Cae un velero gallego con 1.200 kilos de cocaína cargados en Cabo Verde

GALICIA

Alijo en el barco Titán III
Alijo en el barco Titán III Ángel Medina G.

Zarpó desde la ría de Vigo y paró en Cascáis y Cádiz antes de llegar a África

31 jul 2020 . Actualizado a las 12:12 h.

El último golpe policial al narcotráfico gallego pesa 1.200 kilos de cocaína. De entrada, el alijo viajaba a bordo del velero Nergha, que fue interceptado a 1.000 millas al oeste de las Islas Canarias y al sur de las Azores. Dentro, además del perico, cinco tripulantes que fueron detenidos de forma inmediata. Ocurrió en la madrugada del miércoles y, ya ayer por la mañana, se realizaron siete registros en otros tantos inmuebles de las Rías Baixas en medio de un visible dispositivo policial, principalmente en O Salnés. Concretamente en viviendas de Cambados, Vilanova de Arousa, Caldas de Reis, Moaña o Redondela. Todo se aceleró hace pocos días en Madrid, cuando Aduanas detectó al Nergha regresando por el Atlántico desde algún punto de Sudamérica. Se trasladó la información a las investigación para diseñar el operativo de abordaje en colaboración con la Armada, que facilitó el barco Bam Rayo para salir en su caza. Ya al sur de las Azores, fue visto y asaltado toparse con el enésimo porte de polvo blanco interceptado en el Atlántico antes de su descarga en Galicia.

Los ocho meses de investigación permitieron afinar la forma de trabajar de la organización desmantelada, también sus intenciones criminales e identificar el medio de transporte que usarían para hacer llegar a España una importante partida de cocaína. Ya en el segundo trimestre del año, en pleno confinamiento por la pandemia que encerró al país, se constató que el Nergha se sometía a procesos mecánicos llamados a mejorar sus prestaciones en travesías de largo recorrido. «Se sometió a reparación y transformación en diferentes puertos de la provincia de Pontevedra», explica la investigación, que identificó a cada integrante y les atribuyó roles hasta diferenciar niveles internos. «En un escalón superior de la pirámide dirigían la estrategia con los proveedores para cargar el estupefaciente», en referencia a los presuntos cerebros de esta trama transoceánica.

El Nergha, matriculado en Vigo, zarpó del puerto de Cobres (Vilaboa) y atravesó la ría de Vigo el 16 de junio. Lo siguiente fue descender en paralelo por la costa de Portugal hasta llegar a Cascáis (Portugal) para hacer escala. Bajar hasta el Algarve, seguir costeando por Huelva y llegar Cádiz supuso el siguiente tramo y escala. A partir de ahí comenzaba lo complejo de la travesía. El velero entró en aguas africanas para deslizarse por el filo de la navaja hasta Cabo Verde. Los cinco tripulantes no pretendían, dados los 1.200 kilos de evidencias blancas, disfrutar únicamente de sus aguas azul turquesa. Lo único seguro es que ya ubicado a unas 600 millas al oeste de Cabo Verde «recibió el cargamento de droga», que había partido de algún punto por determinar de la costa de Sudamérica.

Regreso

Una vez preñado el barco con 39 millones de euros en cocaína se puso rumbo al norte. Todo indica que a algún punto próximo a Galicia o puerto, siempre simulando una travesía más entre amigos propia de cualquier verano. Pero la cortina de humo se disipó y, al poco tiempo de trasvasar la mercancía, los cinco custodios del alijo atisbaron por la proa y a los lejos el buque de la Armada. La sorpresa saltó ya a bordo, la investigación identificó a los cuatro tripulantes que zarparon en junio desde la ría de Vigo (dos españoles, un portugués y un brasileño). No contaban con el quinto tripulante, también español, «del que se desconoce el medio utilizado para llegar al velero». Ahora, el Nergha, custodiado por la Armada, navega hacia al puerto de Las Palmas para, la próxima semana, completar su registro y concretar de manera precisa el peso de la droga incautada.

Una trayectoria sospechosa del barco en diciembre inició el caso en la Audiencia Nacional

La investigación, bautizada operación Bateas, se judicializó en el Juzgado Central 4 de la Audiencia Nacional. Todo empezó el pasado diciembre cuando el velero aprehendido llamó la atención de los investigadores en Galicia tras una navegación errática cerca de las costas gallegas. La tripulación del Nergha se vio obligada a solicitar el apoyo de Salvamento Marítimo para llegar a puerto en un contexto y circunstancias que no cuadraban a ojos de las unidades policiales que integran la investigación —Servicio de Vigilancia Aduanera, Policía Nacional —Unidad de Drogas y Crimen Organizado (UDYCO) de Pontevedra y Brigada Central de Estupefacientes (BCE)— y la Guardia Civil —Equipo Contra el Crimen Organizado (ECO) en Galicia y Equipo de Delincuencia Organizada y Antidroga (EDOA) de Pontevedra—. Era el día el 27, sobre las 20.00 horas, ya de noche al ser diciembre, cuando el velero encalló entre unas rocas próximas al muelle de O Aguiúncho, en A Illa de Arousa, siendo sus tres tripulantes rescatados. La peripecia, que ocurrió a 300 metros de la costa, incluso contó con la ayuda de un barco bateeiro. El velero se construyó en el 2017 y tiene una eslora de 15,78 metros y una manga de 4.68 metros. Cuenta con cinco camarotes y capacidad para una docena de personas. Así lo exponen en la Red una compañía de Vigo, especializada en náutica, que explotó el velero hace tiempo y que ya no le pertenece.

La operación Bateas supone la enésima constatación de que la vía marítima sigue entre las más usadas para introducir cocaína en Europa a través de Galicia o mediante gallegos. Tal es la gravedad de la situación que incluso los expertos que se mostraban más escépticos sobre el uso de barcos, incluso defendiendo que su utilización era poco menos que residual en favor de los contenedores, han tenido que rendirse a las evidencias. De los tres alijos de este año —3.700 kilos en marzo, 4.500 en abril y los 1.200 del miércoles— ni un gramo llegó en contenedor. De los 15.000 kilos requisados en el 2019, ni una décima parte.