La lenta vertebración de la Galicia interior

Pablo González
pablo gonzález REDACCIÓN / LA VOZ

GALICIA

Obras en la autovía Santiago-Lugo
Obras en la autovía Santiago-Lugo ALBERTO LOPEZ

Las autovías que deben mejorar la seguridad vial en itinerarios locales llevan lustros de retraso por la prioridad de las conexiones de relevancia estatal. La comunidad aún carece de una red en malla

27 sep 2020 . Actualizado a las 05:00 h.

Galicia culminó en el 2014 la tercera autovía de conexión con el exterior, la transcantábrica, después de que a finales de los noventa estuvieran ya prácticamente terminadas las dos grandes arterias de comunicación con la Meseta: la A-6 y la A-52. Cuando todavía no se ha puesto en servicio en su totalidad ninguna de las autovías que se comprometieron en el 2003, estos proyectos corrieron una suerte desigual, hasta el punto que el único trazado por el que apostaron los últimos gobiernos del PP y PSOE ha sido el de Lugo-Santiago, y ni siquiera en este caso se ha culminado la autovía, un proyecto que en su momento se planteó para que estuviera finalizado en el 2010, al igual que Lugo-Ourense (A-56). El ralentí en estas inversiones demuestra que la prioridad de los sucesivos Ejecutivos estuvo en los recorridos de relevancia estatal, como la autovía del Cantábrico, pero quizás no se prestó tanta atención a los tráficos internos de la comunidad, que es lo que de verdad vertebra el país más allá del eje atlántico y las conexiones exteriores.

Aunque las zonas de sombra no solo están en el interior, sino también en la costa. Tanto la Xunta como Transportes son responsables de largos retrasos en la puesta en marcha de un corredor de alta capacidad en la costa norte de Galicia. El departamento de Infraestruturas del Gobierno autónomo priorizó las autovías hacia las zonas costeras más turísticas, como la de Barbanza, O Salnés y, recientemente, O Morrazo. Pero también acercó más en tiempos de viaje poblaciones de A Costa da Morte, con el primer tramo abierto que prolonga de forma gratuita la autopista de peaje A Coruña-Carballo. Junto con la del norte, son las dos zonas costeras cuya accesibilidad es más compleja en la actualidad. La falta de estas conexiones, así como la unión de todas las capitales de provincia con vías de alta capacidad, hace que Galicia no tenga una red en malla similar a la que ya disfrutan otras comunidades autónomas como, por ejemplo, Andalucía.

Mientras, el futuro de las autovías interiores dependerá de la nueva política de infraestructuras que diseña el Ministerio de Transportes de José Luis Ábalos a través de la futura Ley de Movilidad, en la que se arbitrará un procedimiento selectivo para justificar las inversiones en base a parámetros de coste-beneficio. El propio documento para el debate que acaban de presentar da a entender que el gran desafío actual -según la cúpula de Transportes- es buscar fórmulas para poder mantener y conservar los 15.500 kilómetros de autovías que se construyeron en España, así como 400 más que están en ejecución. Estos proyectos gallegos se abandonaron con la crisis del 2008 y, ahora, con las nuevas estrategias de movilidad, no parece que se tomen como una prioridad, como se deja claro en esta declaración de intenciones: «Continuar priorizando la inversión en la creación de nuevas infraestructuras de transporte, cuando el stock de capital público ya es muy alto, tiene unos rendimientos decrecientes, no solo en términos estrictamente económicos, sino también de equidad social y de equilibrio territorial (los ahorros de tiempo son cada vez menores y para menor número de personas y cantidad de mercancías; y la reducción de la accidentalidad en carretera es cada vez menor). Incluso algunos estudios han encontrado un efecto negativo en la inversión en infraestructuras en países con elevados stocks de capital y elevada deuda pública, como es el caso español».