Una tarde esperando la llamada de Feijoo: así se prepara el gobierno gallego de la legislatura de la pandemia

El presidente de la Xunta, que hoy toma posesión, medita su noveno Gobierno y se reserva la posibilidad de «facer os cambios oportunos», como ha dicho, para afrontar la lucha contra el covid, la gran prioridad de la legislatura


Santiago

Al presidente de la Xunta le espera un largo sábado por delante. A mediodía, Alberto Núñez Feijoo tomará posesión de su cargo por cuarta ocasión en el Parlamento, y después de las contenidas celebraciones obligadas por la situación sanitaria dedicará buena parte de la tarde a hacer no menos de once llamadas, tantas como conselleiros tiene ahora.

 Aunque puede que llegue a la docena o incluso a alguna más, porque cuando sustituye a algún conselleiro tiene la costumbre de contactar primero con el saliente para ofrecerle sus explicaciones; y a continuación al entrante, para darle las primeras recomendaciones, entre las que siempre cita la discreción. Si repiten los once con los que acabó la legislatura —así lo hizo en el 2016— pero llega a la docena de llamadas será porque sienta a un miembro más a la mesa del Consello da Xunta, y lo más probable es que esa incorporación tenga que ver de una u otra forma con la gestión de la pandemia, ya sea en el ámbito sociosanitario, en el económico e industrial o en el de las emergencias y la coordinación de seguridad.

La estructura con los segundos niveles de la Administración la irá desgranando en las próximas reuniones ejecutivas, y para las claves sucesorias habrá que esperar un poco más. Años, incluso, porque la intención de Feijoo es que cualquier cuestión al respecto se vaya sustanciando en el seno del partido, interrumpiendo lo menos posible la gestión del Ejecutivo. La única concesión la hizo en el 2012 al nombrar a Alfonso Rueda vicepresidente, pero no ha dado más pasos en ese sentido, y finalmente acabó asumiéndose ese movimiento como una cuestión práctica. 

En manos del presidente está hacer sufrir a alguno de sus colaboradores, como hizo hace cuatro años, cuando reservó algunos contactos telefónicos para el domingo por la mañana, muy poco tiempo antes de que los servicios de comunicación de la Xunta enviasen a los medios los nombres y currículos de los miembros del Gobierno. Todos ellos jurarán o prometerán su cargo este lunes en el pazo de Raxoi, la sede que Feijoo reserva para las citas institucionales más relevantes. Después se sentarán en un primer Consello de contacto que será de continuidad, porque a la gran mayoría de ellos les ha dado instrucciones en los últimos días para seguir trabajando con normalidad.

La presión, como siempre, recaerá en los puestos más calientes y los que más desgastan, como son los departamentos de Sanidade y Educación, pero la crisis del covid y el comienzo del curso académico parecen momentos poco propicios para un cambio que podría interpretarse como una autoenmienda. Sin embargo, a esas especulaciones -no informaciones- ha contribuido el propio Feijoo en los últimos días al admitir que la Xunta no ha estado a la altura en el regreso a las aulas, al no ofrecer todas las certezas que demanda la comunidad educativa. 

En teoría, ningún conselleiro en funciones sabrá en el momento de la toma de posesión del presidente si seguirá en el cargo, y no sería la primera vez que algún nuevo miembro del Gobierno tiene que regresar de urgencia a Santiago para estar en el acto del lunes. El líder popular ha logrado en los últimos once años preservar los nombres de las dos docenas de conselleiros que ha nombrado, y en cada crisis de gobierno se ha preocupado de no transmitir sus reflexiones. Sus asesores más cercanos conocen algunos contactos y el interés mostrado por el presidente por algunas personas, pero no manejan todas las opciones y en alguna ocasión ha sorprendido incluso a su círculo de confianza. 

Hombre de pocas pistas cuando se trata de prerrogativas presidenciales, la más evidente la ofreció hace pocos días en el Parlamento, cuando esgrimió ante los medios de comunicación su tesis de que los conselleiros, que iban en las listas de las cuatro provincias, han sido avalados ampliamente por los gallegos en las urnas. Pero ante una legislatura diferente también caben movimientos distintos. Ayer mismo, tras la Conferencia de Presidentes, aseguró que Galicia necesita un Gobierno en plenitud de funciones cuanto antes, y consideró lógico que tanto él como el vasco Íñigo Urkullu, que está en la misma tesitura, puedan «facer os cambios oportunos» para abordar la pandemia. El mismo argumento, el de la situación excepcional, le puede servir para justificar la continuidad total en el primer nivel para hacer bueno uno de sus mantras de campaña, «experiencia, non experimentos».

En todo caso, su amplia mayoría y absoluto control del partido y del grupo parlamentario le permiten influir y retocar la estructura de la Xunta a todos los niveles, y nunca desaprovecha la oportunidad de renovar rostros y buscar nuevos valores, ya sea en la cantera del Parlamento -el que entre en la Administración deberá entregar su escaño al siguiente de la lista del PPdeG- o en el ámbito municipal, al que ha recurrido en numerosas ocasiones. En esos puestos que cuelgan de las consellerías, ya sean direcciones o secretarías generales, o también las cinco delegaciones territoriales (A Coruña, Lugo, Ourense, Pontevedra y Vigo), podrían encontrar acomodo algunos de los posibles candidatos a ser cabezas de cartel en los municipios urbanos, haciendo compatible su cargo o puesto en el Parlamento con su proyección de cara a las municipales del 2023.  

Los intocables de Alberto Núñez Feijoo

Juan Capeáns

El presidente de la Xunta en funciones ultima estos días su noveno gabinete en once años, en el que resisten dos conselleiros y un pequeño grupo de confianza, apenas una docena; todos ellos, salvo sorpresa, repetirán

Alberto Núñez Feijoo compaginará la semana que hoy empieza la actividad parlamentaria y protocolaria de la toma de posesión con sus últimas reflexiones para formar el que será su noveno Gobierno desde que ganó en el 2009, hace once años y medio. Como ocurre con la fecha de las elecciones, el nombramiento de los conselleiros y de los segundos niveles de la Administración autonómica anima en los círculos de poder la feijoología, esa ciencia previsible, pero inexacta, que consiste en adivinar las intenciones del líder popular.

Pese al celo con el que protege sus meditaciones, con Alberto Núñez Feijoo la probabilidad de acertar es alta. En el 2016, tras su tercera mayoría, clavó el equipo que había terminado la segunda legislatura con el argumento de que todos sus miembros habían ocupado puestos destacados en las listas y, por tanto, los consideraba avalados por los gallegos para seguir en sus puestos. Esa misma pista la dejó caer días atrás. Pero poco tienen que ver las circunstancias de aquel año, cuando la premisa era apurar los plazos para intentar cerrar los primeros presupuestos expansivos después de dos legislaturas gestionando recursos muy ajustados. Ahora, también lo advirtió, les tocará «sufrir».

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