«Mi tío no puede entrar en su casa. Lo denuncian los okupas»

Al principio, fueron tres personas las que accedieron ilegalmente a una casa en una parroquia de Pontevedra. Ahora residen siete


pontevedra / la voz

Fue una vecina quien rompió la tranquilidad de la Ángeles Durán hace aproximadamente mes y medio al revelarle que un grupo de okupas habían tomado la casa de su tío en el número 35 de A Ruibal, en la parroquia de Salcedo, en Pontevedra a unos doscientos metros de la suya. «Fui allí y estaba todo cerrado a cal y canto. Otro vecino me dijo que veía luz desde hacía una semana. Llamamos a la policía, pero como era fin de semana nos dijo que teníamos que esperar hasta el lunes para poner una denuncia», cuenta. Además, Ángeles se lo tuvo que comunicar a su tío, una persona de edad avanzada y que no reside en esta vivienda desde hace año y medio: «No entiende que no puede acceder a su vivienda. Mi tío no puede entrar en su casa ni a coger un abrigo porque lo denuncian los okupas».

En un momento dado, la pontevedresa se entrevistó con estas personas, que inicialmente eran tres, una cifra que se ha incrementado en los últimos días hasta las siete, con varios perros. «Me dijeron que la casa estaba desocupada, que el propietario estaba fallecido, lo que es mentira, y que les habían dado permiso, pero no me dijeron quien. El propietario, no, desde luego», denuncia.

Si inicialmente todas las persianas permanecían cerradas, desde un tiempo a esta parte, «está todo abierto, reventaron todas las cerraduras, al igual que la puerta de una bodega». A estos daños, Ángeles Durán suma otras sospechas: «Me consta que mi tío tenía dinero, así como una caja fuerte y toda su ropa. Todo lo que les está estorbando lo están tirando por la ventana». Lo cierto es que el jardín se ve plagado de papeles y enseres. También hay prendas de vestir colgadas de las ramas de los árboles próximos.

«El problema lo está teniendo mi tío para demostrar que la casa es suya. La demanda está puesta, pero el juzgado está parado», explica la sobrina. Ángeles lamenta además tener que sufragar los gastos de luz y agua que generan los okupas ante el riesgo de una denuncia. «Es más, tenía un montón de cartas en el buzón y la abogada me dijo que ni se me ocurriese cogerlas porque no puedes tomar correspondencia ajena. En cambio, he visto que ellos han cogido todas la cartas y no se qué han hecho con ellas».

Responde con un contundente «la verdad es que sí» cuando se le pregunta si se siente desprotegida. «Entiendo que haya gente que necesite un sitio para vivir, pero ni son las formas, ni que pueden campar a sus anchas y tú no puedas hacer nada. Si les cortas el agua o la luz, ellos pueden denunciarte por acoso. Hace que hierva un poco la sangre. ¿La ley a quién protege? Desde luego, al propietario, no». Vecinos de este entorno se muestran convencidos de que son profesionales de la okupación, ya que habrían hecho lo mismo en otras viviendas.

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