El líder del PPdeG recupera la bicefalia de Fraga, pero sin guiños a la sucesión

Deja fuera del Gobierno a las personas con mando y plaza en el partido

F.Fernández
redacción

Fue en el año 2004, poco después de que el PSOE recuperara la Moncloa, cuando Manuel Fraga buscó darle un nuevo impulso al partido con una amplia remodelación de gobierno que le llevó a nombrar dos vicepresidentes de la Xunta —el propio Feijoo y José Manuel Barreiro—, lo que enseguida fue interpretado en clave sucesoria. Aquella bicefalia es recuperada ahora por Feijoo, 16 años después, pero con la diferencia de que en su elección no hay guiño alguno a la sucesión, sino la constatación de que es el líder del PPdeG quien sigue manteniendo el mando único y sin perspectiva de que lo ceda a medio plazo. La principal diferencia entre Fraga y Feijoo es que el primero tenía 81 años cuando creó la bicefalia y se preparaba para afrontar la que fue su última cita con las urnas. Feijoo tiene 22 años menos de lo que tenía entonces el fundador, y acaba de obtener su aval más amplio en las urnas, que le llevó a conformar un gobierno donde todos y cada uno de los conselleiros dependen más de él que de las cuotas que cada provincia quiera hacer valer de cara a una posible sucesión. Es más, el perfil del Ejecutivo invita a pensar más en un Feijoo candidato en el 2024 que en la preparación de un relevo. La creación de la segunda vicepresidencia parece tener por objeto darle mayor visibilidad al compromiso del líder del PPdeG con las políticas de reactivación económica tras la crisis del covid-19.

Francisco Conde, el vicepresidente segundo, es, de hecho, una persona con una relación personal con Feijoo que viene de viejo, pero que carece de anclaje en el partido como para ser percibido con claridad como potencial sucesor. Alfonso Rueda, vicepresidente primero, cumple mejor ese rol como líder del PP en Pontevedra, si bien su provincia es la que más terreno cedió a la izquierda.

Por tanto, Feijoo se rodea de sus fieles para ejecutar sus designios. Sigue siendo el presidente más presidencialista de la autonomía. Y todo indica que la generación siguiente, la de los Diego Calvo o Elena Candia, jefes del PP en A Coruña y Lugo, seguirá calentando en la banda.

Alfonso Rueda, el número dos con poder territorial que ahora tendrá cancha para lucir

A Alfonso Rueda Valenzuela (Pontevedra, 1968) le pareció un poco excesiva la seguridad que desprendía Feijoo en el 2006, convencido de que iba a recuperar a la primera la Xunta para el PPdeG. Pero creyó ciegamente en él, ordenó un partido que estaba cabizbajo y descompuesto, y se convirtió en el primer escudero del líder cuando desbancaron al bipartito. En el 2012 vio reconocido su trabajo en la sombra con la Vicepresidencia única, cuando el runrún de que el jefe se marcharía a Madrid más pronto que tarde era insistente. La tesis del delfinato se quedó coja cuando Rueda dio un paso atrás en el PPdeG para liderar a los populares de Pontevedra, una provincia que da disgustos y alegrías electorales a partes iguales. Siempre ligó su futuro político a Feijoo, pero mientras el líder crecía, él se ha mantenido en su sitio, que no es poco. En la última legislatura tuvo que lidiar con una dura huelga en Xustiza de más de tres meses que finalmente se recondujo tras la aprobación de mejoras salariales. Con la digitalización administrativa encauzada, también le toca gestionar las relaciones con los concellos, más complejas con la nueva directiva de la Fegamp, así como las emergencias y el grupo de coordinación para la crisis del covid. Ahora suelta Igualdade, otra área áspera, y recibe Turismo, bastante más lucida.

Francisco Conde, el hombre tranquilo que ha ido creciendo hasta asumir su mayor reto

Un hombre tranquilo, prudente... Un hombre adicto al trabajo, pero con carácter, que saca a relucir cuando toca pelear por Galicia, tanto en sus negociaciones con empresas, como con el Gobierno central. Así describen quienes le conocen a Francisco Conde López (Monforte, 1968), el pilar de la política económica e industrial del Ejecutivo Feijoo. El presidente gallego lo rescató de la Universidad San Pablo CEU en el 2009 para nombrarlo asesor, y once años después escala hasta ser el número 3 de la Xunta. Ejerció durante tres años a la sombra del presidente hasta el 2012, cuando se le confió la Consellería de Industria. Ahora Conde asume la vicepresidencia segunda y afronta su tercer mandato al frente de uno de los departamento más difíciles del Ejecutivo autonómico. Más ahora, con los estragos provocados por la pandemia. Entre los problemas que le traen de cabeza, los que afectan a la gran industria gallega (con Alcoa a la cabeza), de la que dependen 5.000 puestos de trabajo. El precio de la electricidad en España —cuya regulación depende del Gobierno central, aunque la Xunta aplica impuestos autonómicos propios a la producción de energía— es uno de sus grandes caballos de batalla con los ministerios de Industria y de Transición Ecológica. Sus otros retos: preservar sectores vitales como la automoción, el textil, la aeronáutica y el naval.

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