Felipe González: «Ponerse de acuerdo no es un capricho, es una pura necesidad, una obligación»

Reconoció los problemas que generan el estado de las autonomías y que no sabe «qué día confundimos la descentralización con la descentrifugación política»

Felipe González en la inauguración del Foro La Toja
Felipe González en la inauguración del Foro La Toja

A Toxa / La Voz

Antes de concluir la ponencia de Mariano Rajoy en el Foro La Toja, se anunció la comparecencia ante los periodistas del expresidente Felipe González, quien dijo que «ponerse de acuerdo [para hacerle frente a la pandemia] no es un capricho es una pura necesidad, una obligación». «Si cada uno de nosotros tiene la inclinación de defender a los nuestros, podemos llegar a la conclusión de que a los de todos no los defiende nadie». «No se gobierna para los nuestros, ni en el Gobierno central ni en el autonómico ni en el local. Hay que romper esa barrera porque el 80 % de los ciudadanos están esperando en que se pongan ustedes de acuerdo», sentenció.

Recordó que ese 80 % de la población no dice ni tan siquiera en qué deben de ponerse de acuerdo, porque ahí juegan un papel los «proveedores de certidumbre» (científicos). «Yo he preguntado a los expertos de qué color es el virus y no conseguí respuesta. Solo Trump sabe que es amarillo y chino. Pero el virus no tiene color es una amenaza contra todos». 

Ante la pregunta de cuál es el problema para que no haya consenso, Felipe González llamó la atención de que los gobiernos tienen que haber sido capaces de percibir que «hay un antes y un después en responsabilidad de gestión del virus», por eso no pueden frenar que los programas con los que llegaron al gobierno tengan alteraciones.

Discrepó con Rajoy en que en esta pandemia el diagnóstico es difícil porque no se sabe cuál será la evolución del virus, por eso a medida que la situación cambie «los responsables políticos deben entrar en una dinámica de pactos sucesivos. Eso obliga al acuerdo al máximo nivel. En países como el nuestro es particularmente importante porque está políticamente descentralizado». Advirtió que España tiene un problema de gobernanza llevada a cabo por la descentralización política. Confesó que no sabe «qué día confundimos la descentralización con la descentrifugación política, y de esta manera llegaron los comportamientos de reinos de taifas». «Llevamos siete meses de pandemia y sus derivadas: ¿alguien se explica que no sepamos en tiempo real cuál es la incidencia de la pandemia en todos los puntos del territorio?», se preguntó.

Respecto a Madrid, fue categórico: «Vivimos en un estado de confusión tremendo. La cogobernanza Gobierno central-comunidades autónomas no es la respuesta a una situación excepcional, si no la manera de gobernar en un Estado descentralizado». El Gobierno central -tras la petición de ayuda, «que no se ha notado»- en materia de pandemia «es lógico que intervenga». 

«Llevamos tanto tiempo perdido buscando culpables que yo no voy a añadir más en la búsqueda»

Y sobre quién tiene la culpa de la situación la Comunidad de Madrid o el Gobierno central, incidió González en que «llevamos tanto tiempo perdido buscando culpables que yo no voy a añadir más tiempo en la búsqueda».

El expresidente defendió con rotundidad al rey Felipe VI de los ataques de miembros de Unidas Podemos en el Gobierno. «De lo que hablo es complejo», un jefe de Estado de una República tienen capacidad de responder, lo que no ocurre lo mismo en una monarquía parlamentaria. Dijo conocer que al rey lo que realmente le preocupa es «la pandemia y sus consecuencias», y añadió que si alguien ha pecado de «prudencia excesiva» fue «mi tocayo Felipe», quien «no puede hablar, ha sido impecable, neutral y de una prudencia exquisita». Frente a él «hay quienes han prometido lealtad sin creérselo desde el minuto uno. Felipe ha sido impecable, neutral (respetando los poderes del Estado) y prudente. Da miedo pensar hasta que punto se puede sectarizar la opinión». El expresidente fue repreguntado sobre el por qué de su posicionamiento y si consideraba que el presidente Pedro Sánchez tendría que destituir al ministro de Consumo, Alberto Garzón, por sus críticas al rey. «Nunca me pondré en la piel de Sánchez ni del ministro de consumo. El ministerio mucho trabajo no le da, por lo que cuando uno no tiene capacidad para solucionar problemas suele buscar otros».

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