58 concellos gallegos registran cada año más muertes que nacimientos desde la Transición

Otros cinco no tienen crecimiento vegetativo positivo desde 1975, pero han conseguido algún año de saldo cero

Un joven en la plaza principal de Guitiriz, uno de los municipios que no conoce el saldo vegetativo positivo desde 1975
Un joven en la plaza principal de Guitiriz, uno de los municipios que no conoce el saldo vegetativo positivo desde 1975
André Siso Zapata
redacción / la voz

La natalidad en Galicia lleva en caída libre desde el 2008. En aquel año se superaron los 23.000 alumbramientos. En el 2019, según los datos provisionales del Instituto Galego de Estatística (IGE), hubo menos de 16.000. Con los fallecimientos anuales rondando o por encima de los 30.000 desde hace años, la comunidad lleva tres décadas instalada en un saldo negativo en lo que respecta al movimiento natural de la población (el que relaciona nacimientos y muertes).

En algunos municipios la situación es aún más extrema. 58 concellos gallegos no han tenido un saldo vegetativo positivo desde que se inauguró la Transición. Es decir, en toda la serie de datos del IGE, que arranca en el año 1975, siempre han registrado más muertes anuales que nacimientos. De ellos, la mitad (29) pertenecen a la provincia de Ourense, y otro 43 % (25 ayuntamientos), a la de Lugo. En la lista se cuelan tres municipios pontevedreses (Rodeiro, Covelo y Forcarei) y uno coruñés (Moeche).

A este grupo puede sumarse, en la provincia de Pontevedra, Cerdedo, concello recientemente fusionado con el de Cotobade. La unión no ha revertido la tendencia negativa que Cerdedo arrastra desde 1975 (Cotobade no está en positivo desde 1979).

Pero además, otros cinco ayuntamientos ourensanos tampoco saben lo que es oficiar más bautizos que funerales en los últimos 44 años. Ribeira de Piquín, Baños de Molgas, Entrimo, Amoeiro y Vilamartín de Valdeorras solo han visto interrumpida su racha de signos negativos por uno o dos años de saldo cero, es decir, de empate técnico en la cifra de nacidos y fallecidos.

En el extremo contrario, Arteixo y O Porriño siempre han tenido crecimiento positivo.

Familias con varios niños paseando por el centro de Arteixo
Familias con varios niños paseando por el centro de Arteixo

La cara: Arteixo, 44 años de crecimiento continuo

«Llegamos por trabajo y nos quedamos por la calidad de vida»

Arteixo se ha convertido en uno de los municipios de Galicia más atractivos para los adultos jóvenes, que llegan a la zona por cuestiones laborales. Es el caso de Montse, nacida en Cariño y que lleva ya diez años viviendo en este ayuntamiento coruñés junto a su marido. «Decidimos venir aquí por dos razones: La primera, por trabajo. La segunda, porque nos enamoramos de una casa y pensamos que era la oportunidad perfecta», dice.

Para ella y para muchas otras familias, este ayuntamiento representa una unión perfecta entre el trabajo y el ocio. «Estamos a un paso de A Coruña y a un paso de todos los accesos que llevan a otros puntos de Galicia, Para eso es perfecto», comenta Montse.

Su caso no es el único de una pareja joven trasladada a vivir en Arteixo de forma indefinida. El municipio lleva décadas resultando atractivo para establecer un hogar fijo donde criar a los hijos. Cristina, madre de una niña, comenta que esta es una de las razones por las que hay tantos niños y niñas viviendo en el lugar: «Como muchos, mi marido y yo llegamos por temas de trabajo y nos acabamos quedando por la buena calidad de vida. Es un sitio genial para que nuestros hijos crezcan, al mismo tiempo que tenemos facilidades para trabajar».

El concello, que en el 2010 llegó a contabilizar 192 nacimientos más que muertes, llena sus parques de niños y niñas cada tarde de buen tiempo, mostrando la popularidad que tiene como un lugar donde la vida arraiga y las familias disfrutando son la estampa dominante.

Un joven y una niña en la plaza cercana a la iglesia de Guitiriz
Un joven y una niña en la plaza cercana a la iglesia de Guitiriz

La cruz: Guitiriz, el drama del rural

«Cando eu ía á escola eramos máis de 700 rapaces. Hoxe só quedan 200»

Guitiriz representa el caso opuesto. Aquí se han registrado más fallecimientos que nacimientos cada año desde hace 44. Para sus habitantes, el problema reside en la «despreocupación política do rural». Son palabras de Susana, dependienta de una tienda en el centro del pueblo. Las consecuencias, según ella, son evidentes: «Cando eu ía á escola eramos máis de 700 rapaces. Agora non hai más que 200».

En este municipio lucense, sin embargo, no reina el pesimismo. La sensación más repetida, a pesar de que los datos no lo muestran todavía, es que la infancia puede estar abriéndose paso. «Non sei por que, pero aquí temos a sensación de que, pouco a pouco, vanse vendo máis nenos», comenta José María, un abuelo que baja diariamente a sus nietos a un parque cercano a la iglesia. No es el único caso, ya que tanto Susana como María, una madre que pasea con su hijo por delante del ayuntamiento, apoyan esta teoría. «É certo que se ven máis nenos xogando nas prazas desde hai cinco ou seis anos», afirma la primera.

Los tres coinciden en cuál es el problema principal: todos los jóvenes que se crían en esta zona se ven obligados a marcharse en cuanto terminan sus estudios. La falta de trabajo en Guitiriz y alrededores contribuye a la despoblación y a la pérdida de juventud en las zonas rurales. Aún así, algunos relativizan la situación: «Aínda non estamos tan mal», dice Jose María. «Todo o rural sufre esta desgraza, pero nós somos dos que mellor estamos. Somos cabeza de rato, como se acostuma dicir», asegura.

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