«Puse ocho denuncias, pero da igual, este lunes me llamó 29 veces desde número oculto»

Una vecina de A Coruña relata el acoso que sufre de un desconocido

María, en una imagen tomada este viernes, no quiere mostrar su rostro por temor a represalias
María, en una imagen tomada este viernes, no quiere mostrar su rostro por temor a represalias

Carballo / La Voz

Solo permite publicar su nombre por temor a las represalias. Se llama María, tiene 28 años, es natural de Laxe y reside en A Coruña por trabajo desde hace casi cuatro años. Y cuenta que puso ocho denuncias por acoso continuado, que sufre desde hace meses por parte de un individuo de la zona. María dice vivir un verdadero calvario del que nadie parece hacerse responsable.

«La policía no hace nada. En la última denuncia que puse ya me dijeron que estaba perdiendo el tiempo. Recuerdo que en la penúltima le comenté a un agente de quien sospechaba, di la descripción del individuo y me llamaron para que les diera el nombre, los apellidos y les dijera dónde vivía, pero no lo hice porque a ver si luego va una patrulla a junto de este hombre, no hace nada y aún por encima como represalia el acoso va a más», apunta.

La primera la interpuso el 23 de enero y la segunda, cuatro días después. Luego, fueron de carrerilla. La penúltima, el día que el Gobierno decretó el estado de alarma y la última, la semana siguiente, en pleno confinamiento: «La primera fue porque aquel 23 de enero, al salir de clase, me encontré con el coche, que estaba aparcado en plena calle, completamente pintado con espray de color blanco [su coche es de color negro]». Intentó buscar entre los comerciantes de la zona algún indicio, pero sin suerte: «Nadie había visto nada».

Cuatro días después se encontró su coche cubierto con silicona: «Por las puertas, en el capó, en el techo...». Y otra denuncia. Y como había sucedido cuatro días antes, nadie había visto nada, pese a que el acto vandálico ocurrió, según ella, de mañana: «Llevo casi cuatro años en A Coruña y nunca le había pasado nada al coche... Hasta entonces».

Sobre su parabrisas han dejado palomas y ratas muertas

María pasó el entroido medianamente normal, «al coche no le pasaba nada». Todo parecía volver a la normalidad hasta que un buen día el turismo apareció «sin matrícula». A partir de ahí se sucedieron las situaciones de acoso: «Un día me apareció una paloma muerta encima del parabrisas delantero». Podría ser una casualidad, pero pocos días después apareció una rata muerta en el mismo lugar. Para colmo, un día su vehículo estaba completamente rallado. «Es como si alguien cogiera la tapa de una lata de tomate y la restregara por la chapa».

A partir de entonces decidió guardar su vehículo en un garaje y empezó a averiguar de quién se trataba. Cree que es «un hombre de casi cincuenta años y unas pintas... Un día, al salir del gimnasio para ir a casa me crucé con él. Seguí para adelante y vi que me seguía. Apuré el paso y vi que él también lo hacía. Me paré en el escaparate de una tienda para ver qué hacía y se puso a mi lado. Decidí continuar y este hombre me siguió hasta que, por suerte, me encontré con un vecino y le pedí que, por favor, me acompañara a mi casa porque me estaban siguiendo. Ese vecino me acompañó y él se marchó». Fue a la policía para relatar lo ocurrido y, según su versión, le dijeron que no podían hacer nada: «‘‘Si te llega a pasar algo en el momento nos llamas y te mandamos una patrulla urgentemente''. Eso fue lo único que me comentaron», afirma.

La presencia de este individuo -al que María asegura no conocer de nada- en las inmediaciones de su domicilio se fue haciendo cada vez más habitual: «Viene por mi calle, sube, luego baja, luego vuelve a subir...». Pero este supuesto acoso ha ido a más. «Desde que aparco el coche en el garaje viene a mi casa a tocarme al timbre a las tantas de la madrugada y me hace constantes llamadas desde un número oculto: Este lunes lo hizo 29 veces».

«El día que me pase algo, serán ustedes los encargados de avisar a mis padres», dijo a la policía

Y las soluciones que le aportan las fuerzas de seguridad tampoco parecen convencerla: «Cuando fue lo del coche me dijeron que lo metiera en un garaje o que cambiara de domicilio, y yo les dije: ‘‘Pues nada, el día que me pase algo serán ustedes los encargados de avisar a mi madre y a mi padre de que su hija va camino del hospital y no sabemos si se va a salvar''».

Al final fue la propia víctima la que averiguó de quién se trata: «Tengo nombre, apellidos, foto... Y vive cinco calles más arriba de la mía. Pero no quiero dar esos datos a la policía porque tengo miedo a las represalias». De la última denuncia casi salió llorando de comisaría: «Me dijeron que todas las denuncias que había puesto no servían de nada».

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