Pérez Jácome: de los insultos y las faltas de respeto a dinero para su televisión


ourense / La voz

Gonzalo Pérez Jácome no sería quien es, y no sería el alcalde de Ourense, sin Auria TV. En su propia tele local nació y creció como político, arropado por amigos. Algunos lo siguen siendo. Otros, tras los acontecimientos de las últimas semanas, ya tienen categoría de enemigos. Con el superhéroe Miño Man como símbolo, denunciaba el caciquismo y censuraba la política tradicional, siempre con su particular sentido del humor. Los ourensanos empezaron a conocer a Jácome y, cuando llegó el momento, le consintieron que se sentara en el salón de plenos del Concello, a donde quería llegar para levantar las alfombras. Los que creían que Democracia Ourensana sería un exotismo se equivocaron. En un momento en el que muchos vecinos estaban hartos de los políticos tradicionales y cansados de ver que la ciudad estaba estancada, Jácome dio el pelotazo (era el 2014) y consiguió ocho ediles, insuficientes para sus objetivos pero que llegaban de sobra para hacerse oír y bloquear al gobierno del PP durante cuatro años. Los insultos y las faltas de respeto eran la banda sonora de su forma de hacer oposición.

No logró revalidar sus resultados y se quedó en siete ediles en las municipales del 2019. Y entonces el hombre que había dicho que pactaría con el diablo para hacerse con la alcaldía demostró que no mentía. No fue el demonio con quien se sentó a hablar pero sí con el que había sido su enemigo público número uno durante años: José Manuel Baltar. El presidente de la Diputación fue el encargado de firmar el pacto que convirtió a Jácome en alcalde y que a él le aseguró la Diputación. En aquel momento Democracia Ourensana traicionó a muchos de sus votantes ya que una de sus promesas electorales más repetidas era la de sacar a Baltar de la Diputación. No solo no lo hizo sino que se convirtió en su salvación.

Cuando, ante las críticas, Jácome defiende que los fondos del grupo municipal vayan a Auria TV —se da la circunstancia, además, de que su cámara ha estado cobrando como asesor del presidente de la Diputación— insiste en que ni él, ni el partido, ni los amigos convertidos en políticos serían nada sin esa herramienta catódica. Pero esa televisión que lo hizo alguien en política, que lo situó en el mapa municipal y que le allanó el camino a sus mensajes populistas en un momento de insatisfacción ciudadana es lo que podría costarle el puesto. Su proyecto más personal, el que le dio el pasaje para la alcaldía, podría ser ahora su sentencia de muerte política.

Los ediles díscolos aseguran que gestionó de manera irregular los fondos que el partido recibe del Concello y las donaciones de cargos políticos y asesores. Él no está dispuesto a enseñar las cuentas ni ofrece más explicaciones. Los firmantes del escrito presentado ante la Fiscalía para que se investigue a Jácome dicen que el dinero iba a la televisión. Y la televisión, al igual que el partido, es Jácome. Quizás ahí está la clave de todo.

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