Santórum, a un paso de ser narco

Ingresó a prisión sabiendo que el alijo del Karar implicaría su primera condena y a la espera de que, policialmente, se precise si hay vínculo con el narcosubmarino


Juan Carlos Santórum Navazas, de viva voz y enfaenado en los preparativos para salir (25 de abril) a por la cocaína del buque MV Karar, confesó a un lugarteniente parte de su conjura. Nunca imaginó que esas palabras se volverían una soga al cuello mediante procedimiento judicial:

Sabes donde es el sitio aquel de Muros, en Esteiro, donde miramos, me subo allí y os meto la mercancía en el monte o en la cueva aquella, y después la vais a coger. Allí queda bien, se esconde y no hace falta ir el mismo día a buscarla, entiendes. Hay que ir por la mañana a controlar que no vaya ninguno al estiércol en tractor y la encuentre. Allí echas a una persona en el monte y que controle ¿entiendes? 1.000 kilos los zafo bien en un plis.

Santórum (Vilanova de Arousa, 1980) incluso reveló el peso aproximado del alijo días antes de salir a buscarlo a lomos de Abusadora y Salida, dos planeadoras de su flota:

—Tres siete [3.700] fue que dijo de aquella. Hablaba allí de ocho [3.800], pero no sé...

El arousano lo clavó. El pesaje se elevó a 3.824 kilos, muy lejos de los 4.500 kilos que la investigación —bautizada Pantín-Donky y compartida entre el Cuerpo Nacional de Policía y el Servicio de Vigilancia Aduanera— aportó inicialmente, tras el abordaje. Ya con los fardos en el muelle de Vigo, se rebajó a cuatro toneladas.

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Donde dije digo...

Pero Santórum, ahora, reniega de sus propias palabras. Hace gala de honradez y civismo, y eso que huyó hace cuatro meses, horas antes de su detención por la cocaína del MV Karar, gracias a un soplo. La fuga propició un polvorín y mala imagen ante otras agencias antidroga extranjeras, igual que la salida de la cárcel de todos los investigados en tierra a las pocas semanas de ingresar. El motivo fue la ausencia de motivación incriminatoria en los autos del Juzgado de Instrucción número 3 de Vigo para mantenerlos en prisión provisional. Por eso la Audiencia Provincial de Pontevedra, ante el aluvión de recursos, los dejó regresar a sus quehaceres.

Santórum, huido, permaneció informado de cada novedad gracias al 4G de su móvil, incluso de la acusación y pruebas concretas que afloraron contra él al levantarse el secreto de sumario. Supo igualmente de la requisitoria para cumplir dos años entre rejas: corrompió en el 2013 a dos agentes especializados en crimen organizado. La primera condena de su vida pese a llevar más de 20 años, de los 40 que cumplió en marzo, subido en planeadores e intimando con el narcotráfico más enraizado de su ría natal: se crio en los años ochenta en Vilanova, aprendió de los Charlines y maduró con Patoco. Lo siguiente fue planear por su cuenta. Pero Santórum conoce bien el negocio para admitir que huidas así acaban más pronto que tarde.

Su abogada, Carmen Ventoso —defiende también a buena parte de los otros imputados—, contactó el 4 de septiembre con la Unidad de Droga y Crimen Organizado (UDYCO) de la Policía Nacional en Pontevedra. Trasladó que su cliente más en boga estaba al borde del suicidio, desesperado, dispuesto a entregarse. Expuso la desconfianza que le genera la unidad policial GRECO, también de la Policía Nacional y responsable, junto a Vigilancia Aduanera, de todo lo relacionado con el MV Karar. Eso sí, Ventoso imponía que la entrega se consumara al día siguiente, sábado, lo que derivó en una tensa negociación. En parte, por la defensa que UDYCO hizo de sus compañeros del GRECO. Finalmente, letrada y funcionarios acordaron escenificarlo el lunes por la mañana.

