El frío no nos enferma, pero puede hacernos más propensos a enfermar

Un pediatra explica cómo estar expuestos a bajas temperaturas puede influir en la salud de los estudiantes

Aula con ventanas abiertas en el IES Vilar Ponte de Viveiro a primeros de octubre, durante el paso del temporal Álex
Aula con ventanas abiertas en el IES Vilar Ponte de Viveiro a primeros de octubre, durante el paso del temporal Álex

redacción / la voz

«No cogerán covid, pero cogerán una pulmonía». La frase se repite estos días entre los padres más temerosos a las ventanas abiertas de par en par en las aulas. Pero, ¿el frío nos enferma? «Por mucho que hablemos de estar resfriados, el frío no provoca una gripe ni un catarro, eso lo provocan los virus, que son agentes infecciosos», dice Ramiro Blanco, jefe de pediatría del Hospital Quironsalud de A Coruña.

Pero si bien el frío no provoca por sí mismo la enfermedad, sí tiene influencia, porque la disminución de la temperatura ambiental y de las condiciones de humedad favorece que las mucosas se resequen y sean más fácilmente infectables. «Los rinovirus que normalmente provocan los catarros están en el ambiente esperando a encontrar un huésped. Y son más fácilmente atacables las mucosas secas y frías que una mucosa húmeda, calentita y con una temperatura adecuada», explica el doctor. Y añade otro posible efecto del frío: «Que la temperatura corporal baje hace que el sistema inmunológico se ralentice, por lo que sería menos eficiente a la hora de combatir un virus», indica.

¿Es malo entonces estar en clase con las ventanas abiertas? Blanco insiste en que favorecer la ventilación de las aulas es positivo, al disminuir el riesgo de contraer un infección que esté latente en el aire estancado, y señala que un poco de fresco no es problema para un niño sano. Con todo, apunta que no parece lógico tener a un niño quieto durante horas al lado de una ventana abierta. «El virus no va a entrar por la ventana, ahí no se va a contagiar, pero su nivel de confort será mínimo», señala. Y reconoce que, si la temperatura del aula baja en exceso, se puede favorecer que el sistema inmunológico funcione peor, haciendo al individuo más vulnerable ante el ataque de un virus.

En definitiva, el frío no causa por sí mismo ninguna enfermedad, pero puede hacernos más propensos a sufrirla. Así que las advertencias de las abuelas sobre no coger frío no están exentas de lógica: «Las abuelas en eso sí que tenían razón, si nos coge el frío nos podemos acatarrar más fácilmente», comenta Blanco.

Contra el fresco en el aula, al instituto se va con la bata o la manta a cuestas

pablo varela
Cuatro de los alumnos del IES O Ribeiro, en el concello ourensano de Ribadavia, portan sus mantas para acudir a clase
Cuatro de los alumnos del IES O Ribeiro, en el concello ourensano de Ribadavia, portan sus mantas para acudir a clase

En Ribadavia, los alumnos tiran de imaginación si hay corriente en las aulas

De inicio, la imagen podría parecer la del campamento improvisado de unos jóvenes a la espera de sacar entradas para un festival. Pero no, es la puerta de un instituto. En el IES O Ribeiro, de Ribadavia (Ourense), la bajada de temperaturas que se registró en estos últimos días ha dejado estampas tan peculiares como la de un grupo de alumnos que optaron por combatir el fresco en las aulas con mantas que llevaron desde sus casas.

Fue el caso de Anxela, de 13 años. Su madre, Lola, cuenta que fue a causa de una recomendación del profesorado del centro educativo. «Non é por reivindicar nada nin se trata de ningunha queixa. Aínda que non estamos en datas nas que haxa moitísimo frío, coas portas e as ventás constantemente abertas nas aulas para ventilar si hai corrente, e seguramente se nota. Así que, polo que contaron os nenos ao chegar á casa, algúns mestres dixéronlles que podían levar unha mantiña se con iso están máis a gusto», cuenta. Y es que, pese a que lo más crudo del otoño aún no ha llegado, conjugar el frío con la ventilación para limitar la incidencia del covid-19 parece un binomio complicado de equilibrar. Mientras, a falta de calefacción y con la obligación de que aquellas aulas que dan al exterior se aireen al menos cada diez minutos, el antídoto llega de casa: además de las chaquetas hay quien se ha enfundado más de una camiseta térmica.

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