Los ciberdelitos se triplican en Galicia en apenas cuatro años

Es la sexta comunidad que más denuncias registró


redacción

El 84 % de los gallegos tienen acceso a Internet, un porcentaje que se ha incrementado en los últimos años trayendo de la mano un aumento de las compras por la red. Basta repasar el informe

La Sociedad Digital 2019 para comprobar como un 39,2 % de los gallegos utilizaron el comercio electrónico el año pasado, un 20 % más; es decir, dejaron en algún momento sus datos bancarios. Y mientras son más quienes se mueven en un escenario virtual, los ciberdelincuentes van a la par. Los delitos cometidos a través de la nube o en la red se han disparado en los últimos cuatro años. No solo lo ha hecho en España. También en Galicia.

Lo dicen los datos del Estudio de Cibercriminalidad en España que acaba de publicar el Ministerio del Interior. Con datos del 2019, Galicia estaba en el sexto puesto del ránking de comunidades con mayor número de hechos de este tipo denunciados, al alcanzar los 11.631, el triple de los registrados tan solo cuatro años antes (4.065 en el 2015, único dato comparable porque solo hay estadísticas de esos dos ejercicios). A Coruña es la provincia que registró más sucesos, prácticamente la mitad de todo el territorio gallego, con algo más de 5.600 casos.

Esa evolución va en consonancia con lo ocurrido en el resto del Estado, donde el número de hechos notificados fue de 218.032. Un 88,1 % se corresponde con fraudes informáticos o estafas, y el apenas el 6 % con amenazas y coacciones. El dato supone más del triple que en el 2015, cuando se denunciaron 60.154 ciberdelitos.

Durante esos cuatro años también han variado las comunidades más expuestas a la acción de los delincuentes que operan en la red. Mientras en el 2015, por ejemplo, era Andalucía la que encabezaba el ránking con 11.178 hechos denunciados, la sexta parte del total; el año pasado fue Cataluña la que le arrebató el puesto, al contabilizar 41.577 hechos. Su rápido ascenso se debe a que ahora se contabilizan también las denuncias recibidas por los Mossos d'Esquadra, lo mismo que ocurre en País Vasco con los casos denunciados ante la Ertzaintza. De ahí que esa comunidad haya pasado en tan solo cuatro años de ser la que menos número de ciberdelitos registraba a ocupar el quinto puesto, justo por encima de Galicia.

De cargos en la tarjeta de crédito a páginas falsas que ofertan productos que escasean

Justo antes de decretarse el estado de alarma en marzo, en la sala de espera de una comisaría coruñesa varias personas aguardaban para presentar una denuncia. El motivo que los había reunido allí era el mismo prácticamente para todos: alguien había realizado diversos cargos en su tarjeta de crédito desde países tan diversos como Estados Unidos o Reino Unido. En los últimos años esos casos se han vuelto cada vez más habituales. De hecho, uno de cada tres ciberdelitos denunciados tienen que ver con estafas relacionadas con el dinero de plástico.

Cuando esto sucede, lo primero que hay que hacer es acudir al banco a pedir un extracto de movimientos con el que luego acudir a la comisaría para presentar la denuncia. Esta deberá presentarse posteriormente en la entidad financiera para que haga la reclamación al seguro de la tarjeta. El tiempo de espera por el reintegro de las cantidades sustraídas varía según el caso y la entidad.

Otras casuísticas

Pero más allá de esos delitos, hay otros que están directamente relacionadas con el auge del comercio electrónico. En este sentido, cada vez son más las páginas falsas que ofrecen productos de marca con atractivos descuentos que no son más que un gancho para que el cliente haga un pedido que, al final, nunca termina por llegar. Al principio del confinamiento también proliferaron páginas que ofertaban productos agotados en el mercado como geles o mascarillas. A los que hicieron pedidos les sucedió lo mismo que los anteriores: su encargo no tocó nunca el destino.

Otro de los métodos de estafa que se ha disparado en los últimos meses es el envío de correos en los que se ofrecen bonos descuento. Suelen remitirlos a aquellos que están atravesando dificultades económicas, o esperando una prestación. Al aceptar el bono, los ciberdelincuentes envían a sus víctimas a una página en la que roban los datos bancarios.

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