El primer macroalijo del confinamiento revela el poder de otra joven generación

El velero, tras descargar la coca frente a Arousa y A Guarda, se hundió para ocultarlo


vigo

3.700 kilos de cocaína retirados del mercado; persecución de planeadoras por mar y aire a la luz de la luna en Arousa; fardos a la deriva por la ría y numerosos detenidos. Entre ellos, Antolín Fernández Pajuelo, histórico entre los históricos de la cousa nosa. Así fue el primer macroalijo decomisado en Galicia durante el confinamiento (28 de marzo). Pero más allá de la épica operativa, incluso del millonario decomiso, la investigación implica por encima de todo, al menos para Galicia, expulsar del negocio a dos organizaciones autóctonas y asociadas con abundantes medios y cuantioso efectivo. También con los contactos idóneos, ya entre proveedores de Sudamérica, para negociar de tú a tú el envío de grandes remesas de polvo blanco a la Península.

Fernández Pajuelo, desde A Guarda, lideraría la primera rama criminal, encargada de comprar el velero Benirras, capitanearlo hasta Sudamérica y regresar preñado de fardos. La gran sorpresa saltó durante el desconfinamiento por avances en la investigación, bautizada operación Lince-Tuneladora y dirigida por la Unidad de Drogas y Crimen Organizado (UDYCO) de la Policía Nacional de Pontevedra y el Equipo de Delincuencia Organizada y Antidroga (EDOA) de la Guardia Civil de Pontevedra. Ya la segunda rama criminal, concluye el sumario, se ubica en la capital de Arousa y atribuye a Carlos Silla un papel relevante. Un joven vecino de Vilagarcía con la ficha policial inmaculada que, de ser culpable, confirmaría la enésima irrupción de otra joven generación gallega en la rueda del narcotráfico mundial.

De entrada, Silla, se ha fugado y está en busca y captura tras no ser localizado en su residencia habitual, en Madrid, por los agentes desplazados recientemente para detenerlo: «Entre las personas que ocuparían un lugar preferente en este entramado criminal no se debe obviar a Humberto Guerrero (de Perú), que junto a Carlos Silla ocuparían dicha posición jerárquica preferente», sostiene la causa. A Guerrero, igualmente, se lo ha tragado la tierra. Ambos serían la punta del iceberg de una nutrida organización en la que Silla (1986), a sus 34 años, ejercería de líder. Un caso de precocidad similar al de Agustín Álvarez (1990), el vigués que cumplió 30 años al timón del primer nacorsubmarino interceptado en Europa.

Navegando juntos

El rol atribuido a Carlos Silla se desgrana a lo largo del procedimiento instruido en el Juzgado número 2 de Cambados. Lo primero al situar a Pajuelo y Silla en el Benirras el pasado diciembre, precisamente pocos días después de interceptarse el semisumergible en la ría de Aldán. Un aviso internacional alertó de un posible porte de cocaína en la bodega del velero, pero los efectivos movilizados de la Guardia Civil y de Vigilancia Aduanera no encontraron nada. Incluso se custodió hasta el Club Náutico de Portonovo (Sanxenxo), su puerto base, para registrarlo también sin éxito. Los meses siguientes conllevaron mucho más trabajo de campo, sobre todo en febrero. Ahí se constata que Silla «es el auténtico propietario y armador del velero por su actitud y mando en las reparaciones, ordenando y dando instrucciones».

Ya a finales de mes, el Benirras habría dejado Galicia con Pajuelo y Daniel del Río a bordo. Llegaron a Sudamérica, cargaron el alijo, subieron a bordo al peruano Oswaldo Tapia y regresaron, tras un mes de singladura, para situarse a 110 millas de la isla de Sálvora, concreta la investigación. Lo siguiente, sobre las 4.50 horas de 28 de marzo, fue descargar a Oswaldo Tapia y casi todo el alijo en las dos planeadoras intervenidas, con la ayuda de Aduanas, tras darles caza en la ría. Pero pasaban las horas y el velero no aparecía. No fue hasta el día siguiente, a las 7.00 horas, cuando se vio llegar al puerto de A Guarda a Pajuelo y Del Rio en una zódiac de cuatro metros. En el pantalán esperaba Alberto Fernández Pajuelo, su hermano, entre otros. Policía Nacional y Guardia Civil arrestaron a todos a las pocas horas.

El radar exterior de la Comandancia de la Guardia Civil de Pontevedra hizo el resto al ubicar al Benirras trazando una estela «errática que finaliza con su hundimiento». El naufragio se consumó a las 16.28 horas del mismo 29 de marzo, nueve horas después de que Antolín Fernández Pajuelo, concluye el informe técnico, provocase una vía de agua en el casco para enterrar la que sería la mayor prueba incriminatoria contra él, sus colaboradores y presuntos socios ya en la parte alta de las Rías Baixas.

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