Chicos del 95, la generación que trata de convertir obstáculos en oportunidades

Miguel, Mariana, Carmen y Elías son, a sus 25 años, el futuro de Galicia

Carmen, Mariana, Elías y Miguel posan en la escalera de A Quintana, en Santiago, para el Día de Galicia
Carmen, Mariana, Elías y Miguel posan en la escalera de A Quintana, en Santiago, para el Día de Galicia

redacción /la voz

Nacieron el año en el que un 25 de julio como hoy de hace 25 años la Universidade de Santiago recibía la medalla de oro de Galicia con motivo de su V Centenario, el mismo día en el que los 1.200 soldados de la agrupación Galicia destinados en Mostar (Bosnia y Herzegovina) abrían un lote de productos galaicos para celebrar el Día del Apóstol. Miguel Fernández Labrada, Mariana Fernández Fernández, Carmen Martínez Mosteiro y Elías Garrote Lamigueiro son chicos del 95, una generación a la que la crisis del 2008 pilló en plena adolescencia. Tenían solo trece años, pero dicen los que pasan de cuarenta que ahora la pubertad ha cogido carrerilla para convertir antes de tiempo, su tiempo, a los niños en jóvenes rebeldes. La adolescencia es para eso, para no conformarse. Es el único modo de avanzar.

La lección la aprendieron al ver como, tras aquel año convulso, sus padres tuvieron que apretarse el cinturón o como chicos que tenían la edad que ellos tienen ahora tenían que hacer la maleta como única salida para hallar trabajo. De ese modo aprendieron a convertir los obstáculos en oportunidades. La crisis del coronavirus covid-19 es el último que han de sortear. Pero aunque haya días con nubes negras, «malo será».

Es lo que se concluye al escuchar su intercambio de experiencias en una charla de bar. Las tertulias, aunque parezcan cosas del XIX, no han muerto. Solo que ahora las llaman «quedar para tomar algo». Y a sus 25 años tienen ya mucho que contar. Porque nadie les ha regalado nada.

Miguel comenzó a trabajar a los 18 manejando maquinaria en una cooperativa y ahora, además de estar en la explotación láctea de la familia en Pol, es ingeniero agrónomo, técnico de investigación y doctorando en Investigación Agraria y Forestal de la Escola Politécnica del Campus Terra de la USC.

Mariana, aspirante a azafata de vuelo tras estudiar Tripulante de Cabina de Pasajeros, tuvo ayuda de sus padres para pagar la matrícula, pero fue compatibilizando desde los 17 años sus estudios con el trabajo en la hostelería, un sector que aunque no es el suyo dice que le ha abierto muchas puertas.

Elías es diseñador gráfico, estudió un ciclo Superior de FP de Diseño de Videojuegos, Animación 3D y Entornos Interactivos y ahora tiene un trabajo estable en el sector audiovisual.

Carmen, que estudió un ciclo de Administración y Finanzas, lleva tiempo saltando de trabajo temporal en trabajo temporal y, tras haber estado en un ERTE por el coronavirus, ahora combina dos empleos.

Miguel, Mariana y Elías son optimistas sobre el futuro. El sector de la investigación, dice Miguel, «aínda que é unha carreira de obstáculos na que hai que pensar a longo prazo, polo menos cando se fala de investigación pública, é verdade que cada vez son máis as empresas privadas que se interesan por innovar e redimensionar os seus departamentos de I+D+i». Por no hablar de las oportunidades del sector primario porque, como añade, «Galicia é unha comunidade de base agraria cun sector cada vez máis profesionalizado no que os enxeñeiros temos espazo».

«A profesionalización do sector agrario e gandeiro abre un campo amplo para traballar» (Miguel Fernández - Ingeniero agrónomo e investigador)

Y Mariana, aunque la pandemia frenó en seco las convocatorias de las aerolíneas para optar a una plaza, confía en que el sector se estabilice una vez que se encuentre la vacuna porque, como dice, «es un sector ligado al turismo que estaba creciendo mucho».

Otro de los campos en plena efervescencia es el de la animación, el terreno en el que se mueve Elías. «Con el covid se vio que en muchos anuncios se cambiaron las personas por los personajes de animación. La realidad virtual creció con el confinamiento», apunta al tiempo que reconoce que él tuvo suerte porque «no toda la gente de mi edad tiene trabajo».

«No tienes estabilidad, y al enlazar contratos temporales no resulta viable independizarte» (Carmen Martínez - Estudió Administración y Finanzas. Tras haber estado en ERTE combina ahora dos empleos)

Otro enfoque laboral

Lograr la estabilidad laboral que tuvieron generaciones anteriores a la suya es la principal barrera que ve Carmen a la hora de diseñar un plan de vida: «Antes terminabas una carrera y resultaba mucho más fácil encontrar trabajo. Ahora, enlazando trabajos temporales que vas combinando con el paro resulta inviable poder independizarse. Luego los contratos fijos son fijos entre comillas». Pero Mariana tiene lápices para colorear ese escenario menos optimista que dibuja Carmen: «En una sociedad como la actual, lo peor que puedes hacer es quedarte parada esperando».

«Lo peor que puedes hacer es quedarte parada esperando. Una puerta abre otra» (Mariana Fernández - Estudió Tripulante de Cabina)

Aunque existen excepciones, valoran salir fuera como parte de su formación

Nacieron en un mundo global. Y pese a los escollos que ahora pueda poner el coronavirus, son una generación para la que pasar una temporada fuera del país no es algo excepcional, sino una experiencia que forma parte de su formación. Salvo Carmen -que confiesa ser muy patriótica y no querer dejar Galicia-, Elías, Miguel y Mariana coinciden en lo enriquecedor de una experiencia que, como explica Miguel, «no caso da investigación é fundamental». Pero ya no solo por el conocimiento teórico que se pueda adquirir, también porque, como dice Mariana, «ayuda a abrir la mente». Elías añade otro matiz: «Ves cómo trabajan en otros países».

Mucha exigencia

Salir fuera como experiencia es algo que sus padres tuvieron más complicado. Y por eso, porque algunos no tuvieron oportunidad de hacer cosas como estudiar una carrera o un máster, a veces piden a sus hijos mucho más: «A nosa xeración é unha xeración á que se lle esixiu moito. A moita xente enfocárona cara os estudos universitarios e hai oficios, como o de electricista, que son moi valorados, pero que se están perdendo», comenta nuestro ingeniero agrónomo, a quien la vocación le vino por Manuel Cruz; por dos profesores, Elvira y Adolfo, y porque la crisis de precios del sector lácteo del 2015/2016 le hizo pensar en que había que tener un plan B.

«Hay futuro en el sector, pero si quieres especializarte más que la FP has de irte» (Elías Garrote - Diseñador gráfico)

Elías no notó ese peso sobre sus hombros cuando les dijo a sus padres que quería hacer una FP superior. Dice que, además de que en una formación profesional vas al grano: «Ahora gano más que mi madre, que tiene dos carreras». Porque una de las cosas que aprecian estos jóvenes es que, pese a que es un asunto del que se ha hablado muchas veces, hay muchos estudios reglados que continúan totalmente apartados de la realidad del mercado laboral: «La teoría es muy diferente a la práctica».

Precisamente para estos chicos del 95, la práctica traducida en la experiencia vivida durante los últimos meses en todo el mundo les ha dado una de las grandes lecciones que todos deberíamos aprender. Es la importancia de la investigación pública como arma para luchar contra ese enemigo, el coronavirus, que les ha puesto la última zancadilla.

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