Las desatendidas peticiones de los presos de A Lama: desde discos compactos hasta tarjetas telefónicas para cambiar por relaciones sexuales

La prisión de A Lama limita la adquisición de estos productos a los presos

Interior del centro penitenciario de A Lama
Interior del centro penitenciario de A Lama

pontevedra / la voz

A comienzos de la semana pasada trascendía que la prisión de A Lama había bloqueado los accesos al teletexto en las televisiones de los reclusos después de haber constatado que «los mensajes [en esa plataforma] eran utilizados para comunicarse los internos con personas del exterior a través de páginas abiertas de citas, contactos, anuncios...». A la vista de esta situación la Audiencia Nacional confirmaba esta medida aduciendo motivos de seguridad, un argumento que, curiosamente, también emplea este tribunal para confirmar otras restricciones que afectan a la vida de los reclusos en prisión.

Este mismo tribunal desestimó recientemente la queja de otros interno que reclamaba poder saltarse la norma impuesta en A Lama de «limitar la compra de tarjetas telefónicas a una al día o cinco a la semana». Reclamaba «su derecho a adquirir tarjetas telefónicas de 5 euros, cada una con su peculio, alegando (...) que tan solo recibe visitas de sus familiares en una o dos ocasiones al año», así como que tiene que comunicarse «con sus abogados y procuradores», de tal modo que una tarjeta solo le permite dos llamadas.

Y de nuevo, la directora del penal tuvo que explicar que la limitación en la compra de estas tarjetas tiene como objetivo que no se conviertan en «medio de pago entre internos de deudas por préstamos internos o procedentes del exterior, de compras de droga o psicotrópicos, de coacciones, de alquileres de aparatos de televisión e, incluso, de relaciones sexuales».

En su informe, recoge que son cuestiones que se han «detectado a través de cacheos y registros de un elevado número de tarjetas telefónicas cuya tenencia no se puede acreditar por compras y se justi?ca como regalos de otros». Añadió que «no se limita el número de llamadas, partiendo de que cada interno puede efectuar entre 8 y 10 llamadas semanales a los números autorizados».

Sin discos compactos

De igual modo, un preso en régimen de aislamiento acudió a la Justicia para reclamar que le permitiesen adquirir discos compactos. Otros compañeros de módulo sí pueden disfrutar de los mismos, por lo que consideraba la medida arbitraria e injusti?cada.

Sin embargo, y a requerimiento de la Audiencia Nacional, la directora del centro de A Lama confirmó que no se autoriza la tenencia de este tipo de soportes a los internos con régimen cerrado «por las características del material con el que están construidos». Y es que al ser de plástico rígido o semirrígido «son fácilmente convertibles en armas artesanales, cortantes o punzantes, indetectables para los sistemas electrónicos de control», como arcos o raquetas detectoras de metales.

Esto se suma a las propias «características de los internos que alberga el módulo», por lo que el riesgo para la seguridad se considera «muy elevado, tanto para otros internos como para el personal penitenciario».

Es por ello que la Audiencia Nacional consideró que «no son estas razones arbitrarias o discriminatorios, pues tienen una justi?cación plenamente lógica y razonable y fundamentan la decisión de la autoridad legítima para adoptarla». Los magistrados recuerdan que, de igual modo, está recogido que tampoco «se autorizaran pendrives o cualquier otro soporte que pueda ser utilizado para introducir o extraer información de los ordenadores».

Diez llamadas semanales a teléfonos previamente verificados

El control de las comunicaciones en un centro penitenciario como el de A Lama es crucial, si bien las fuentes consultadas dejaron claro que no es cierto ese tópico de que se escuchan o graban las conversaciones telefónicas. «Es falso. Solo es posible si un juez lo autoriza con un auto y tiene que ser una decisión motivada».

Eso sí, el control existe y, precisamente, en aras de ese control fue por lo que se le requisó un televisor a uno de los internos y se le bloqueó el teletexto.

De este modo, en la prisión pontevedresa, y al margen de las salidas autorizadas por permisos, tres son los medios con los que disponen los internos para mantener contacto con el exterior. Por un lado, las visitas presenciales, que pueden ser en un vis a vis o a través de un locutorio, y, por otro, las llamadas telefónicas, que pueden llegar a diez semanales y a números verificados de una lista que, previamente, entrega cada interno.

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