Un histórico de las planeadoras de Pontevedra, entre los detenidos en la Operación Bateas

Viajaba a bordo del velero interceptado en alta mar con 1.200 kilos de cocaína cargada en Cabo Verde, junto con otros nueve ciudadanos españoles, un portugués y una mujer brasileña

Uno de los detenidos a su llegada este martes a la Base Naval de Las Palmas de Gran Canarias
Uno de los detenidos a su llegada este martes a la Base Naval de Las Palmas de Gran Canarias

Entre los doce detenidos en la Operación Bateas, que llevó al apresamiento en alta mar del velero Nergha con 1.200 kilos de cocaína cargadas cerca de Cabo Verde, figura un histórico patrón de planeadoras relacionado con el narcotráfico en Galicia. Es uno de los detalles revelados este martes en la Base Naval de Las Palmas de Gran Canaria por responsables del operativo, realizado conjuntamente por la Policía Nacional, la Guardia Civil y Vigilancia Aduanera.

Cinco de los apresados fueron localizados a bordo del barco: tres personas de nacionalidad española (dos hombres y una mujer), un hombre portugués y otra mujer brasileña. El inspector Emilio Rodríguez, jefe del Greco (Grupo de Respuesta Especializada contra el Crimen Organizando) en Galicia, explicó que les sorprendió encontrar en el velero a un histórico de las planeadoras en Pontevedra, aunque su nombre y apellido no ha sido desvelado. Se trata de un hombre con un largo historial de relación con el narcotráfico que, según detallaron, no estaba entre las cuatro personas que habían partido en el barco en junio desde el puerto de Cobres en Vilaboa (Pontevedra) en un supuesto viaje de placer.

Los responsables de la operación sospechan que este experto en lanchas rápidas se sumó a la expedición ya en el mar, en un barco procedente de una isla del Caribe desde el que se trasvasó la carga de cocaína. La policía cree que su función en el viaje de regreso del velero a Pontevedra era actuar como «notario» del grupo colombiano que entregaba la droga, acreditar su carga en el velero y acompañarla hasta su desembarco en el punto de destino, Galicia.

En tierra se detuvo a otras siete personas, todas ellas de nacionalidad española. Todas esas detenciones tuvieron lugar en territorio gallego. 

El velero interceptado a unos 1.800 kilómetros de las Islas Canarias había cargado la droga a unas seiscientas millas de Cabo Verde y se dirigía a Galicia bajo la tapadera de un viaje turístico de dos parejas. Pero el miércoles pasado, 29 de julio, la embarcación fue abordada por un comando de asalto con el apoyo del buque Rayo de la Armada.

En ese momento, explican las autoridades, el barco se encontraba en condiciones de navegación muy precarias, casi a la deriva, con algunas velas rotas y el motor fuera de servicio. «Sus tripulantes lo habrían a pasado muy mal de no haber aparecido el barco de la Armada. En este caso casi que se puede decir que los han rescatado», resumió el comandante de la Guardia Civil Jaime Relanzón, uno de los oficiales que han coordinado la operación desde Las Palmas de Gran Canaria.

Tanto los cinco detenidos en alta mar como el alijo están ya en el archipiélago, tras arribar el buque Rayo en la mañana del martes a la Base Naval de Las Palmas.

El alijo de Cabo Verde se negoció con proveedores sudamericanos antes de iniciar el confinamiento

Javier Romero
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Teléfonos satelitales y mensajería encriptada suplían las citas en persona; el barco nodriza cargó los 1.200 kilos frente a Surinam

No había vuelta atrás. Tan solo era cuestión de tiempo por dos razones. Pasar lo antes posible el confinamiento para recuperar la libertad de movimientos y cerrar la puesta a punto del velero llamado a recoger los 1.200 kilos de cocaína requisados el miércoles en su interior. Matriculado en Vigo, el Nergha llegó al náutico de Vilaboa a finales del año pasado tras encallar misteriosamente, y de noche, a 300 metros de A Illa de Arousa. Buena parte de los 12 detenidos (cinco en el barco y siete en Galicia) tuvo ojos en la nuca desde enero y, ya durante el confinamiento, apenas necesitaron realizar movimientos que a su entender despertarían sospechas. El negocio con los proveedores en Sudamérica estaba cerrado: precio, porcentajes de ganancias, cobrar en efectivo o especias y la necesidad de enviar a un integrante de la organización gallega de garante por si algo salía mal.

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