El desenganche de la cabeza motriz del Alvia tras el impacto salvó a los viajeros

El golpe fue a 117 km/h, y el choque con unas traviesas agravó el daño a los maquinistas

El accidente del Alvia en La Hiniesta motivó el corte de la línea hasta el día 25
El accidente del Alvia en La Hiniesta motivó el corte de la línea hasta el día 25

redacción / la voz

El cúmulo de desgracias al que se refería el secretario general del sindicato de maquinistas tuvo también una brizna de suerte que evitó que el accidente del Alvia en La Hiniesta (Zamora) -en el que murió el maquinista Álex Pedreira y resultó herido grave su instructor Francisco Picazo- causara muchas más víctimas. Una tragedia de una dimensión aún mayor. Los investigadores están convencidos de que el desenganche de la cabeza motriz a causa del impacto fue clave para que no arrastrara al resto de convoy hacia la vía desviada en la que había traviesas almacenadas y otros elementos propios de una base de montaje y mantenimiento, provocando un más que previsible vuelco de los vagones que multiplicaría exponencialmente el daño a los 158 pasajeros, de los que al final solo diez sufrieron heridas leves.

La investigación no solo intenta saber lo que pasó. El estudio de las pruebas también revela lo que podría haber pasado. Así, técnicos que analizaron el accidente sobre el terreno creen que el impacto contra el viejo Land Rover que se precipitó desde el puente elevado provocó la elevación de uno de los ejes de la cabeza motriz. En paralelo, el violento choque contra un vehículo tan pesado propició la torsión de la cabeza, su desenganche del vagón técnico posterior y un rumbo descontrolado por la vía desviada cuya huella se percibe en las deformaciones de los raíles, hasta chocar contra una pila de traviesas almacenadas en la base de montaje que, según la investigación, empeoró los daños sobre los maquinistas. En esta sucesión de acontecimientos radica la suerte de los viajeros y el infortunio de los maquinistas.

Según la pesquisas iniciales, el vagón técnico que va enganchado a la cabeza motriz, donde se sitúa el pesado generador diésel para los tramos que no están electrificados, contuvo con su masa al resto de convoy que, aunque se salió de los raíles, mantuvo cierta estabilidad en la vía principal. Si hubiera sido arrastrado por la errática inercia de la cabeza motriz tras el golpe, las consecuencias hubieran sido dramáticas. El peso de este vagón, como sostienen las víctimas en el caso del accidente de Angrois, se habría vuelto contra los viajeros, pues podría haber provocado el vuelco de, al menos, los vagones de la primera composición. De hecho, la cabeza motriz de la segunda rama que iba enganchada a la primera también sufrió daños y tiene que ser reparada.

La velocidad y la frenada

A falta del análisis bajo tutela judicial de la caja negra del Alvia Ferrol-Madrid, los investigadores creen que el impacto se produjo a 117 kilómetros por hora. Si se tiene en cuenta que la velocidad máxima en este tramo es de 125 km/h y que se ha comprobado que el maquinista activó el sistema de frenado, parece evidente que la visibilidad desde la cabina no era la óptima para reaccionar con la suficiente antelación ante la presencia del vehículo en la vía. Poco antes de las 16.11 horas, cuando se produjo el impacto, el tren salía de una curva abierta para encarar la recta de la base de La Hiniesta. A algo más de 300 metros estaba el puente. Los investigadores creen -e intentarán comprobarlo- que a esa hora el Land Rover estaba bajo la sombra del paso elevado, un estribo lo ocultaba parcialmente y es probable que el vehículo, que pudo haber caído una hora antes, no reposara sobre los dos raíles. Si lo hubiera hecho con su estructura metálica habría provocado el cortocircuito que sirve para detectar la presencia de un tren y evitar una colisión. El sistema de seguridad ASFA, con sus limitaciones, habría forzado una urgencia. Pero esta opción también era imposible en unas vías que se protejen con el sistema de contadores de ejes. Los dos maquinistas, muy queridos por sus compañeros, no tuvieron esa suerte, a pesar de que el armazón del pesado todoterreno, al contrario que muchos vehículos más modernos, es metálico en su totalidad y habría actuado como conductor. Si hubiera sido un coche de factura más reciente, con menos peso, el impacto hubiera sido más tenue, como demuestran los arrollamientos de turismos en pasos a nivel en los últimos años.

