Feijoo promete un Gobierno «afectivo e efectivo» ante los problemas reales

Tomó posesión por cuarta ocasión para cambiar «esta dor por orgullo». Los portavoces de la oposición, Mariano Rajoy, Pablo Casado y homólogos de otras comunidades acompañaron al líder gallego en el Parlamento en un acto contenido por las medidas de protección sanitarias


Santiago / La Voz

«Facelo por cuarta vez é mais emocionante que a primeira», acertó a explicar del tirón. Alberto Núñez Feijoo tuvo que improvisar sobre el discurso esta disculpa para justificar su dificultad por momentos para mantener la voz firme que la ocasión solemne requería. Por más que la haya repetido en tres ocasiones más en los últimos once años y medio, su cuarta toma de posesión y la promesa del cargo como presidente de la Xunta fue la más peculiar por el «pesadelo» colectivo de la pandemia, que obligó a restringir la presencia de invitados y a expandir su ubicación por diferentes estancias del Parlamento.

La misma crisis sanitaria que continúa es la que ha llevado hasta principios de septiembre un proceso electoral que arrancó en febrero y que tuvo que ser aplazado hasta el verano, con una campaña muy singular y con la ciudadanía más pendiente de la salud pública durante un período sin representación parlamentaria. Esa anomalía se superó ayer, pero la pandemia sigue, de ahí que Feijoo vaya a centrar todo su esfuerzo político en conseguir que los gallegos puedan mirar atrás y «cambiar esta dor por orgullo. Máis pronto que tarde, Galicia, como España, como o mundo, vivirá a normalidade sen adxectivos que todos merecemos», proclamó.

En su intervención, Feijoo fue poniendo pilares de dos en dos para sostener su idea de lo que deben ser los próximos cuatro años en el Gobierno autonómico. Más que nunca, dijo, será necesario poner «distancia» física entre las personas para la autoprotección, pero reforzando la «proximidade» entre los ciudadanos y las instituciones. Como en su discurso de investidura del martes, puso en valor la apuesta de los gallegos por la moderación y la estabilidad, rechazando que estas dos formas de interpretar la política tengan algo que ver con la debilidad o el inmovilismo. Al contrario, cree que la ciudadanía ha consolidado «unha identidade harmónica e fraternal» que identificó con el «galeguismo social, cultural e político» y que permite atender a los problemas reales y prioritarios con un Gobierno «afectivo e efectivo», siempre con Galicia por delante. Y fijó otros dos pilares más: la Constitución y el Estatuto de Autonomía, «nos que todos cabemos e podemos participar».

Los agradecimientos fueron generosos, porque Feijoo citó a todos los presidentes que lo precedieron, pero destacó especialmente a Manuel Fraga, que fue el que más tiempo estuvo al frente de la Xunta, quince años y medio, una marca histórica que el de Os Peares no podrá batir, al menos en esta legislatura, aunque solo sea por unos meses.

Entre el público, separados por la obligada distancia social, estaban el expresidente Mariano Rajoy y el exministro José Manuel Romay Beccaría, y a ellos señaló como a sus mentores y grandes referentes durante su trayectoria. Pero, como en todas sus discursos importantes, los mayores piropos se los llevó su idea de Galicia: «Afectuosa, ampla, fraterna, que quere estenderse como unha aperta a todos os galegos. Considérome simplemente un intérprete temporal de valores que o noso pobo atesoura dende a noite dos tempos. Os galegos escriben o guion».

Pese a las circunstancias no faltó casi nadie. Tampoco los líderes de la oposición, que mantuvieron el tono del pasado martes, intercalando críticas, recomendaciones y manos tendidas. La portavoz del BNG, Ana Pontón, le sugirió que su holgada mayoría no le haga perder la perspectiva de los problemas, y le animó a alcanzar «grandes acordos de país». La líder nacionalista insistió en su idea de que el Gobierno gallego debe salir de la «rutina» para poner en marcha «cambios estructurais».

Por su parte, el secretario xeral del PSdeG, Gonzalo Caballero, reclamó a Feijoo una reconstrucción «equitativa e equilibrada», así como activar todas las competencias que otorga el Estatuto de Autonomía y los mecanismos «para acompañar e protexer á xente en momentos tan difíciles». El portavoz socialista ha reiterado que su grupo hará una oposición centrada en la defensa de la sanidad y los servicios públicos.

