El chapucero alijo de cocaína que acabó con un polizón en el banquillo

Se enfrenta a diez años de cárcel junto a un lanchero y un transportista

El polizón en el juicio celebrado en Pontevedra este miércoles
El polizón en el juicio celebrado en Pontevedra este miércoles

Pontevedra / La Voz

Acostumbrados a lidiar con organizaciones que utilizan las más avanzadas tecnologías para tratar de ocultar sus investigaciones, a buen seguro que fue toda una sorpresa la comunicación que la Guardia Civil recibió a principios de mayo del 2017. El capitán del Cap Beatrice, un mercante que había partido días antes del puerto colombiano de Cartagena de Indias con destino a Marín, tenía retenido a bordo a un polizón que transportaba algo más de 52 kilos de cocaína.

Con la colaboración de la Udyco de la Policía Nacional y el Servicio de Vigilancia Aduanera, los investigadores lograron establecer el plan previsto para introducir la droga. Y no salieron de su asombro. El polizón, Harbey C. P., disponía de un GPS con unas coordenadas marcadas y que coincidían con la entrada en la ría de Pontevedra, punto en el que tenía que arrojar la droga por la borda y, asimismo, saltar al agua, donde serían recogidos por otro de los acusados, Rubén P. R., de Sanxenxo, a los mandos de una embarcación.

Lo que este último desconocía es que el colombiano permanecía retenido, por lo que la persona con la que estableció comunicación la noche en la que se produjo su detención era, en realidad, un guardia civil que actuaba de forma encubierta. De este modo, los investigadores pudieron orquestar la entrega controlada de unos bultos que simulaban ser la partida de droga en el momento en el que presunto lanchero comunicó «negro, lánzate tú también al mar, que te recojo».

Ambos se sientan estos días en el banquillo de la Audiencia de Pontevedra acusados de un delito contra la salud pública en el seno de una organización criminal. Les acompaña un tercer encausado, un transportista de Valga, L. C. C., de quien la Fiscalía afirma que «mantuvo de modo sostenido en el tiempo conversaciones, a través de la aplicación de mensajería de Black Berry, identificándose con el usuario Cristóbal, gestionando junto con otros investigados, cuya identidad no ha podido determinarse de modo definitivo en todos los casos, la introducción de nuevas partidas de sustancias estupefacientes en territorio nacional».

Mientras los dos primeros reconocieron los hechos que se le imputaban, pero rechazaron de plano las penas solicitadas por la acusación -diez años de cárcel y el pago de dos multas de cerca de dos millones de euros cada una de ellas en el caso del polizón, y trece años y diez millones de euros en multa en el supuesto del lanchero y el transportista-, este último negó los cargos.

En este sentido, Harbey C. P. relató que fue abordado en su país de origen por un individuo: «Si quieres ganarte un dinero extra yo puedo contactarte con una gente», relató al tribunal. Nada más aceptar, le entregaron un dispositivo GPS, un móvil y la droga, al tiempo que le indicaron que «cuando estuviese cerca de la orilla ellos me recogerían».

En este punto, Rubén P. R. precisó que, si aceptó participar en este tinglado, fue porque la persona que le contactó se comprometió a pagarle las deudas que tenía, pero dejó claro que «yo no sabía lo que tenía que recoger». Y por eso estuvo «dando vueltas como un gallo sin cabeza por la ría», añadió al respecto. El juicio previsiblemente finalizará mañana.

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