Chile revive la huida de un exsocio del cartel de Medellín que traficó en Galicia

Cuesta huyó en 1995 para aliarse con el histórico narco José Luis Orbaiz Quintáns

Orbaiz Quintáns y Cuesta Pérez
Orbaiz Quintáns y Cuesta Pérez
MAURICIO silva
VIGO / CHILE / LA VOZ

La Gendarmería de Chile, equivalente en España a Instituciones Penitenciarias, concedió en 1995 permisos al colombiano Luis Fernando Cuesta Pérez y a un compañero de organización. Aquello provocó un seísmo aún hoy recordado en el país andino. Destapó que el resto de procesados tampoco cumplían sus condenas, de diez años por barba. Todo arrancó, en 1990, con sus detenciones por transportar 500 kilos de cocaína colombiana en un contenedor con doble fondo que zarparía de Chile para atracar en los EE.UU. Media tonelada que supuso la mayor aprehensión de esta droga en el país hasta ese momento.

Trascendió que Cuesta y los otros acusados eran socios del cartel de Medellín, aún con mucha vida por delante. El rechazo social explotó al trascender las facilidades otorgadas por la institución penitenciaria. Cuesta aprovechó una salida para desaparecer. Incluso el director de la cárcel, en Arica, cerca de la frontera con Bolivia y Perú, acabó condenado por connivencia con presos. Lo único seguro es que nunca más se supo de la banda hasta que, recientemente, surgió otro escándalo en Chile. También por conceder libertades aparentemente sospechosas que, en todos los casos, llevan la firma de la magistrada Silvana Donoso.

Una investigación del periódico chileno El Mercurio, en colaboración con La Voz de Galicia en su parte española, permite ubicar por primera vez en 25 años a uno de aquellos presos. Se trata de Luis Fernando Cuesta, que se instaló en España, sin cambiar de nombre ni de apellidos, haciéndose pasar por un dentista en trámites para obtener la nacionalidad española. Y todo ello sin que saltara ninguna alerta internacional. La realidad ubica a Cuesta Pérez, ya en el 2008, moviéndose con soltura por Galicia de la mano de un clásico del negocio en las Rías Baixas: José Luis Orbaiz Quintáns, hijo de José Luis Orbaiz Picos, un ex guardia civil ya fallecido que cambió el tricornio por la coca a la velocidad de la luz. Se le considera uno de los pioneros del narcotráfico patrio y desde 1996 trabajó estrechamente con su hijo, entonces de 21 años.

275 kilos por Marín

La Fiscalía detalló que tanto la naviera, como el puerto del que zarpó el contenedor con 275 kilos de polvo blanco, se ubicaron en Chile. Lo único seguro es que algo salió mal y Cuesta, Orbaiz Quintáns y más colombianos acabaron juzgados en la Audiencia Provincial de Pontevedra. El contenedor cayó en el puerto de Marín con el porte intacto. Luis Uriarte, entonces responsable de la Fiscalía Antidroga de Pontevedra y hoy en el Tribunal Supremo, al examinar recientemente la foto tomada a Cuesta en 1990 en Chile, y pese a los años transcurridos, no duda: es la misma persona a la que sentó, ya en el 2013, en el banquillo de los acusados. En su escrito de calificación le otorgaba el poder necesario para organizar de tú a tú envíos a Galicia con los proveedores en Sudamérica.

Uriarte, por entonces, ignoraba todo el escándalo protagonizado por Cuesta 25 años atrás en Chile. El fiscal, ahora, añade otro antecedente a tener en cuenta sobre el misterioso dentista: «En el momento en el que inicio mi investigación (2008) no existía ninguna alerta de Interpol o semejante. Tampoco en España constaba ninguna solicitud internacional de Chile pidiendo detención, extradición o información de ningún tipo sobre esta persona. Desconozco si no existió nunca o si, existiendo, ya se había cancelado».

De acusado a arrepentido

Cuesta Pérez y Orbaiz Quintáns compartieron el banquillo de acusados en junio del 2013. El colombiano no lo dudó, declaró contra el resto de procesados para intentar esquivar la cárcel o, al menos, rebajar la pena solicitada. Al que más incriminó, precisamente, fue a su exsocio gallego. Le atribuyó el rol exacto de receptor de los 275 kilos de coca. Precisó también que las rutas de los mercantes se controlaban por Internet y que Orbaiz Quintáns le garantizó que la droga saldría sin contratiempos del puerto de Marín. Su declaración fue clave para rebajar de nueve a cinco años su condena.

El resto de penas, ya confirmadas por el Tribunal Supremo, iban de los siete años y medio entre rejas a los cinco. Cuesta Pérez acató, ingresó y cumplió. Nada que ver con Orbaiz, que vivía en el centro de Vigo y se fugó durante año y medio. Se le ubicó en Portugal y no se supo nada de él hasta el 2016, que se entregó para cumplir la sentencia. Hoy, en tercer grado y con pulsera telemática, la finaliza en el Centro de Inserción Social (CIS) de Vigo. Del que no se volvió a saber nada, aunque en Chile lo recuerdan aún, es de Cuesta. Tal vez, finalmente, decidió ejercer la odontología en España o, tal vez, buscó mejor suerte en otros puertos.

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