María Tabarés: «Es la hora de dar el callo»

La directora de Cáritas Ourense cree que la pandemia demostró que es necesario crear una sociedad más solidaria


ourense / la voz

María Tabarés (1968) está al frente de Cáritas en Ourense, lo que supone dirigir a 57 trabajadores y más de doscientos voluntarios. Durante la pandemia versionaron el milagro de los panes y los peces para no tener que decirle a ningún ourensano que no quedaba comida para él.

—Al hablar de Cáritas se piensa en la Iglesia. Muchos, al hablar de Iglesia, piensan en curas y monjas. Y aquí está usted, una mujer seglar de su tiempo.

—[Risas]. Cierto. ¡No soy cura! Es normal que se asocie a Cáritas con la Iglesia porque es una asociación de la Iglesia y acompaña a las personas de una determinada manera por unos principios de carácter religioso, que hoy en día son prácticamente universales. La visión de acompañar a la persona, sea quien sea, y devolverle la dignidad que nunca debió perder me parece un reto apasionante.

—¿Cómo empezó a colaborar?

—Empecé con un programa jurídico de ayuda a inmigrantes. Lo dejé mientras vivía fuera de Ourense y cuando volví retomé el contacto. En el 2015 el obispo me pidió que fuera la directora.

—Durante la pandemia han estado en primera línea. ¿Le han dicho mucho eso de que hay gente que no morirá por covid pero quizás sí de hambre?

—Durante la pandemia el comedor pasó de dar 250 raciones diarias a dar 660. Ourense tiene una sociedad muy frágil: alguna gente salió de la crisis, pero otra se quedó estancada y en una situación tan precaria que cualquier pequeño cambio podía convertir a una familia en una familia en exclusión. Y esto no ha sido un pequeño cambio. Hay mucha gente en ERTE; hay mucha gente que, aunque no nos guste reconocerlo, vive de la economía sumergida... Se quedaron sin nada. Toda esa situación de crisis, que durante la vida ordinaria se iba tapando, explotó.

—Usted no pudo confinarse.

—Cáritas siguió abierto. El grueso de los trabajadores se fue al comedor, como un montón de voluntarios que aparecieron y nos ayudaron.

—¿Se creyó lo de que esto nos iba a hacer mejores?

—La pandemia sacó lo mejor de la buena gente. Es lo que pasa siempre. Los problemas los arregla la buena gente, la que está dispuesta a echar una mano. Pero creo que a otra mucha no le ha servido de mucho el confinamiento, a lo mejor no tuvieron tiempo de pensar... [risas].

—¿Qué lección ha aprendido?

—Que es necesario crear una sociedad más solidaria. La salud es importantísima pero las personas somos mas que salud. Tenemos que ocuparnos unos de otros. Hay que hacer todo lo que nos mandan hacer (mascarilla, distancia...) pero hay que mirar al de al lado a los ojos y ver si le hace falta algo más. Muchas personas no tienen tiempo de preocuparse por su salud porque no tienen qué comer.

—¿Aplaudía? ¿Se sentían aplaudidos en Cáritas?

—Aplaudí, me cansé de aplaudir... Cáritas hizo lo que tenía que hacer. Es muy bonito que te reconozcan un trabajo bien hecho, lo agradeces, pero trabajar por el agradecimiento es muy peligroso. Cada uno tiene que hacer lo que cree que tiene que hacer. Pero aplaudir sale gratis. Creo que era una forma de desahogar. La hora de dar el callo es ahora: ¿en qué puedo contribuir yo ahora?

—Tiene en WhatsApp la foto de sus sobrinas. ¿Cómo les explica lo que hace en Cáritas?

—Ayudas al que lo necesita en lo que necesita. A ellas no se lo digo así porque son pequeñas, pero en Cáritas hablamos siempre de acompañar.

—Se irá a casa con los problemas de la gente.

—Trabajar con personas es lo que tiene. Y en el momento en el que no nos los llevemos, cambiemos de trabajo. No puedes hacer tuyos los problemas porque entonces no harías bien tu trabajo, pero tampoco podemos ser asépticos.

—Y después de todo esto, esta pregunta no es casual: ¿lo más importante en la vida?

—Mi familia y mis amigos, ¿a que te lo dicen siempre?

—No siempre... Defínase en cuatro palabras.

—Imposible, ¡creo que soy demasiado complicada para eso!

—Algo que no tolere.

—La hipocresía.

—¿Qué hace en su tiempo libre?

—Disfrutar de mis sobrinas.

—¿Aficiones?

—La lectura y el patchwork.

—¿Redes sociales?

—Tenemos una relación de amor-odio. Tengo una cuenta de Facebook que utilizo interesadamente para difundir la labor de Cáritas. Pueden ser útiles pero también peligrosas: determinadas cosas que son inocuas en una conversación, no lo son si lo dejas escrito en las redes sociales. Y esa sensación de «si no lo pongo en redes no lo estoy haciendo» me pone enferma. No tienes que fotografiar cada momento de tu vida para que sea verdad. Disfrútalo.

—Un genio le concede a la directora de Cáritas, no a María, un deseo. ¿Qué pide?

—Que todo el mundo pueda vivir de su trabajo.

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