El presidente de la Xunta critica los desajustes en la cogobernanza, pero será «leal»

El presidente de la Xunta valoró en su discurso la presencia en el acto de la ministra de Política Territorial, Carolina Darias, a la que envió un mensaje inequívoco de preocupación por la respuesta descoordinada de las administraciones públicas durante la pandemia. A juicio de Feijoo, la crisis sanitaria ha sido «una de las peores pruebas a las que se enfrentó nuestro sistema político», y calificó de «innegable» que en los últimos meses se han producido desajustes propiciados «por una errónea concepción del Estado» en la que se ha planteado la cogobernanza como algo excepcional cuando debería de ser algo «habitual y espontáneo». En ese escenario, el líder gallego describió la actitud de la Xunta como «colaborativa», una línea a la que quiere contribuir de forma «leal» en los próximos cuatro años. Para ejemplificar esa proactividad, el titular autonómico recordó que en los últimos meses Galicia aportó ideas y medidas para frenar el covid-19 que posteriormente fueron asumidas por el Gobierno central.

La responsable de Función Pública entendió el mensaje de Feijoo y tras finalizar el acto admitió que «son tiempos de dificultad y son tiempos para el entendimiento». Darias sostuvo que esa comprensión «no solo es posible, sino también necesaria: entendimiento, cogobernanza y generar confianza», resumió antes de desearle los «mejores aciertos» y la máxima colaboración, que Feijoo le adelantó que será «recíproca».

Casado y la España plural

Sin abandonar el tono institucional, el presidente del PP, Pablo Casado, hizo su propia reflexión al respecto para indicar que las administraciones «tienen que dar certidumbre, tranquilidad y esperanza» ante una crisis sanitaria que augura «meses muy difíciles por delante». El líder de la oposición calificó a Feijoo como un «referente» de la política española y compartió con este su visión de una España plural que no sea «un mosaico partido». Para Casado, las reflexiones de Feijoo demuestran que «aquí en Galicia están representados todos los españoles y, si se me permite, todas las sensibilidades políticas porque el proyecto que ha presentado es abierto, transversal y útil para todos los ciudadanos». 

Codazos, palmadas y abrazos para dos mujeres emocionadas

Sira Feijoo y Eva Cárdenas arroparon al presidente: «A familia que me criou e a familia que hoxe teño»

Galicia no da nietos y tampoco es fácil abrazarse a ella. Por eso, cuando un político baja del pedestal en el que le han puesto los gallegos por cuarta ocasión consecutiva no hay nada mejor que encontrarse con una madre, «a familia que me criou», y la pareja que uno elige, «a familia que hoxe teño». Sira Feijoo y Eva Cárdenas fueron las primeras en dar calor al presidente tras su discurso más sentido de los últimos tiempos, junto a su hermana Micaela. Tras meses de tensiones políticas y dramáticos balances, Alberto Núñez Feijoo (Os Peares, 1961) sacaba al fin su lado más humano y personal para reconocer públicamente a los suyos y confesar que nunca se olvidará de la aldea en la que nació, junto al Miño.

La sociedad estuvo representada a través de referentes como cuatro expresidentes del Parlamento gallego, los tres rectores de las universidades y el presidente de La Voz de Galicia, Santiago Rey Fernández-Latorre, que tuvieron oportunidad de departir con nuevos y antiguos diputados, alcaldes y altos cargos autonómicos, todavía en funciones, que dieron color político a una cita a la que no faltó el expresidente socialista González Laxe. Santiago Rey Fernández-Latorre, presidente de La Voz, charló de forma animada con la mayoría de los presentes. El editor de La Voz conversó con Alberto Núñez Feijoo, la líder de la oposición, la nacionalista Ana Pontón, y el portavoz de los socialistas gallegos, Gonzalo Caballero.

Alberto Núñez Feijoo se recompuso pronto de la emoción. La distancia social obligó a dejar que corriese el aire entre los asientos, lo que permitió al presidente moverse con soltura y recibir en pocos minutos todas las felicitaciones posibles por la toma de posesión. Como no hay mal que por bien no venga, el coronavirus ha acabado con los apretones de manos, los abrazos y los besos, pero también con los reiterativos selfis, así que Feijoo pudo repartir codazos gentiles y palmadas entre unos invitados que acreditaron antes de entrar, a las puertas del Parlamento, tener una temperatura corporal adecuada para compartir un espacio cerrado.

Romay y los presidentes de Andalucía y Castilla y León

El circuito de felicitaciones de Feijoo dejó encuentros intensos, como el que tuvo con José Manuel Romay Beccaría, o gestos con la ministra Carolina Darias para que se sintiese cómoda entre tanto popular, y su paseo fue dando lugar a corrillos a los que los cronistas no pudieron arrimarse, otra de las contrariedades de la seguridad sanitaria.

A distancia o por las pantallas habilitadas se intuyeron las lógicas complicidades entre Mariano Rajoy, Pablo Casado y los presidentes autonómicos Isabel Díaz Ayuso (Madrid), Alfonso Fernández Mañueco (Castilla y León) y Juan Manuel Moreno Bonilla (Andalucía); o entre los tres portavoces parlamentarios, empeñados en demostrar que la discrepancia no está reñida con el sentido institucional de un acto en el que estuvo el alcalde socialista de Santiago, Sánchez Bugallo.

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