Asunta cumpliría veinte años

Han pasado siete años del cruel asesinato de aquella niña despierta y estudiosa que hoy sería una universitaria con todo el futuro por delante

Asunta Basterra destacaba por su inteligencia, con muy buenas notas en el instituto, a la vez que estudiaba música y ballet. Su prometedro futuro fue segado por sus propios padres
Asunta Basterra destacaba por su inteligencia, con muy buenas notas en el instituto, a la vez que estudiaba música y ballet. Su prometedro futuro fue segado por sus propios padres

santiago / la voz

Asunta Basterra Porto estaba a punto de cumplir 13 años cuando fue cruelmente asesinada por sus padres adoptivos. Rosario Porto y Alfonso Basterra fueron condenados a 18 años de cárcel por aquel crimen horrendo y cumplen actualmente sus condenas en las prisiones de Brieva (Ávila) y Teixeiro, respectivamente. Han pasado ya siete años desde aquel trágico 21 de septiembre del 2013. La efeméride no es una cifra redonda, pero sí lo sería el cumpleaños que el próximo día 30 celebraría aquella pobre e indefensa niña. Soplaría veinte velas y casi con toda certeza estaría estudiando en la universidad, dado que el rasgo que quizás más la caracterizaba era su inteligencia.

No son muchas las preguntas que el caso Asunta dejó flotando sobre el aire. La investigación policial y el posterior juicio permitieron saber y probar que fueron sus padres los que la asesinaron y que lo hicieron asfixiándola hasta la muerte después de drogarla con un medicamento ansiolítico —lorazepam—. Aquella sustancia se la suministraron en la comida que los tres celebraron el 21 de septiembre del 2013 en el piso del padre —el matrimonio estaba divorciado—, situado en la calle República Argentina de Santiago. Cuando le hizo efecto, la madre se llevó a la niña en coche hasta la casa que aún tiene en Montouto (Teo) y allí la asfixió con sus propias manos tapándole nariz y boca con un objeto blando, probablemente un clínex. Después, dejó el cuerpo sin vida en una pista y regresó a Compostela, donde horas después ambos simularon una desaparición que fueron a denunciar ante la comisaría de la Policía Nacional.

El engaño les duró poco y sus mentiras y contradicciones pronto les situaron como los principales sospechosos de aquel terrible asesinato. Indagando en los últimos meses de vida de Asunta, la Policía Judicial de la Guardia Civil de A Coruña, una de las unidades de investigación con mayor prestigio en el cuerpo en toda España, descubrió que a la niña la habían estado drogando con lorazepam mucho antes de su muerte y que llegó a sufrir alguna intoxicación grave por la ingesta de este medicamento, como relataron sus profesoras de música. ¿Para qué? La tesis principal que manejaron los investigadores fue que o bien fueron intentos fallidos de asesinato o que estaban probando cómo respondía la niña a la droga.

Lo que nunca ha quedado del todo claro —hay teorías, pero nada en los hechos probados de la sentencia— es por qué unos padres que tanto habían peleado por tener una niña —fue la primera china adoptada en Santiago—, la mataron después de una manera tan cruel. Nadie que conoció a Asunta puede entenderlo. Era una niña alegre, brillante y estudiosa, que destacaba en matemáticas y física, pero a la que también le gustaba escribir y tenía mucha imaginación. Era lista y trabajadora, tanto, que iba un curso adelantada por decisión de sus profesores. También tenía grandes aptitudes para la música, tocaba el violín y el piano, y bailaba ballet. Iba bien en el instituto y habría acabado sin problemas el bachillerato. Seguro que con buena nota y habría podido escoger la carrera que quisiese. Un futuro prometedor segado por aquellos que deberían haberla protegido. Un sinsentido.

La casa de los horrores de Teo está abandonada e incluso tuvo okupas

De todos los escenarios en los que se desarrolló el cruel asesinato de Asunta Basterra a manos de sus padres, el más siniestro es sin duda la casa de Montouto, en Teo, en la que Rosario Porto acabó con la vida de su hija asfixiándola hasta la muerte cuando estaba indefensa y a su merced tras haberla drogado con un medicamento cuya marca comercial es Orfidal.

Esa propiedad, que Rosario Porto heredó de su padre, el conocido y adinerado abogado compostelano Francisco Porto, fue en su día una segunda residencia en la que la familia pasaba fines de semana. Lleva a la venta desde poco después de que la madre de Asunta y su exmarido entraran en prisión, pero nadie quiere hacerse con un inmueble que por los espeluznantes hechos que se produjeron en él entra en la categoría de casa de los horrores con la que se tacha a aquellas viviendas que fueron el escenario de crímenes siniestros.

La casa está, además, abandonada y destrozada, porque llegó a ser okupada y la mano de esos indeseados inquilinos se ha dejado notar tanto o más que el inexorable paso del tiempo, que hace estragos en los inmuebles cuando se les deja a su suerte y sin ningún tipo de mantenimiento. La vivienda no vale mucho, aunque lo que sí podría algún día hallar comprador es la finca en la que se encuentra: 10.000 metros cuadrados cerrados con muro de piedra y no muy lejos del centro de Santiago.

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