Alberto Núñez Feijoo: «Esta crisis le ha hecho justicia a la inversión sanitaria en las vacas flacas»

El presidente de la Xunta cree que el Sergas del 2009, cuando él llegó a la Xunta «no habría resistido» la pandemia, y apunta como claves de la gestión en Galicia las infraestructuras y la creación del comité clínico

El presidente de la Xunta en San Caetano, la sede administrativa del Gobierno gallego
El presidente de la Xunta en San Caetano, la sede administrativa del Gobierno gallego

Santiago

Normalmente, Alberto Núñez Feijoo (Os Peares, 1961) atendería en precampaña con un amplio dosier sobre la mesa con datos e ideas sobre asuntos de actualidad, sacando pecho por lo realizado y tirando a la oposición. En esta ocasión se sienta en el sofá de su despacho de San Caetano con los dos metros de rigor y solo lleva un par de folios donde a diario le resumen la situación epidemiológica de Galicia. Un compendio de lo vivido en los últimos meses, con «días duros y tristes», y una gestión compartida con profesionales «de primera», recalca. En poco más de 40 días se somete al examen de los gallegos.

—Pedro Sánchez se ha puesto un notable en la gestión de la crisis. ¿Usted a la suya?

—Lo que percibo en la calle es que el esfuerzo ha merecido la pena. Me para gente que no conozco y me dice que lo hemos hecho bien, que la sanidad ha estado a la altura, y fuera de Galicia nos tienen respeto, al Sergas y a nuestra gestión. He hablado con presidentes autonómicos de todos los partidos y noté que lo que hacíamos aquí les interesaba, igual que yo consulté algunas cosas. Mi conclusión es que los servicios sanitarios gallegos son muy buenos, y es en estos momentos cuando dices: «¡Qué bien haber hecho lo que hicimos!». Porque el Sergas del año 2009 [cuando él llegó a la Xunta] no hubiera resistido.

—La sanidad ha sido el gran eje de la oposición para criticarle. ¿Quién tiene razón?

—Hay veces que el destino hace justicia, y esta crisis la ha hecho con la inversión sanitaria durante las vacas flacas. Imagínese que no hubiésemos construido el Hospital Álvaro Cunqueiro, de Vigo, o la ampliación de Ourense, las urgencias de A Coruña, las ucis de Santiago... Todo ha sido determinante para evitar problemas de aforo y que no muriera más gente masivamente.

«Como experiencia, no está mal gestionar dos legislaturas de vacas flacas y una pandemia»

—Hablando de los fallecidos, ¿no es demencial el baile de cifras?

—Inicialmente, podría entender que los protocolos del Ministerio de Sanidad necesitasen algún ajuste, pero después de diez semanas no se puede trasladar esa inseguridad a los españoles, a los fallecidos y a sus familias, y esto empieza a convertirse ya en un problema crónico, uno más en la gestión de la pandemia.

—¿Y cuántos fallecidos hay en Galicia pendientes de validar?

—Nosotros hemos ofrecido los datos todos los días. En estos momentos [la entrevista es el jueves] hay seis fallecidos de 615 que están siendo analizados por si se pueden computar o no como covid. Fin de la cita. Estos son nuestros datos. Los contrastamos con cualquiera. No hay ni una instrucción ni la habrá para intentar disminuir un solo fallecimiento, es lo mínimo que podemos hacer por estas personas a las que no hemos podido despedir como se merecían. Lo mínimo es honrar su memoria dando certezas y contando la verdad. Yo no entiendo qué ha pasado, pero intensifica la sensación de que en esta crisis la improvisación ha tenido unas proporciones muy lamentables.

—¿Qué ha hecho bien y mal el Gobierno de España?

—El confinamiento fue positivo, sin ninguna duda. Pero la alerta sanitaria falló. Hubo quince días con el virus sin control que fueron determinantes para el colapso posterior de los hospitales. Otro error garrafal fue el intento del Ministerio de Sanidad de comprar material sanitario que se rifaban Estados muy poderosos, cuando llevaba años sin hacerlo, desde que se desmanteló el Insalud. Y el tercero es la gestión de las fases, con criterios desconcertantes.

«La alerta sanitaria falló, hubo quince días con el virus sin control que provocaron el colapso de hospitales»

—Usted defiende que Galicia se anticipó. ¿Pero no será que simplemente el virus se retrasó?

