El Tribunal Supremo confirma la condena a Santórum y a los dos guardias civiles que corrompió hasta el 2013

Los agentes, que filtraron 2.500 archivos, podrán volver al cuerpo al cumplir los tres años de cárcel; el Alto Tribunal entiende, al igual que la sentencia en primera instancia, que no hubo pertenencia a grupo criminal

Javier López, Diego Fontán y Sántorum, durante el juicio
Javier López, Diego Fontán y Sántorum, durante el juicio

VIGO / LA VOZ

Juan Carlos Santórum va camino de convertirse en un narco de leyenda sin haber sido condenado aún por traficar. Es el hombre del momento no solo por haber tenido habilidad para fugarse poco antes de su arresto por el último macroalijo (4.500 kilos) de cocaína interceptado en el Atlántico, sino también por contar en sus filas, según la tesis policial judicializada, con el aduanero detenido en Madrid con 370.000 euros y un colombiano que guardaba cinco kilos de polvo blanco en su casa. Un talento innato para corromper del que ya hizo gala en el 2013 con dos agentes especializados en el crimen organizado en las Rías Baixas: Javier López y Diego Fontán.

En el 2018, la Audiencia Provincial condenó a ambos a pasar tres años y seis meses entre rejas, por los dos impuestos a Santórum. Penas mínimas, teniendo en cuenta que la Fiscalía Antidroga solicitó 11 años por filtrar información reservada de narcotraficantes, investigaciones (al menos cinco se frustraron) y fichas con información personal de sus propios compañeros en el Equipo de Delincuencia Organizada y Antidroga (EDOA) de la Guardia Civil en Pontevedra y el Equipo Contra el Crimen Organizado (ECO) en Galicia, también con base en la comandancia de Pontevedra.

Los tres recurrieron ante el Tribunal Supremo y los tres han visto ratificadas sus respectivas condenas sin mover una coma con respecto al fallo de primera instancia. Por eso Javier López y Diego Fontán son condenados, en firme, por sendos delitos de revelación de secretos. Y absueltos -confirmando lo decretado por la sala cuarta de la Audiencia de Pontevedra en el 2018- de los delitos de integración en grupo criminal y encubrimiento de un delito continuado contra la intimidad cometido por funcionario público en el seno de grupo criminal. Ya los dos años de cárcel impuestos a Santórum se apuntalan en un delito de revelación de secretos, siendo absuelto de integración en grupo criminal.

Suspensión

Tanto Javier López como Diego Fontán podrán regresar a la Guardia Civil una vez cumplida la condena. Ya el fiscal, con la mirada puesta en el juicio, solicitó suspensión de empleo para ambos durante siete años, haciendo constar que entre Javier López y Diego Fontán sustrajeron 2.500 archivos de las bases de datos oficiales y reservadas del Instituto Armado. Una información concentrada mayoritariamente en actividades de narcotráfico, pero también personal sobre muchos de los agentes de campo del ECO y el EDOA.

Datos de confidentes

Vendieron a Santórum «datos de carácter personal y reservado, como las fichas personales de los miembros de dicha unidad (con datos de filiación, domicilio, teléfonos de contacto, nombres de familiares y fotografía, entre otros)». Los colaboradores, en forma de confidentes, quedaron igualmente al descubierto. «Distribuyeron en distintas ocasiones fichas de obtención de información de fuentes vivas, esto es, documentos en que se reflejaban los datos personales de los confidentes de la Guardia Civil y la información concreta que suministraban en cada momento los confidentes».

La sentencia deja claro que la información comprada por Santórum a López y Fontán era para gente de mayor calado. Un rol que sí encaja con el papel policial atribuido a este lanchero de Vilanova, al menos, hasta su huida.

Una llamada entre Colombia y Madrid evidencia quiénes son los dueños del alijo del MV Karar

A Juan Carlos Santórum se lo tragó la tierra nada más atisbar las orejas al lobo. Está por ver si vestido con algún uniforme de la Policía Nacional igual al encontrado en su casa. Se le acusa de organizar un viaje relámpago para recoger, en abril, los 4.500 kilos de cocaína del MV Karar. La punta de lanza de una organización productora de la que apenas hay referencias en el procedimiento. Una, relevante, la transcribe el Cuerpo Nacional de Policía, que comparte la investigación con el Servicio de Vigilancia Aduanera. Se trata de una conversación entre dos hombres con marcado acento de Latinoamérica. Uno habla desde Colombia (A), el otro (B), valiéndose de un número portugués geolocalizado en Madrid al menos mientras duró la elocuente y afectuosa conversación:

-(A) El camión ya pasó todos los puntos de control [por el MV Karar y la presión de EE.UU. en el Caribe].

-(B) ¡Uy! Superbuena noticia, entonces voy a llamar al patrón para decirle, para que arregle todo y esté listo de recibir.

-(A) Dígale que ya va para la finca de él, ese camión bien elegante y bien simpático.

-(B) Ya me comunico con el patrón, se va a poner feliz, gracias.

-(A) La semana entrante llega.

-(B) Sí.

-(A) Y mucho cuidado allá con ese coronavirus.

-(B) Igualmente por allá, estamos en la jugada, cualquier cosa me avisa.

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