Dos años de fiscalización en los puentes gallegos tras el derrumbe de Génova

La Xunta y Transportes reforzaron sus contratos al carecer de medios propios

Obras de conservación en el viaducto de Noceda, en la A-6
Obras de conservación en el viaducto de Noceda, en la A-6

redacción / la voz

El pasado 14 de agosto se cumplieron dos años del espectacular colapso del puente Morandi, en Génova, que causó la muerte de 43 personas y un evidente efecto en la administración e inspección de las estructuras de paso (puentes y viaductos) en el ámbito europeo. España y Galicia no se han quedado al margen del pavor que produjo este derrumbe y, aunque tanto la Consellería de Infraestruturas como el Ministerio de Transportes tenían antes de este accidente protocolos y guías muy estrictos para la inspección y el mantenimiento de estas estructuras, el efecto de esta tragedia motivó un refuerzo de los contratos externos con los que llevan a cabo estas revisiones, pues tanto el Gobierno central como la Xunta admiten que no cuentan con medios propios para realizar una labor ingente.

La propia Consellería de Infraestruturas reconoce en un documento para justificar el contrato que licitó hace año y medio que la Axencia Galega de Infraestruturas «non dispón dos medios humanos e materiais necesarios para levar a cabo a citada actuación». Efectivamente, son necesarios ingenieros con al menos cinco años de experiencia en detección de patologías en estructuras y se precisan maquinarias o tecnologías muy especializadas para inspecciones de difícil acceso, de ahí que las administraciones -cada vez más adelgazadas- se vean obligadas a externalizar estos servicios. En este caso, las consultoras que llevan a cabo estas misiones cuentan con los elementos necesarios para estas inspecciones, que incluyen drones y otros elementos tecnológicos que reducen sensiblemente los costes y sirven para después intensificar la revisión cuando se detecta algún problema. En el caso de los puentes sobre lámina de agua también se prevén revisiones subacuáticas.

Además, la dimensión de los elementos a revisar es enorme. Solo las estructuras dependientes del Estado son unas 22.500, que incluyen desde grandes viaductos hasta pequeños pasos elevados. En el caso de Galicia, el contrato recientemente adjudicado prevé inspeccionar en los tres primeros años 940 estructuras con una longitud de 170 kilómetros en total. En Galicia, con su orografía tan particular, hay un elemento de este tipo cada tres kilómetros.

Sergio Couto es ingeniero y uno de los socios de la empresa K2, especializada en proyectos, pero también en estas inspecciones de alto valor añadido. De hecho es una de las dos compañías que resultaron adjudicatarias del nuevo contrato del departamento que dirige Ethel Vázquez para detectar eventuales defectos en el inventario autonómico de estructuras de paso. Couto está de acuerdo con que el suceso de Génova supuso un cierto punto de inflexión en la supervisión y mantenimiento de puentes. «Lo de Génova tuvo un impacto evidente. Los Gobiernos son más conscientes de que no solo hay que construir, sino que hay que cuidar y mantener. Es como en la medicina. La prevención es fundamental. Pero también es verdad que antes de Génova ya existían protocolos, inspecciones y guías», explica.

El tremendo trauma que supuso para la ciudad italiana ha servido también para que las administraciones «reparen en que tienen una responsabilidad por estos sucesos, no solo civil, sino también penal», añade Sergio Couto. Efectivamente, en el derrumbe del puente de Génova, la Fiscalía abrió una investigación a unas setenta personas, entre ellas los directivos de la concesionaria de la autopista. También hay que destacar que la ciudad del norte de Italia ya cuenta con un nuevo puente que sustituye al de Morandi, construido en tiempo récord y diseñado por Renzo Piano. El nuevo viaducto, bautizado como Génova San Giorgio, pudo construirse en menos de dos años -después de demoler los restos del que colapsó- gracias a que se trabajó día y noche durante todo el año salvo el día de Navidad.

Las administraciones ya supervisaban este tipo de estructuras, pero en los presupuestos de sus contratos para vigilancia de estos elementos se percibe un incremento presupuestario y unas condiciones de inspección más estrictas. Así, en el caso del Ministerio de Transporte se pasará de invertir 4 millones al año a 5,3, al tiempo que, al igual que la Xunta, se incrementa la duración de los contratos a cinco años, para que estas actuaciones se guíen por unos criterios uniformes y estables. En el caso de la Xunta, la consultoría se complementa con la elaboración de una guía para este tipo de inspecciones. Transportes, además, prevé un plan de mantenimiento para cada estructura.

Sergio Couto cree los puentes y viaductos en Galicia «tienen una nota alta en conservación» y que, gracias a las inspecciones, «los problemas serios se detectan».

La Xunta pide explicaciones al ADIF por la corrosión en el puente de Pontedeume

pablo gonzález
Corrosión en el puente metálico ferroviario de Pontedeume
Corrosión en el puente metálico ferroviario de Pontedeume

El administrador asegura que la estructura ferroviaria será inspeccionada este año y que su estabilidad no corre riesgos

Pandillas de jóvenes procedentes de la playa de A Magdalena, en Cabanas, circulan por la pasarela peatonal del puente ferroviario metálico de Pontedeume a media tarde. Poco antes, un solitario tren con destino Ferrol cruza esta estructura azul de tres vanos que se ha convertido en un icono, pero que el paso de los años -fue inaugurada en 1913- y el efecto del salitre han ido desgastando con las huellas visibles de la corrosión.

Los jóvenes cruzan despreocupados la pasarela, a una altura de unos 25 metros sobre la desembocadura del Eume, y se sientan a escuchar música muy cerca de las vías, aprovechando el escaso tráfico de la línea A Coruña-Ferrol, agravado por las escasas circulaciones programadas a causa de la pandemia. Si se supera el vértigo, son perfectamente visibles los múltiples tramos de vigas de acero que están desconchados por la corrosión, acentuada por su cercanía al mar. Distintos testimonios del mal estado del puente surgieron hace unos días en las redes sociales y el eco de estas denuncias llegó a la Consellería de Infraestruturas e Mobilidade.

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