La dispersión del voto en partidos minoritarios pone en alerta al PP y a la alianza de izquierdas

Los grandes partidos intentan evitar la disgregación al estar en juego el último escaño por provincia

Gonzalo Caballero, Alberto Núñez Feijoo, Ana Pontón y Antón Gómez-Reino, en una imagen de archivo en San Caetano
Gonzalo Caballero, Alberto Núñez Feijoo, Ana Pontón y Antón Gómez-Reino, en una imagen de archivo en San Caetano

santiago / la voz

Las cuatro fuerzas políticas que pugnan por formar gobierno tras las elecciones del 12 de julio, el PP, por un lado, y la alianza progresista de PSOE, BNG y Galicia en Común, por el otro, se han lanzado de cabeza a luchar contra los elementos, a intentar combatir la apatía electoral y la disgregación del voto hacia otras fuerzas de derecha e izquierda, elementos que pueden amenazar sus resultados en el recuento de los restos que decidirán el color político de hasta cuatro diputados, el último que se elige por cada provincia, y que podrían ser llave para la futura Xunta.

Tanto los populares, que enfrentan la competencia directa de Ciudadanos y Vox, como el bloque de la izquierda, lastrada a su vez por la rivalidad y la confusión de marca que supone la irrupción de Marea Galeguista, ya están haciendo apelaciones incisivas al voto útil para evitar que se desperdicien los sufragios por debajo del umbral del 5 %, porcentaje que es necesario rebasar para acceder al reparto de escaños.

Una veintena de formaciones políticas compiten en los comicios del 12J por lograr asientos en el Parlamento. En las últimas autonómicas, las del 2016, solo cuatro obtuvieron representación y, en esta ocasión, encuestas como la que elabora el Instituto Sondaxe, el CIS y otras coinciden de nuevo en asignarle escaños a solo cuatro partidos: PP, PSdeG, BNG y la coalición Galicia en Común-Anova-Mareas.

Formaciones con presencia en el Congreso, como Vox, que obtuvo 116.000 votos en Galicia en las elecciones generales del pasado noviembre, o Ciudadanos, que se alzó con 64.000, no obtendrían representación en O Hórreo, pues su estimación de voto se sitúa ahora por debajo del 1,5 % de media. Ni siquiera accederían a asientos aunque lograran multiplicar por cuatro su nivel de apoyo y llegaran al 5 %, pues a efectos prácticos este barrera se sitúa por encima del 6,5 % en las provincias de Lugo y Ourense, las provincias con menos pluralidad, y está claramente por encima del 5,5 % en las dos de la franja atlántica. No obtendrían escaño, pero pueden influir en el resultado final.

Alberto Núñez Feijoo no pierde ocasión en su intervenciones de abrirse a los posibles electores de Vox y Ciudadanos para que no desperdicien su voto y busquen acomodo en el PPdeG, apelación que incluso hace extensible al votante socialista que discrepe de una alianza con Podemos y el Bloque.

Los populares gallegos son conscientes de que pueden pescar en diferentes caladeros -le arrebatan a Vox el 44 % del voto que tuvo en generales en Galicia, así como el 12,6 % al PSOE, según Sondaxe- y no quieren dejar ningún sufragio al azar. Su enemigo es el exceso de confianza y todo voto que no caiga en su cesta y se lo lleven las minorías sin alcanzar el 5 %, es un sufragio que puede costarle un diputado por provincia si el cociente mayor es para la izquierda.

El problema del PSdeG es de otra naturaleza, pues su principal dificultad es la de una formación afectada por la apatía y la incertidumbre, y la que carga con la mayor bolsa de indecisos. No es extraño que tanto Zapatero como Pedro Sánchez, en las visitas a Galicia estos días, insistieran en apelar al votante de izquierdas a comparecer en las urnas para darle alas al cambio político.

La coalición Galicia en Común-Anova-Mareas tiene un problema muy similar al del PSOE, debido a la baja fidelidad de sus votantes, pues solo lograría retener a uno de cada cuatro que eligieron su papeleta en las generales del pasado noviembre. Los restantes electores que apoyaron la opción avalada por Podemos se dispersan ahora entre la abstención y el BNG, pero también sucumben a la confusión que genera la irrupción de Marea Galeguista, su antigua aliada, con la que incluso comparte nombre parcialmente. Esta coalición, aunque está muy lejos de llegar al 5 % del voto, causa estragos en las filas de Galicia en Común especialmente en Pontevedra, donde capta a más del 8 % de sus antiguos votantes.

 También la líder del BNG, Ana Pontón, intensificó en los últimos días sus llamadas al voto útil en favor del «cambio galego», pues a la par que compite con el PSdeG por la segunda posición también es susceptible de sufrir algún rasguño de la Marea Galeguista, la única formación que también pelea, aunque con pocas opciones, por el voto identitario que el Bloque tiene en su punto de mira.

Interactivo fidelidad:

El calendario estival y el covid abre más incertidumbres  

Los ciudadanos gallegos y vascos se van a enfrentar el próximo 12 de julio a una situación inédita: la de acudir a votar al centro electoral, si no lo hicieron por correo, después de que se interrumpiera un proceso electoral por primera vez en la historia debido a una pandemia. La rebaja del nivel de alarma y la recuperación de la normalidad permitieron retomar los comicios en ambas comunidades, pero la incertidumbre política sigue ahí, sin que los partidos se atrevan a anticipar a quién perjudicará más el posible incremento de la abstención por el miedo al covid, o por el propio calendario, al ser los comicios en julio por primera vez en la historia.

De momento, no hay nada escrito sobre el efecto que la incertidumbre que reflejan las encuestas va a tener en las autonómicas. En las municipales francesas celebradas la semana pasada se produjo una abstención récord del 59 %, mientras que en las presidenciales de Polonia, celebradas en la misma fecha, la participación electoral fue la más elevada del último cuarto de siglo.

En Galicia, el tracking diario de Sondaxe registra una caída en la participación de entre 5 y 6 puntos de media en comparación con hace cuatro años, con lo que la abstención podría llegar a rebasar el 40 %.

Falta por ver cuáles serán los partidos más afectados por esta incertidumbre, pero lo más probable es que la vayan a sufrir en mayor medida las fuerzas políticas con mayor nivel de desmovilización. El porcentaje de votantes indecisos se sitúa en una media del 27,8 %, casi diez puntos más de lo que ocurrió en el 2016 a una semana vista de la cita con las urnas.

Pero en el caso del BNG, el porcentaje se reduce al 6 % en relación a las generales de noviembre, y en el PPdeG cae al 11,3 %. En cambio, en el caso del PSOE aumenta al 30 % y al 34,3 % en lo que respecta a Galicia en Común.

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