Tomás Fernández-Couto: «Los incendiarios no son gente normal, pero eso no quiere decir que sean enfermos»

Susana Luaña Louzao
Susana Luaña SANTIAGO / LA VOZ

GALICIA

Sandra Alonso

El director xeral de Defensa do Monte reconoce que a los gallegos todavía les cuesta denunciar a unos delincuentes que, a su entender, son homicidas: «¿Quién le pone el cascabel al gato?», se pregunta

01 sep 2020 . Actualizado a las 13:20 h.

La campaña contra los incendios forestales en Galicia (Pladiga) arrancó este año con un dispositivo total de 7.000 personas; entre ellos, agentes forestales operativos al menos seis meses, uno más que el año pasado. El calor y la sequía de julio hicieron prever un verano muy difícil, aunque las lluvias de agosto aliviaron la situación. Al frente del operativo está Tomás Fernández-Couto (Ferrol, 1960), director xeral de Defensa do Monte de la Consellería de Medio Rural.

 -Se quemaron este año en torno a 5.000 hectáreas, un 48 % menos que el año pasado. ¿No se puede bajar la guardia o todo parece indicar que no va a ser un final de verano complicado?

-Llaman mucho la atención los fuegos grandes pero pasan desapercibidos los pequeños, y es importante recordar que el 75 % de los incendios de este año no llegaron a una hectárea. No fue una situación descontrolada, pero es imposible que, dependiendo de las condiciones de viento y calor, alguno no se complique, porque los vientos cambiantes dificultan mucho la extinción. Es verdad que en el mes de julio y principios de agosto tuvimos un número de incendios por encima de la media, pero luego la situación se estabilizó. Fue un verano que empezó muy temprano, con condiciones favorables para la propagación de incendios y una actividad incendiaria importante, pero con los resultados esperados.

-¿Siguen siendo los incendiarios la principal causa?

-Lo habitual es que los incendios aparezcan junto a una pista, y en distintos puntos y en los lugares de siempre. Hay muchas parroquias que en cinco o diez años no han tenido ningún incendio o, como mucho, uno al año. Esas son la mayoría. Pero hay otras, que hasta en los años de baja actividad registran de seis a ocho incendios. Y no hay nada que lo justifique, porque un jabalí no va con un mechero. Los incendios de generación espontánea no existen, y todo apunta, al menos en el 80%, a que son intencionados. En España, hay un número alto de incendios en el norte y en el noroeste. Los fuegos intencionados se dan por dos tipos de causas: o los provocan los pirómanos, que son enfermos, o los incendiarios, que son delincuentes. No creo que haya ninguna razón genética para pensar que en Galicia hay más pirómanos que en el resto de España. En cambio, incendiarios sí, porque aquí hay más incendios.

-¿Se sabe por qué?

-Me sigue costando entenderlo, después de tantos años. Galicia, con el 10 % de habitantes, tiene casi la mitad de los núcleos de población de España. Aquí, un incendio amenaza a la población. Yo creo que los incendiarios no son gente normal, pero eso no quiere decir que sean enfermos. El incendiario actúa muy cerca de donde vive o donde desarrolla su actividad, y conoce muy bien el territorio. Yo creo que, la mayoría de las veces, estamos hablando de economía del fuego. Es decir, eliminar gratis la vegetación. Pero hemos llegado a detener a personas que queman laderas para acceder a un lugar de pesca, o que provocan un incendio para ver actuar los medios, o para limpiar el monte, eliminar la fauna, renovar pastos, localizar marcos, beneficiar determinadas especies de animales, venganzas… Hay todo un catálogo. Pero los incendiarios que se detienen son delincuentes, y son delincuentes muy peligrosos para la sociedad, porque producen incendios en condiciones extremas poniendo en peligro muchas viviendas, con riesgo para la vida de la gente que está en el campo, en su casa o transitando por una carretera. Para mí, son homicidas, porque con su actuación delictiva crean un riesgo real para ellos y para otras personas. Actúan contra todo su entorno social. Y como es imposible que haya un funcionario las veinticuatro horas detrás de un ciudadano, es muy importante que la sociedad se conciencie y los denuncie. Hay un teléfono gratuito, el 900 815 085, para dar de forma anónima información de estas personas.

-¿Sigue habiendo miedo a denunciarlos?

-Sigue habiéndolo. En muchos sitios todo el mundo sabe quién fue o lo sospechan pero, ¿quién le pone el cascabel al gato?

-¿No es la colaboración ciudadana cada vez mayor?

-Sí, pero debería ser todavía mayor. La denuncia contra un incendiario puede ser equivalente al trabajo de muchas personas durante tres o cuatro años reuniendo datos o haciendo un seguimiento. Hay un gran nivel de concienciación para avisar de un fuego, pero hay pocas llamadas de denuncia de acciones incendiarias, y la sensación que a veces tengo es que en casi todos los lugares en los que hay incendios, hay sospechosos, pero no nos llegan esas denuncias. Las que hay son muy de agradecer, por supuesto, pero todavía la lucha contra los incendiarios se basa en la accción policial y en la de las brigadas de agentes ambientales.

-¿Cada vez se esclarecen más incendios?