Un experto dice que el vehículo no habría caído con unas protecciones de 8.000 euros

Un experto en seguridad vial achaca el accidente del pasado martes a la deficiente contención del puente por el que cayó a la vía el vehículo todoterreno con el que chocó el Alvia y descarriló. El siniestro se podría haber evitado con una contención adecuada, constata a Efe el presidente de la Asociación Española de Seguridad Vial, Javier García Delgado. Este experto, que realiza auditorías en estos ámbitos, considera que una barrera de alta contención en el paso de la carretera sobre la vía del tren, que cuesta entre 6.000 y 8.000 euros, habría evitado que el vehículo cayera a la infraestructura ferroviaria.

García Delgado, que visitó el lugar del accidente el mismo día en que se produjo, elaboró una reconstrucción del suceso. Según su hipótesis, el todoterreno se salió primero por el lado derecho, chocó con la bionda, giró después al lado contrario, chocó con la bionda izquierda, saltó la valla de protección y cayó a la vía. No existían huellas de frenado, lo que podría indicar que el conductor del todoterreno, un hombre de 89 años, pudo despistarse, sufrir un desvanecimiento o quedarse dormido. Por eso no llegó a reaccionar.

El experto concluye que el vehículo no iba a velocidad excesiva y que la contención del paso elevado de la carretera sobre la vía no era suficiente para sostener el peso del todoterreno, a pesar de que asume que el impacto se produjo a una velocidad reducida.

El maquinista herido sigue grave pero estable, y aún no pudo ser operado

El maquinista herido en el accidente, Francisco Picazo, sigue grave, aunque estable, en un hospital de Salamanca. Originario de Zamora, los graves traumas torácicos que le provocó el descarrilamiento impiden por el momento que sea operado de sus lesiones en las vértebras, según explican fuentes de su entorno. Picazo es un maquinista muy querido entre sus compañeros ferroviarios, que están muy pendientes de su evolución. Es un gran deportista. Practica sobre todo la natación y el ciclismo, y quienes le conocen destacan su fuerte personalidad, su pasión por su profesión y su compromiso con la seguridad ferroviaria.

Renfe tendrá que reparar dos cabezas motrices y revisar a fondo los trenes

Aunque se pensaba que la segunda composición del Alvia accidentado, tras ser encarrilada el jueves, ponía rumbo a Galicia, en realidad quedó estacionada en la estación de Carbajales, en Zamora, a la espera de ser remolcada hasta los talleres de Renfe en Madrid, donde será sometida a una rigurosa inspección para detectar cualquier anomalía. En el lugar del accidente permanecían tres pesadas cabezas motrices, incluida la que ocupaban los dos maquinistas, y la primera composición. Tres enormes grúas intentarán depositar las tres cabezas, de algo más de 72 toneladas cada una, en una góndola con destino a los talleres madrileños de Renfe. El resto de la primera composición -en realidad el convoy lo componían dos trenes Alvia unidos- será encarrilada y remolcada por una locomotora de la serie 333.

Así se evitarían accidentes como el del Alvia

pablo gonzález
Momento en el que se engancha una locomotora a una de las dos composiciones del tren accidentado
Momento en el que se engancha una locomotora a una de las dos composiciones del tren accidentado

La tecnología de detección de caída de objetos a la vía se reserva para la alta velocidad, donde se instala en pasos elevados y bocas de túneles. En el resto de la red casi todo depende del maquinista

El Alvia Ferrol-Madrid circulaba a unos 115 kilómetros por hora por la inmensa llanura que es la antesala de la ciudad de Zamora. Antes de llegar al puente elevado de La Hiniesta no es que haya una curva cerrada, pero sí es verdad que la línea convencional traza una suave curva antes de llegar al puente desde donde cayó el Land Rover, probablemente una hora antes de que pasara el tren por allí poco después de las cuatro de la tarde del martes pasado. Es decir, es posible que los dos maquinistas no tuvieran la visibilidad necesaria para detectar el obstáculo que estaba sobre la vía y tener la capacidad de reacción suficiente para detener el tren con garantías. Desde la salida de la curva hasta los estribos del puente elevado apenas hay unos 300 metros, una distancia muy ajustada para aplicar el freno de urgencia con efectividad.

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