Trato roto

Pero el tándem abogada y fugado cambió de estrategia en algún momento previo al domingo. Ya esa mañana, acudieron a juzgados de Vigo y Pontevedra solicitando, sin éxito, el arresto de él. Lo nunca visto. Ya el lunes, otra vez a pocos metros del juzgado y tras dormir en su casa, lo detuvieron. Se mostró tranquilo, al fin y al cabo no era la primera vez, ni la segunda, que engrilletaban sus muñecas. Horas después, ante la jueza y el fiscal, Santórum respondió solo a su letrada. La estrategia, nada novedosa pero premeditada, lo convierte en otro presunto narco víctima de una conspiración para encerrarlo en una celda:

—No tengo relación con la droga del buque Karar, sí soy culpable de relacionarme con los vecinos y la familia. Me dedico a la compraventa de maquinaria y piezas. Han tratado de involucrarme en otras operaciones de tráfico de drogas, este mismo juzgado en la del Ratonero (pesquero de O Grove con 3.600 kilos de coca). La jueza de aquella causa es la misma que se encarga de esta, debería abstenerse.

Coordenadas iguales

El argumentario, ya en juicio, se antoja flojo ante las contundentes pruebas que lo relacionan a él, a una docena de investigados que estarían a su cargo y a la flota de planeadoras, refugiadas en seis naves, con el alijo del Karar. La fundamental se encontró en la nave de Sanxenxo. «Una nota manuscrita con la inscripción “41 30 11 30” y una serie de letras y números. Inscripción que se corresponde con las coordenadas donde los lancheros debían encontrarse con el buque. Muy importante significar que coinciden plenamente con las encontradas en las cartas náuticas intervenidas en el puente del Karar».

Tampoco resulta sencillo de explicar que el teléfono satelital de un empleado de Santórum se comunicase con otro dispositivo intervenido, ya en el Karar, al tripulante nepalí Tamán Kirán. Otro investigado, en O Grove, guardaba en su casa más coordenadas anotadas igual de comprometidas. Alega que pertenecen a su hijo, aficionado a la náutica.

Santórum ingresó la semana pasada en el penal de A Lama para convivir, tras una cuarentena, en un módulo ordinario con más reos reincidentes. Allí, dadas las evidencias policiales, tal vez digiera que su primera condena por narcotráfico se acerca. De entrada, afronta dos años por sobornar a guardia civiles. A mayores, una acusación del GRECO lo vincula «de forma clara y tajante» con la descarga frustrada de los 3.050 kilos del narcosubmarino en la ría de Aldán. Relatan «la necesidad [de los investigados] de trasladarse a Ourense para recuperar una determinada cantidad de dinero por la devolución que han tenido por lo que ellos mismos denominan ‘‘lo del submarino''. En una clara alusión al submarino apresado a finales del 2019 y que de forma tajante clara y tajante determina la participación de los investigados en esa desbaratada operación».

Camionero en Ourense

La sentencia del GRECO se incluye en diligencias judicializadas en primavera por el Karar. La jueza, ya este mes, desveló —en el auto de prisión de Santórum— que el interlocutor en Ourense ejerce de camionero. De ahí la perplejidad campante en las otras unidades que integran la investigación del batiscafo. En parte porque el GRECO los acompaña en ese trabajo y, desde primavera, no trasladó nada oficialmente ni aportó nada a la causa. Tampoco a la Fiscalía Antidroga, y eso que su fiscal delegado asume ambos asuntos. Por eso conoce el vínculo y descarta, salvo que surjan elementos más incriminatorios, valorarlo procesalmente. Igual que la Guardia Civil, instructora policial y coordinadora del asunto ante el Juzgado número 1 de Cangas por varios motivos. Principalmente porque su Equipo Contra el Crimen Organizado (ECO) en Galicia conoció la llegada del artefacto antes que nadie.

Lo mismo ocurre con UDYCO Pontevedra, crucial para ubicar el casco frente a las Rías Baixas y desconocedora de la tesis contra Santórum. Más curiosa resulta la posición de Vigilancia Aduanera, que, como el fiscal, participa en los asuntos del Karar y del narcosubmarino, pero tampoco acaba de ver la «clara y tajante» acusación. Los dimes y diretes sí ubican a Santórum recibiendo la oferta para salir a recoger la mercancía. Igual que al menos otras tres organizaciones en Arousa, que lo rechazaron. Pero eso no se juzgará, ni tan siquiera figura en la causa. Igual que, por ahora, Juan Carlos Santórum.

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