brasil.

Los contratiempos

«Tuvo algún tipo de problema documental, lo pararon en la frontera y ya en la selva no le terminó de convencer cómo estaba construido el artefacto o no llegó a un acuerdo», explican fuentes del Equipo contra el Crimen Organizado (ECO) en Galicia de la Guardia Civil, instructor de las diligencias en colaboración con la Unidad de Drogas y Crimen Organizado (UDYCO) de la Policía Nacional en Pontevedra, el Servicio de Vigilancia Aduanera de la Agencia Tributaria y el Grupo de Respuesta Especial para el Crimen Organizado (GRECO) en Galicia. Se concluye igualmente, tras doce meses de avances en España y en colaboración con las autoridades de Colombia, que la contratación de Agustín se propicia por su experiencia: «Seguramente tenga más de un viaje. Se contrastó a lo largo de la investigación, y esta opción queda bastante clara. No era su primer viaje y por ese motivo se contacta con él», añade el ECO Galicia de la Guardia Civil.

Los ecuatorianos Luis Tomás Benítez Manzaba y Pedro Roberto Delgado Manzaba fueron los dos tripulantes contratados desde el principio. Primos, de familia humilde y habituales en las zonas portuarias de su región nata. También les consta viajes en avión para regresar da la costa de México a su país, pero sin trayecto de ida. Los primos Manzaba aceptaron el encargo y volaron hasta Manaos, en el corazón de Sudamérica y en el cogollo del Amazonas. Aterrizaron el 13 de septiembre, según consta en el registro aeroportuario, y se desplazaron de urgencia al mismo astillero clandestino en la selva. La operativa prevista fijaba la salida de Che en un plazo máximo de tres días. Pero la repentina falta de entendimiento entre el primer piloto y los proveedores desbarató todo.

Mes de espera

De ahí que —según la reconstrucción del caso— el encargo aceptado por Agustín ya naciese condicionado por las prisas. Los 3.050 kilos de cocaína llevaban un mes durmiendo el sueño de los justos en la selva y los nervios se crispaban a medida que pasaban los días. Lo que vino después, tras zarpar entre el 28 de octubre, fue celebrar el 30 cumpleaños de Agustín en alta mar. Concretamente el 1 de noviembre.

Los primeros días de travesía fueron plácidos, hasta que las aguas y las rachas de viento zozobraban peligrosamente. Ya superadas las Azores, los planes empezaron a truncarse al no salir nadie a recoger al patrón, su tripulación y la droga, tasada en 100 millones de euros. Galicia, en ese momento, se convirtió en la última opción.

El gran operativo desplegado ya frente a las Rías Baixas —por el Servicio Marítimo de la Guardia Civil y Vigilancia Aduanera de la Agencia Tributaria— arrinconó al semisumergible en la ría de Aldán, que Agustín conoce bien. A unos 30 metros de la playa de O Foxo, en Punta Couso (Hío, Cangas). Ahí, a 30 metros del litoral, se hundió el primer narcosubmarino cargado de cocaína interceptado en el Viejo Continente tras cruzar el Atlántico. Lo nunca visto en Europa y un golpe de realidad que evidencia el verdadero poder soterrado del narco global y su devoción por las costas galaicas. Era la madrugada del 24 de noviembre y los dos ecuatorianos cayeron al pisar tierra. Pero de milagro, apenas saben nadar y casi mueren en el intento. Ya el 29, agazapado en una casa a pocos kilómetros, sediento y hambriento, se localizó y arrestó a Agustín.

Cuatro implicados más

En días sucesivos fueron los investigados en tierra, todos de Vigo, por su presunta colaboración en esta descarga a la desesperada de 100 millones de euros en perico. Iago Serantes y Yago Rego serían los principales colaboradores de Agustín en la Península; a Enrique Carlos Serantes, padre de Iago; y Rodrigo Hermida, ya se les ubica en un peldaño inferior, pero igual de implicados, según la reconstrucción policial del ECO Galicia. Los cuatro fueron saliendo de prisión en el últimos meses. Iago Serantes, el último, tras abonar una fianza de 23.000 euros impuesta por el Juzgado de Instrucción número 1 de Cangas, que lleva el asunto. La jueza entendió que no había riesgo de fuga, aunque deja claro que Iago «era el hombre de atrás, un organizador, muchísimo más que un encubridor».

Los primos Manzaba siguen en prisión, aun apelando a problemas de salud de familiares muy próximos en Ecuador. Su valor procesal es considerable al tratarse de las únicas personas designadas por la organización proveedora —de Colombia— para vigilar el semisumergible y que la mercancía llegaba a buen puerto.

En el caso de Agustín Álvarez, ese valor procesal se dispara. Conoció a los proveedores colombianos y trabajaría para la organización en España que descargaba la droga o la recibía. Él, por ahora, se muestra tranquilo. Son numerosos los amigos que lo visitan en A Lama, y ha retomado los estudios para aprobar el segundo examen de aviación comercial. A ojos de sus próximos, ese oficio sería algún día su medio de vida estable.

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