-Para esclarecer un incendio, muchas veces es necesario haber investigado en profundidad quince, veinte o cincuenta fuegos en ese entorno. En este momento hay más de noventa líneas de investigación abiertas, pero es una labor compleja porque, además, son personas muy conocedoras del terreno; muchas veces, más que los operativos de extinción y los policiales. Los resultados son cada vez mayores, pero esto no es como poner una multa de tráfico, requiere una labor muy compleja de investigación.

-Las parroquias consideradas de alta actividad incendiaria bajaron de 71 a 28. ¿Por qué?

-El concepto de parroquia de actividad incendiaria es una manera de llevar a la norma la realidad de la concentración de los incendios. En esas parroquias no hay permisos excepcionales de usos en los terrenos quemados y tienen mayores labores de vigilancia. Hay unos protocolos rígidos de entrada y salida. Se diseñaron con dos ámbitos de entrada: uno, el número de incendios (más de siete al año de media, que es un disparate), y el otro, la entidad de esos fuegos, que superan la media. Para que una parroquia entre en ese concepto administrativo tenemos que tener datos de medias de los últimos cinco años. Cuando durante dos años seguidos los datos de esa parroquia están por debajo de la media, salen de ese registro. Los dos últimos años fueron de baja actividad incendiaria, de manera que hubo bastantes parroquias que bajaron de la media. Eso para nosotros es un indicador importante, porque las parroquias que, pese a esas condiciones, siguen estando en el listado, es porque tienen una actividad incendiaria muy alta, y nosotros de ahí sacamos información. Si durante un solo año la actividad incendiaria vuelve a superar la media, esa parroquia, automáticamente, vuelve a entrar.

-¿Qué pasa en el sur de Ourense y norte de Portugal?

-Siempre fue una zona conflictiva. Ahora tiene menos incendios, pero cuando las condiciones ayudan, allí vuelve a haber intensidad incendiaria. Las causas, tanto del lado portugués como del gallego, parecen ser las mismas: la eliminación del matorral. El pastoreo extensivo, bien gestionado, es una herramienta tremenda contra el fuego, pero cuando en una zona hay una intensa actividad de pastoreo y es de alta actividad incendiaria, es imposible no llegar a la conclusión de que el pastoreo no está relacionado con los incendios.

-¿En qué proporción bajaron los incendios en los últimos años?

-Lo vemos por decenios. Desde hace 25 años, cada diez hubo una disminución importante. Llegamos a tener 15.500 incendios en un año, en 1995. En la década de los 90 oscilaban entre los 9.000 y los 15.000 al año, pero en los diez siguientes ya estábamos en torno a los 7.000, y ahora, en torno a los 3.000. Disminuyen por muchas razones, pero supongo que todo lo que estamos haciendo en prevención, extinción y vigilancia tiene mucho que ver.

-¿Hay controles para que no se plante eucalipto de forma discriminada?

-El eucalipto es una especie forestal que en Galicia genera una economía importante. Creo que los gallegos tenemos que decir que, afortunadamente, el eucalipto se da muy bien aquí. Hay muchísimos gallegos que viven del eucalipto. Dicho esto, no todo el terreno lo podemos llenar de eucalipto. La patata está muy bien pero a nadie se le ocurre llenas las fincas solo de patatas. El eucalipto crece muy bien pero con los incendios tiene un comportamiento que, muchas veces, dificulta las labores de extinción. La ley en Galicia establece dónde no puede haber eucalipto por seguridad de las personas y por una estructuración mínima del territorio, pero hay que reconocer que hay un nivel bajo de cumplimiento. No los puede haber a quince metros de cualquier río de dos metros de ancho, pero los hay. A cincuenta metros de las viviendas aisladas no puede haber ni pinos ni acacias ni eucaliptos, pero los hay. Creo que hay mucha información tergiversada e interesada. Desde el que defiende el eucalipto a capa y espada y dice que puede haber eucaliptos en cualquier sitio, cuando eso no es cierto, hasta el otro extremo, el que considera que es malísimo y hay que erradicarlo de Galicia, y tampoco es así. Es una fortuna para Galicia que se dé bien porque hay mucha gente que vive de eso y genera mucho empleo, pero de ahí a pensar que vale para todo, no.

-¿Cuáles son los objetivos para la legislatura que empieza?

-Hablamos de virtualidades, porque todavía estamos sin constituir gobierno. Pero en todo caso, hay un programa. Por un lado, hay una dirección general centrada en la defensa del monte, lo que supone un refuerzo de las capacidades. Y esta dirección general tiene dos subdirecciones, con una centrada en la prevención, para potenciar ese campo. Hay una línea importante enfocada en mejorar la coordinación, para hacerla más eficaz, y tenemos que seguir ampliando los medios tecnológicos. En el ámbito de la prevención tenemos que avanzar mucho en estos próximos cuatro años. Dentro de nuestras competencias está el coordinar y promover el cumplimiento, por parte de los distintos agentes y de las otras Administraciones, de sus obligaciones en prevención, así como mejorar la concienciación y las labores preventivas, aunque no estén directamente obligados por ley. Promover la prevención, tanto la propia como la ajena. Tanto de lo que hay que hacer por ley, como de aquellas cuestiones que son recomendables.