«Recordaré el resto de mi vida el día que pude volver a dormir bajo techo»

A sus 51 años, Miguel rehace su futuro en un piso habilitado por Cáritas en Ourense. Esta es la historia de una superación


Ourense

Cada día, a las 8.30 horas, Miguel inicia su jornada laboral en una empresa del sector maderero situada a las afueras de la ciudad de Ourense. A sus 51 años, se veía alejado de todo. De la vida que anheló llevar, y también de un trabajo. «Ahora cogen a chavales», dice. Pero hace un mes, encontró su oportunidad, algo de luz en el camino para quien ya había creído perderlo.

Miguel lleva en el llamado Centro de Transición a la Vida Autónoma de Cáritas en la ciudad de As Burgas desde finales del año pasado, cuando abandonó la calle, a la que llegó tras una mala experiencia personal en su entorno próximo. No fue sencillo olvidarla, como tampoco dar portazo a las adicciones. «Un compañero y yo veníamos al comedor social a desayunar, comer y ducharnos. Pero sigues viviendo con estrés y miedos, porque en la calle hay personas difíciles. Cuando nos dijeron que había la posibilidad de entrar en el piso no nos lo creíamos», cuenta.

Cáritas ha habilitado el inmueble para que puedan convivir en su interior hasta diez personas a la vez. Desde que se puso en marcha, en el año 2017, por allí han pasado 43, y 36 de ellas han conseguido un empleo. A ojos de quien ya lo tiene, podría parecer algo normal, pero para quien se ha visto perdido para siempre es una gran victoria. «Recordaré toda mi vida el día que volví a dormir bajo un techo, porque la calle era lo único que me quedaba», dice Miguel. «Desde Cáritas Diocesana de Ourense se observa, desde hace años, una necesidad de atención a personas que están sin hogar ofreciéndoles un lugar de residencia con un acompañamiento especializado», dicen en la organización.

En este tipo de programas se trabaja con ellos «a todos los niveles: físico, emocional, formativo, también de ocio». Este acompañamiento es fundamental para que puedan superar la situación en la que se encuentran o estuviesen previamente. Y en el año 2019, el programa AZO (fuerza de voluntad por hacer algo) se creó precisamente para realizar ese acompañamiento personalizado, señalan desde Cáritas.

En el piso, los técnicos se han esmerado para que los inquilinos hagan tabla rasa con su vida pasada, y les ayudan a encontrar las herramientas para buscar un trabajo. Miguel reconoce que le costó hacer amistad con el ordenador y navegar por los portales de empleo. Laura Fernández, una de las trabajadoras de Cáritas, sonríe al tratar el tema, porque hubo que insistir y persistir en ello. Poco a poco, Miguel se fue poniendo al día, pero él bromea con que, al final, lo que le sirvió fue ir de puerta en puerta. «Me pasé por el polígono y así lo conseguí», dice riendo.

«Te ves trabajando, moviéndote. No hay un corte de cuajo con tu pasado, y tienes que ir haciendo una transición hasta que te puedes valer por ti mismo»

Ahora, su día a día tiene algo de régimen espartano. Se levanta para ir a trabajar, se tira casi hasta el final de la tarde en su puesto y regresa al piso para descansar y jugar con el móvil. «Si tienes trabajo te olvidas de otras cosas», dice. A la calle hay quien ha llegado por malas decisiones, falta de ayuda o la suma de ambas. Miguel, que ahora duerme dentro de una cama, escribe una especie de diario de a bordo sobre sus experiencias. «Puedo escribir dos páginas cada día. Es algo que me gusta, muy personal, y así no le das vueltas a lo que te pueda pasar por la cabeza», dice. Es su particular desahogo tras años de ver los renglones de su vida torcidos.

En el piso también han encontrado un espacio para salir de un círculo cerrado. Han realizado algunas escapadas a la playa y también han descubierto parte de la geografía gallega que no vieron ante. Desde la Ribeira Sacra hasta Ferrol, Miguel conoce ahora nuevos horizontes. «Es una sensación totalmente diferente. Ves sitios que no conocías y yo me siento renovado. Te ves trabajando, moviéndote. No hay un corte de cuajo con tu pasado, y tienes que ir haciendo una transición hasta que te puedes valer por ti mismo, pero se agradece mucho», explica.

Si estar a la intemperie le quitó sus ilusiones, el piso de Cáritas se las ha devuelto. Miguel sabe que todavía no es el momento de volar solo, y prefiere ir paso a paso antes de que el Centro de Transición a la Vida Autónoma quede detrás. Sin embargo, cuenta que en un futuro le gustaría tener su espacio propio, quizá alquilando. «Un pisito y una moto. Pero de competición, que a mí me gustaría salir de ruta», matiza.

El ídolo de Miguel, a quien se le iluminan los ojos al hablar de él, es el eterno Valentino Rossi. «Es un grande. Mira todo lo que ha conseguido y lo que sigue haciendo con la edad que tiene», exclama al hablar de su palmarés y la trayectoria del transalpino. Y él promete que, la próxima vez que se deje ver, dentro de un tiempo, lo hará a lomos de una moto y con el traje de Il Dottore.

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