Galicia perdió 12.000 funcionarios en una década, la mitad en los concellos

Solo la Xunta gana empleados porque el Estado le suma ahora las universidades

Funcionarios municipales trabajando en el Concello de Santiago
Funcionarios municipales trabajando en el Concello de Santiago

santiago / la voz

Los 313 ayuntamientos y las cuatro diputaciones son las que más sufren la paulatina y constante desaparición de empleo público en Galicia. Tomando la última década como referencia, las administraciones locales gallegas, la autonómica, la del Estado y las universidades han perdido en total 12.000 puestos, pero más de la mitad eran trabajadores vinculados al ámbito local. De los 33.161 que estaban en nómina de concellos o diputaciones en el 2010 se ha pasado a 26.343, un descenso motivado por los límites en las tasas de reposición y en las dificultades económicas en las que se vieron sumidas las haciendas locales en la primera mitad de la década, en la que sufrieron una estrecha vigilancia del Gobierno.

El Estado también pierde peso. En la primera parte de la crisis financiera, antes incluso de los recortes salariales, había en Galicia casi 31.000 personas que cobraban directamente de Madrid, y este año son 27.198, tras una década en la que apenas ha habido transferencias a la comunidad gallega, que podría explicar en parte este descenso.

Para el Ministerio de Administraciones Públicas, la Xunta paga en estos momentos 94.366 nóminas, cuando hace diez años eran 91.190. Este aumento se explica porque desde este año se incluye en el montante total a toda comunidad del sistema universitario gallego, porque al fin y al cabo cobran de los presupuestos autonómicos. Contando las tres administraciones, el total de empleados públicos en Galicia es de 147.907, esto es, prácticamente dos de cada diez asalariados cobran de las arcas comunes, y antes de la crisis sanitaria suponía en torno al 15 % de los cotizantes de la Seguridad Social, teniendo como referencia temporal los primeros meses del año.

En España, 1,5 millones de personas trabajan para las comunidades autónomas, mientras que otro millón se reparte entre los ayuntamientos y el Estado, pero cada plantilla tiene perfiles muy distintos. Así, el peso de las fuerzas de seguridad provoca que en Galicia haya tres veces más hombres que mujeres cobrando del Gobierno -son un total de 15.000 bien distribuidos territorialmente-, mientras que en la Xunta la desproporción es a favor de las mujeres, 61.447 frente a 29.743.

El peso de Santiago

El peso autonómico también se nota en el reparto territorial, porque la proporción de funcionarios locales y estatales es bastante equilibrada con respecto a la población, y sin embargo la provincia de A Coruña se dispara con 42.000 empleados de la Xunta, mientras que la de Pontevedra se queda en 28.000, por el efecto de las tres áreas urbanas y los servicios centrales de Santiago.

?Si mirando hacia el 2010 Galicia y España se dejan miles de puestos de trabajo públicos, peor podría ser el panorama en el 2030 si no se intensifican las oposiciones al menos para reponer personal. En la próxima década podría jubilarse casi la mitad de la plantilla estatal, y el panorama será aún más duro en las comunidades, que incorporaron a miles de empleados en los años 90 cuando rondaban los treinta años y que ahora empiezan a alcanzar la edad de la retirada.

A la Xunta, como al médico, con cita

juan capeáns

El Gobierno gallego va a generalizar la organización previa de visitas presenciales en sus sedes ante el óptimo funcionamiento durante las semanas de desescalada

La cita previa para acudir a resolver trámites a los edificios oficiales de la Xunta repartidos por toda Galicia se va a convertir en una de las herencias que deje la pandemia del coronavirus. Como tantas otras medidas de comportamiento y protección, la organización de las visitas presenciales fue una herramienta preventiva esencial durante las peores semanas del confinamiento y también en la desescalada, pero se ha revelado como una fórmula muy eficaz tanto para los empleados públicos como para los administrados.

¿Significa que ya no se atenderá nunca más al que aparezca por la puerta? No, también se podrá aparecer a la vieja usanza, pero será, más o menos, como probar suerte en el médico o en la peluquería. Alguna vez puedes arreglar, pero lo más normal al improvisar una visita es que se produzcan esperas excesivas o que no se consiga el objetivo deseado. «Se tes un asunto concreto que tratar nun departamento e pides cita vas atoparte cun empregado público que xa está preparado, que coñece de antemán o que se vai tratar e que, se pode, vai ter a documentación a man antes de comezar. É tempo que aforramos todos», confirma José María Barreiro, director xeral de Función Pública, que está convencido de que la crisis les ha obligado a trabajar de una forma «que debe potenciarse».

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