La Xunta consagra las citas previas y el teletrabajo, que evitó el colapso público

Los sindicatos dicen que la experiencia en el confinamiento fue un «éxito»


Santiago / La Voz

El Gobierno gallego lo atribuye a su eficacia organizativa, y los sindicatos a la diligencia de los empleados públicos, y puede que ambas partes tengan razón. Unos y otros coinciden por una vez en que la Xunta trabajó razonablemente bien durante el confinamiento y la desescalada, y que la situación administrativa desde el verano es tan buena o mejor que antes de la crisis sanitaria. También convienen que el ciudadano, salvo excepciones, no notó las circunstancias especiales en cuanto a la gestión de trámites, percepción de prestaciones o el cobro de facturas. Si algo no funcionó correctamente fue porque tampoco lo hacía antes, aseguran los representantes de los trabajadores, que no ocultan su entusiasmo ante el acelerón que ha tomado la implantación de nuevas normas laborales, cuyo borrador conocerán hoy. Su conclusión es que se ha esquivado un atasco administrativo histórico gracias al teletrabajo, que «funcionou moi ben».

El confinamiento obligó a mover los plazos de las convocatorias ordinarias que se están resolviendo ahora con total normalidad, se implantó la cita previa en numerosos servicios y se despejaron horas de trabajo para asumir nuevas tramitaciones y ayudas vinculadas a la crisis. En el área económica, los empleados del Igape tenían acceso a todos los trámites una semana después de irse a sus casas, y trabajo no les faltó, porque irrumpieron las convocatorias dirigidas a las empresas con problemas coyunturales. De hecho, entre enero y junio se resolvieron un 38 % más de solicitudes con respecto al año pasado.

En Política Social, un departamento clave para los ciudadanos más vulnerables, se simplificaron las gestiones para recibir ayudas relacionadas con la inclusión, una vía rápida que permitió sacar adelante un 20 % más de rentas de integración social entre marzo y junio con respecto al 2019, alcanzando las 1.922 altas. Además, se implantó una nueva prestación, la Tarxeta Básica, gestionada junto a la Cruz Roja, que propició 7.000 trámites desde julio. La imposibilidad de hacer valoraciones de dependencia durante el confinamiento se sustituyó por un servicio de ayuda en el hogar extraordinario, que llegó a 2.300 personas más.

Plazos atrasados ya tramitados

En materia de vivienda, los funcionarios del IGVS trabajaron con normalidad fuera de la oficina, aunque fue el departamento al que le afectaron más las fechas del confinamiento, que coincidieron con los períodos hábiles para recibir ayudas. Todo se resolvió cuando se levantó el estado de alarma. Algo similar sucedió en Medio Rural, que se ha liberado de miles de trámites a través de las declaraciones responsables, pero sigue siendo un área con una intensa relación con los ciudadanos. Para superar el trance habilitó canales de comunicación y amplió plazos de presentación de documentación, en algún caso hasta finales de año.

Las facturas tampoco han sido un problema. Según el Ministerio de Hacienda, el período medio de pago de la Xunta a sus proveedores mejoró respecto a enero y febrero.

La Axencia Tributaria de Galicia suspendió los plazos para el pago de impuestos autonómicos y experimentó a fondo con la cita previa, que es muy estricta en cuanto a los tiempos de estancia en los edificios públicos. Desde el 18 de mayo se han tramitado en todas las delegaciones 32.600 citas presenciales, aunque en este caso los sindicatos sostienen que sí se rebajó el número de gestiones diarias, y que a la larga se notará.

Problemas en áreas laborales

El balance de las centrales es positivo, pero el expediente no es impecable. Semanas después de iniciarse el confinamiento se detectaron atascos en las oficinas de empleo y en los servicios de arbitraje y mediación (SMAC), en buena medida propiciados por el aumento de despidos y la conflictividad laboral, áreas de difícil sustitución por métodos telemáticos. La denuncia sindical surtió efecto y las sedes se reforzaron con más personal, aunque la resaca será dura. En estos momentos consideran que la situación es estable, pero llaman la atención sobre un incremento de los trámites y temen una nueva oleada cuando expiren los ERTE.

«Algunha relación co posto presencial debe manterse»

Los sindicatos de funcionarios están expectantes ante el borrador con las nuevas normativas de teletrabajo que les va a presentar la Xunta en las próximas horas. Esperan una regulación «amplia y generosa», en consonancia con el «tremendo éxito» que supuso trasladar toda la Administración a las casas de los trabajadores, valora José Francisco Sánchez Brunete, de CSI-CSIF. Los sondeos de ambiente laboral arrojaron resultados sorprendentes: «Están encantados de la vida», sobre todo en los casos en los que los empleados públicos tenían que empeñar un par de horas al día para ir y volver a su puesto por vivir en una ciudad distinta, por no hablar del dinero que se ahorran en medios de transporte. Por ello reclaman una interpretación más transversal de los puestos que pueden hacer su labor desde casa, donde les gustaría quedarse entre tres y cuatro días por semana.

José Emilio Doforno (CC.OO.) incide en la idea de que el vínculo con el puesto presencial «debe manterse» de alguna forma, y defiende la socialización como un aspecto positivo más en la vida laboral. Lino Díaz, de UGT, apuesta por la rotación en los puestos que acceden al teletrabajo, que deben pivotar también con la presencia física. A su juicio, la crisis sanitaria debe ayudar a maximizar las normas en un momento en el que se recomienda no acumular efectivos en oficinas cerradas.

Los sindicalistas consultados relatan algunos temores que se vivieron entre los trabajadores que con el paso de las semanas se disiparon. El rumor de que la sede electrónica no soportaría la multiplicación de los trámites desde casa se diluyó pronto, y a lo sumo se detectó lentitud puntual en los sistemas, algo que también puede ocurrir en el puesto presencial. Los flecos por resolver son muchos. La situación extraordinaria hizo que los empleados se prestasen a utilizar sus medios informáticos domésticos, e incluso sus teléfonos personales, donde tenían desviadas las llamadas. «Precisamos ferramentas», insiste Díaz, cuya central también realizó encuestas de satisfacción laboral durante el confinamiento: «Sen problema» fue la respuesta habitual.

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