El desahucio definitivo de En Marea en el Parlamento

La Cámara gallega derriba el muro de pladur que separaba las dos escisiones del rupturismo para acomodar al BNG

Cartel retirado en la sala que ocupará el BNG en el Parlamento
Cartel retirado en la sala que ocupará el BNG en el Parlamento

santiago / la voz

Unos papeles dispersos y un cartel abandonado en una sala con la leyenda Grupo Común da Esquerda, impresa sobre fondo azul cobalto y verde agua, son los únicos vestigios físicos que quedan en el Parlamento gallego de la existencia de las mareas. Las trazas restantes hay que buscarlas en el diario de sesiones. El panel de cartón pluma y los folios tienen muchos boletos para acabar en la basura, aunque la sala donde están apilados, así como las dependencias contiguas, van a regresar a manos del BNG, después de que fuera desahuciado de las mismas cuando los nacionalistas vivían sus horas más bajas.

En Marea pasó de provocar el desalojo del BNG en el 2016 a ser ahora el desalojado, aunque de una forma más simbólica, pues en realidad fueron los electores gallegos quienes le cortaron el paso al Parlamento en las pasadas autonómicas.

Operarios en la sala del Parlamento donde se ubicaban los grupos Común da Esquerda y En Marea
Operarios en la sala del Parlamento donde se ubicaban los grupos Común da Esquerda y En Marea

Cada movimiento o cambio de ubicación producido en la conformación de los grupos parlamentarios genera cierta fatiga en la jefatura del Parlamento, pues es quien tiene que sufragar los gastos derivados del acondicionamiento de las instalaciones. Y desde el 2012 a esta parte, no han sido pocos.

Con el debut parlamentario de Alternativa Galega de Esquerda (AGE), con sus nueve diputados, hubo que acondicionar un amplio espacio en la planta 0 y tras la escisión protagonizada por Carmen Iglesias, la autoproclamada «roja de siempre», a la que después se sumaron otras dos diputadas más de Cerna, se reformó una sala más para reubicarlas debajo de la escalinata principal de la Casona de O Hórreo.

Doblarle el pulso al Bloque

Las cosas sufrieron una vuelta de tuerca más tras las autonómicas del 2016. La candidatura heredera de AGE, En Marea, se convirtió en el principal partido de la oposición, con catorce diputados, así que su portavoz, Luís Villares, insistió en hacer visible esa posición jerárquica para dejar claro que el rupturismo le había doblado el pulso a los nacionalistas de Bloque, que había caído hasta los seis escaños.

El BNG se convirtió entonces en la víctima propicia de En Marea y fue obligado a preparar las cajas de embalaje para abandonar las dependencias que llevaba ocupando desde hacía un cuarto de siglo. Todavía hoy en el Bloque suelen recordar el mal trago que sufrieron con aquel desahucio, algo que solo es compensado por la perspectiva de volver a ocupar sus antiguas oficinas dentro de un plazo estimado de quince días.

Por lo de pronto, los operarios contratados por el Parlamento se afanan en remodelar las instalaciones, en eliminar los vestigios de las mareas y derribaron ya la pared de pladur creada para dividir al Grupo Común da Esquerda y a En Marea tras el cisma del 2019. Esto le permitirá al BNG volver por sus fueros, y más fortalecido que nunca, tras triplicar su peso en la Cámara.

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