José Manuel Romay, sesenta años de política o «el arte de lo imposible»

El exministro presentó sus memorias acompañado de Feijoo y Rajoy


a coruña / la voz

Un desfile de pensadores encabezado por «los más grandes, los definitivamente inmortales Nicola Maquiavelo, Alexis de Tocqueville y Max Weber» reemplazó ayer al público ausente en la presentación de las memorias de José Manuel Romay Beccaría (Betanzos, 1934) en la sede de Afundación en A Coruña. «Un libro real de un personaje real», introdujo Alberto Núñez Feijoo en un acto cerrado y emitido en streaming por la pandemia pero abierto a una segunda entrega cuando sea posible, emplazó el presidente de la Xunta.

El betanceiro, que fue letrado con 25 años y presidente del Consejo de Estado en dos ocasiones, conselleiro otras tantas, ministro, diputado, vicepresidente de la Xunta y secretario general de Sanidad en 1963 -Mariano Rajoy habló de una campaña de vacunación de la polio que puso en marcha y mereció las alabanzas de la OMS-, entrega en Vida y pensamiento político una obra extensa que compendia 60 años de vida pública. «Visto lo visto -resolvió el expresidente del Gobierno- no seré yo el que pida que vuelva Romay, pero sí seré el que se lo cuente a ustedes». Y contó. Su amistad, «que no es tan fácil cuando de política se trata»; su experiencia compartida en el bando «del birrete, en oposición al de la boina, aquella imagen elitista nuestra»; su faceta más destacada, «en mi opinión, la de gobernante ejemplar», y su contribución al PP. «Ojalá todos entendiesen el partido como lo hacía Romay», un hombre «culto, eficaz y bueno que de todo esto podría presumir si quisiera, pero nunca quiso», elogió Rajoy, firma del primer prólogo del libro.

La escuela

El segundo le corresponde a Núñez Feijoo, cuya carrera se cimentó en las consellerías de Agricultura y Sanidade y en el ministerio a continuación con el político de As Mariñas al frente de la cartera. «Hay una escuela socrática en Romay a la que pertenecemos algunos y que nunca fue tan necesaria como ahora», apuntó el presidente de la Xunta, que citó a Adenauer: «En política es importante tener razón pero también que te la den», y remarcó «el papel determinante para el autogobierno gallego y la Transición» de Romay Beccaría, alguien «que no tuvo más interés que acertar».

A ambos, Rajoy y Feijoo, les dedica el autor semblanzas en una galería final de once personajes inaugurada por Manuel Fraga. Su principio lo sitúa en su padre. «Su ejemplo determinó mi vocación política, su servicio a los demás», contó hilvanando con el pensamiento de Vaclav Havel, que entendía la política como «una manifestación del deseo de contribuir a la felicidad de la comunidad». Porque la política, refutó, no puede ser «el arte de lo posible, las intrigas y las maniobras secretas», sino «el arte de lo imposible para mejorar el mundo y a nosotros mismos».

José Manuel Romay confirmó su entrega apasionada a la actividad pública. «Disfruté haciendo lo que más me gusta y dejo testimonio en mis memorias para animar a los que sienten vocación a que sigan ese camino, que les dará, en expresión de Popper, "más felicidad de la que nunca pudieron merecer"».

También puso atención especial a la Transición. «España se encontró a sí misma y encontró su lugar en el mundo. La España de muros desmoronados de Quevedo, cuya historia, según Ortega, era la historia de una decadencia, dio una lección inesperada e inolvidable al mundo. Una lección de sabiduría, tolerancia y grandeza», celebró. Frente a la desafección que promueven «populistas y demagogos irresponsables», proclamó la política como una actividad indispensable, «porque solo ella hace que el futuro nos pertenezca». Y remató rendido a Maquiavelo, Tocqueville, Weber. «Son los apologistas de la sociedad abierta y los agentes empeñados en resolver la nueva cuadratura del círculo político: aquella que pretende, al mismo tiempo, generar riqueza económica, promover la cohesión social y garantizar la libertad individual».

«Volver a seducir a los catalanes» es el mayor desafío que enfrenta España

Cataluña ofrece «el mayor desafío al que se enfrenta nuestro país», opinó José Manuel Romay al lado de Mariano Rajoy, al que alabó su decisión de ceñir el diálogo con los nacionalistas a cuestiones que puedan resolverse en el marco de la Constitución. «La firmeza en ese planteamiento no debería abandonarse nunca», propuso el veterano político, que se dirigió a los independentistas para explicar que «la crisis económica ha hecho que muchos problemas se desenfoquen y el nivel de incomodidad en ciertos sectores se desborde. Pero no es verdad que España robe a Cataluña, no lo ha hecho nunca», zanjó. Además, recordó que «a pesar de la crisis, el Gobierno ha facilitado la financiación de la Generalitat, evitando su quiebra». El reto, observó, es «volver a seducir al mayor número de catalanes» y a una tierra que «ha sido siempre la proa de España».

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