—Galicia se anticipó. Cuando me llama el alcalde de Sanxenxo y me dice que el 13 de marzo aquello parecía Semana Santa y lo contrasto con otros alcaldes, tomamos la decisión de cerrar, sin un solo fallecido. Cuando cerró Madrid, sabíamos que la onda iba a llegar a Galicia, y veíamos que el Gobierno no reaccionaba. Pero hay decisiones anteriores fundamentales: el 27 de febrero constituimos la comisión del covid, iniciamos la compra de respiradores y la contratación de 60 profesionales, cuando el Gobierno ni siquiera hablaba de la pandemia. Y hubo dos factores más: como dije, las infraestructuras que ya teníamos y la creación de un excelente comité clínico. Las guías que han elaborado contienen una literatura con un conocimiento y un detalle que es fantástico, son las mejores de España.

«Las guías que ha elaborado el comité clínico contienen un conocimiento y un detalle fantástico»

«Fallaron residencias concretas, no el sistema»

Esta crisis ha avivado el debate sobre lo público y lo privado, la gestión centralista y la descentralizada, izquierda, derecha...

—¿Algún modelo se salvó?

—En Galicia los servicios sanitarios funcionaron bien, al nivel de otros países incluso en los momentos de mayor estrés.

—¿Y qué países inspiraron las decisiones de Galicia?

—Creo que se hizo un estudio muy intenso de toda la literatura científica de Asia, especialmente de Corea, y de Estados Unidos, y eso nos sirvió para saber qué tipos de test eran los que había que hacer. Desde el primer momento apostamos por el diagnóstico fino, y creo que el cribado en residencias de mayores y a los profesionales sanitarios fue estratégico.

«Las residencias de mayores públicas funcionaron muy bien, eso hay que decirlo»

—Toca dos temas, residencias y control de sanitarios, en los que España y Galicia tienen unos resultados desastrosos.

—En España fallecieron en las residencias de mayores, o después en los hospitales, unas 18.000 personas, y en Galicia, 270. Haga el cálculo y compare teniendo en cuenta que somos el 6 % de la población. Las residencias públicas funcionaron muy bien, eso hay que decirlo. Las 3.500 plazas públicas fueron las que menos problemas dieron, pero hay residencias de economía social, gestionadas por organizaciones sin ánimo de lucro, que fueron impecables, sin un solo positivo. Y también ha habido residencias privadas sin casos. ¿Qué ha fallado? Residencias concretas, no el sistema.

—¿No cambiará nada ahí si gobierna cuatro años más?

—Seguiremos adelante con los proyectos para las siete ciudades, y el comité y el Sergas ya tienen el reto de hacer un nuevo modelo de residencias, que va a pasar por una relación mejorada entre médicos de atención primaria y los residentes, habrá que incrementar el personal de enfermería y probablemente haya que aumentar la presencia física o localizada de personal sanitario, además de mejorar circuitos arquitectónicos que están obsoletos. Lo vimos cuando quisimos aislar. Es una asignatura pendiente, pero, insisto, yo pido que se compare a Galicia con el resto de España.

—¿Y cómo justifica los contagios masivos de sanitarios?

—Faltó preparación técnica para un virus que era desconocido y, hay que reconocerlo, no había equipos de protección individual. No teníamos todo lo necesario, pese a que en Galicia había material. Otros hospitales estuvieron semanas sin él.

—Póngale nota al Sergas.

—Que lo hagan los gallegos, que son sus propietarios. Creo que estarán satisfechos por las inversiones desde el 2009 y el incremento de la plantilla, un 9,8 %.

«Una pandemia no se delega, aunque tenga riesgos políticos»

Los técnicos del Sergas, dice Feijoo, «clavaron» el momento de mayor incidencia de la pandemia: el fin de semana del 5 de abril. Ese día Galicia estaba llamada a las urnas. Días antes, Feijoo había decidido asumir directamente, casi en solitario, las consecuencias políticas que hubiera de la gestión de esta crisis sanitaria.

—Pedro Sánchez ha delegado en sus ministros mucho más que usted en sus conselleiros.

—Sí. Me dijeron al principio que políticamente tenía riesgos exponerse así, no se lo oculto, pero una pandemia no se delega. Y tampoco voy a negar que he dedicado diez años de mi vida a la gestión sanitaria y no era ajeno a mi actividad de gestión. Siempre actuamos con criterios clínicos, pero la interacción de compra, el contacto con las empresas a las que les pedí ayuda y los temas de comunicación y de medir los tiempos le corresponden al presidente. He tenido a toda la Consellería de Sanidade sin saber lo que era un sábado o un domingo, y todos los directivos de los hospitales se han comportado de una forma ejemplar, igual que los servicios de primaria. Estoy más orgulloso que nunca del servicio gallego de salud. Pero entendí que la pandemia no era delegable.

