Amancio Prada: «Labro la tierra con las manos»

Sara Pérez LA VOZ

GALICIA

Corta leña, poda árboles o limpia caminos. El cantautor berciano ha cedido parte de su tiempo en los escenarios a las labores más cotidianas que ahora ocupan sus mañanas en su casa en el campo

29 oct 2020 . Actualizado a las 05:00 h.

Cada mañana, Amancio Prada (Dehesas, León, 1949) labra la tierra con las manos. Limpia caminos, poda árboles, corta leña o arregla un grifo. Por la tarde dedica unas cuantas horas a eso que no ha podido dejar de hacer desde que así lo recuerda: cantar. «He soñado con ello desde que era niño. Cantar ha sido incesante, pero viviendo en un pueblecito na beira do Sil parecía un horizonte tan lejano...», recuerda. Lo aprendió de su padre, al que escuchaba mientras labraba la tierra con un arado romano.

Ahora, Amancio Prada ha cedido parte de su tiempo encima de los escenarios a las tareas más cotidianas que le exige el entorno rural próximo en el que vive. «Una casa en el campo da muchas ocupaciones. Cosas que tienes que resolver con las manos, labro la tierra con ellas», dice. Y en la medida en que puede, procura resolverlas él mismo. Pero no ha dejado de cantar ni de componer. Ni mucho menos ha prescindido de las actuaciones. El pasado jueves eclipsó de nuevo con sus versos en el teatro principal de Zamora. Allí interpretó libremente, con un guion que en cualquier momento podría haber dejado de serlo: «Canto libremente justamente para librarme de los monográficos y poder cantar lo que me dé la gana». Y en esa libertad también se encuentra la de la elaboración de canciones. «No me gusta componer por encargo. Me gusta hacérmelos a mí mismo», explica el cantautor.

A principios de año recibió el Premio da Cultura Galega, un nuevo reconocimiento a su carrera. De eso, Prada confiesa que todo lo que le llega desde Galicia le hace especial ilusión. «Llevo a Galicia en mi corazón. Esas caricias [las canciones], uno no las hace por los premios, pero da gusto recibirlos», agrega. Y justamente fue en territorio gallego, en la catedral de Santiago, donde hizo realidad el concierto con el que había soñado desde la primera vez que atravesó el pórtico de la Gloria. «El arte es largo y hay que saber esperar, andando paseniño vamos llegando. No hay prisa», dice.