—No cita usted al conselleiro de Sanidade, que tras una enorme crisis sanitaria sigue siendo un desconocido para una mayoría de los gallegos.

—Jesús Vázquez Almuiña y su equipo han hecho un trabajo excelente. Pero esto no ocurre por casualidad, no se improvisa.

—¿Y los sanitarios?

—Me he dado cuenta de que los médicos, en un momento de máximo estrés asistencial, son unos profesionales vocacionales. Muchos de ellos, también los enfermeros, se tenían que meter después del trabajo en una habitación en su casa y no podían tocar a sus hijos y a sus parejas. Iban al tajo, a la primera línea, sin el equipamiento completo en los primeros días, atendiendo a cientos de personas y pensando que se iban a colapsar las ucis.

—¿Usted les aplaudió algún día a las ocho de la tarde?

—Escuchaba los aplausos cuando me coincidió en Monte Pío, y me gustaba ver que la gente estaba atenta. Fueron días muy duros, de enorme incertidumbre y ansiedad todas las noches por el material, por saber si tendríamos más test o no al día siguiente.

«Pasamos ansiedad todas las noches por el material, por saber si podíamos seguir haciendo test»

—Ha citado también a las empresas. ¿Quién ha arrimado el hombro y quién no?

—Hay un hecho determinante, y es que Inditex haya ofrecido sus aviones en un momento en el que era muy difícil comprar material. Estábamos compitiendo con otras naciones y la clave era conseguir que el pedido saliera de fábrica y llegara España. Lo comprabas y no sabías cuándo iba a llegar. Fueron dos aviones a la semana. Yo les he escrito cartas a todos los colaboradores, porque hemos recibido desde mil mascarillas hasta varios millones de euros, y los que más han dado son los que prefieren el anonimato. Pero si ellos quieren, diremos los nombres.

—Ha hablado más que nunca con Sánchez en las videoconferencias de los domingos. ¿Ha mejorado su percepción de él?

—De las videoconferencias con Sánchez me quedo con la lealtad de todos los presidentes autonómicos, de todos los partidos.

—Entendido. ¿Y algún presidente que le haya sorprendido?

—A veces se nota más o menos el conocimiento de las cosas cuando llevas poco tiempo en el cargo. Pero, insisto, han sido leales en un momento en el que te han retirado las competencias y te enteras del 95 % de las cosas en una rueda de prensa el día anterior. O después, cuando en la reunión no te decían nada. Es evidente que el País Vasco ha gestionado, y a pesar de la tensión que tuvo es una Administración rodada. Andalucía y Murcia no han tenido problemas. Cataluña nos ha sorprendido con un cambio de cifras incomprensible, deberían tener más solidez.

—¿Cómo interpreta la irrupción de Pablo Iglesias a los pocos días de comenzar la crisis para hablar de las residencias?

—Recuerdo esa comparecencia del vicepresidente en la que dijo que él se encargaba de movilizar a la Unidad Militar de Emergencias. Y tuvimos el primer problema, en Celanova. Llamamos a la UME y nos dijeron que ellos no se dedicaban a eso. Se lo dijimos al Gobierno y al día siguiente llegaron e hicieron una desinfección. Ya no volvió a aparecer más para hablar de ese tema, que dejó de estar dentro de sus responsabilidades.

—La oposición, el PSdeG y el BNG, ya están pidiendo una comisión de investigación parlamentaria en cuanto se pueda.

—A la oposición la informamos en siete ocasiones, a puerta cerrada y con la mayor lealtad, porque creo que era importante que supieran cuál era la situación. Al principio fue todo correcto, y después empecé a ver que me decían que no comparecía, y me di cuenta de que estaban cambiado el perfil, así que opté por comparecer en el Parlamento pese a estar disuelto.

Gonzalo Caballero le ha llamado «pitufo gruñón» o «mentireiro compulsivo» por sus críticas al Gobierno. ¿Habrá campaña dura?

—Hay que darles valor a las cosas según de quién vengan.

el futuro

«Mi compromiso sirviendo a Galicia es indiscutible»

«¿62? No, 63, es cierto». El presidente de la Xunta calcula los años que tendrá cuando finalice la legislatura en la que aspira a revalidar una cuarta mayoría, emulando a Manuel Fraga. Pero no es tajante sobre su futuro como cuando se comprometió a no moverse de la comunidad, incluso renunciando a disputar la presidencia del partido en el 2018. «Ahora me voy a examinar, pero yo creo que mi compromiso sirviendo a Galicia es indiscutible».

«¿Cómo no vamos a poder votar si el 12-J va a haber turismo?»

Feijoo rechaza todo atisbo de electoralismo en la elección del 12 de julio, una decisión que no le importa ceder al lendakari y a los informes médicos.

—¿Cómo interpreta la resistencia a votar en julio?

—La oposición ha cometido una cuádruple incoherencia. Primero, porque la oposición siempre quiere que haya elecciones para ser alternativa, pero además en Madrid y en el País Vasco hacían y decían unas cosas y en Galicia otras. Están ahí los informes médicos, que afirman que es más irresponsable votar en otoño, y además el debate está zanjado, porque al cabo de una semana el Gobierno decidió que se abran las fronteras a partir del 1 de julio a turistas de cualquier lugar. ¿Cómo no vamos a poder votar el 12 de julio si va a haber turistas italianos y británicos?

—Pero es difícil de creer que un político no piense en esa clave en un año electoral.

—Pues así es, me crea o no. Solo contaron los informes médicos, no vi ni una encuesta.

—¿No le decepciona el escaso rédito político que ha sacado el PP en Madrid a la debilidad aritmética del Gobierno?

—No. El PP ha acreditado durante la pandemia que es la única alternativa en España. Podemos querer más de lo mismo o podemos cambiar lo que no nos ha gustado este primer año de Gobierno. Pero somos un partido de Estado, sin condiciones, que firmamos un cheque en blanco a tres prórrogas del estado de alarma, avisamos a la cuarta y dijimos no a la quinta, porque entendimos que habían tenido tiempo para desarrollar una alternativa legislativa y no depender de Bildu y los nacionalistas.

—Se le han escuchado frases muy pesimistas respecto a la economía.

—Hemos hablado del comité clínico, pero no tengo más que palabras de agradecimiento para el comité económico y para las empresas gallegas del máximo nivel que nos han prestado a sus directivos, con una gran altura de miras y ejemplaridad. Han trabajado sábados y domingos haciendo documentos que yo mismo les he enviado a la ministra de Economía, a la de Hacienda y a la de Trabajo, que, por cierto, me los agradecieron por carta. Ahora sabemos cómo se va a comportar la economía gallega, y lo podemos actualizar mes a mes.

—¿Cuál es su impresión?

—El panorama de los presupuestos del 2021 y el 2022 tiene pronóstico reservado.

—¿Qué espera de la UE?

—En otoño nos dirán las condiciones del dinero que vamos a recibir. La UE está haciendo un esfuerzo para que Italia y España no se caigan, pero es evidente que no nos van a financiar si nosotros no nos comprometemos a devolver los préstamos y a invertir el dinero incondicional con las medidas estructurales que nos señalen. Pero eso le tocará al Gobierno que salga de las urnas en julio.

«Es evidente que la Unión Europea no nos va a financiar si nosotros no nos comprometemos a devolver el dinero e invertir el dinero incondicional como nos señalen»

—¿Y del Gobierno de España? ¿Qué espera de Sánchez?

—Lo que pedimos nosotros es que haya justicia con los 16.000 millones que se van a transferir a las comunidades. Con criterios de financiación, nos tocarían 1.000 millones. Con los del Ministerio de Sanidad, tocarían unos 700. Y con los criterios que maneja ahora al Gobierno, no llegan a 300. Reclamamos que no se hagan menús a la carta con el reparto del gasto sanitario.

—En casi once años ha gestionado más de precariedad que de bonanza.

—Sí. No está mal, si además de dos legislaturas de vacas flacas te toca gestionar una pandemia, como experiencia política y de gestión. No te olvidas nunca.

—¿De qué más no se va a olvidar?

—No me voy a olvidar jamás ni del accidente del Alvia ni de la pandemia, eso va a quedar en mi memoria individual.

—¿Usted es de los que saben si ya se puede tomar una caña dentro de un bar?

—Sí, no me queda más remedio que saberlo. Pero no me extraña que haya gente que no lo tenga claro. Yo lo que espero es que pronto podamos ir a la playa en Galicia en cualquier provincia, y ver a la familia. Sé que no se puede tomar esa caña en la barra. Y que el aforo es del 40 %, y el lunes, del 50 %.

—¿Se ha sentado ya en una terraza?

—No. Pero esta semana he cenado en un restaurante por primera vez.

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