«No es lo mismo verse por la calle que estar en clase juntos»

Los alumnos de 2.º de bachillerato vuelven a las aulas para terminar el curso y preparar la selectividad


Betanzos / La Voz

Susana ha vuelto hoy a clase después de 75 días lejos del instituto. Es, junto a sus compañeros de 2.º de bachillerato del IES Francisco Aguiar de Betanzos, una de los 40.000 alumnos gallegos (de 2.º de bachillerato y de FP) para quienes hoy abrieron las aulas de colegios e institutos. Y está encantada: «Me alegro mucho de haber venido —decía— porque echaba mucho menos la relación con la clase». Claro que los veía por la calle o a través del móvil, «pero no es lo mismo que estar en clase», incluso con la distancia de dos metros. Para Cristina, estudiante del mismo centro, la cuestión sobre todo es despedir el curso, y Rosalía, compañera de ambas, lo recalca: «O xoves tiña que ter sido a nosa graduación». «Están orfos de graduación», participa el director del IES, Francisco Rodríguez Coloma. Pero a pesar de este hecho, que genera mucha tristeza en el alumnado, el ambiente hoy en el centro de referencia de Betanzos es muy alegre: el efecto de concentrar gente joven es inmediato, incluso cuando son pocos, llevan mascarilla y cumplen a rajatabla la distancia de seguridad.

«En casa estudiar es más difícil»

En general este confinamiento fue asequible para los alumnos y profesores del IES, aunque «en casa estudiar es más difícil», reconoce Susana, y Carla, por su parte, decidió volver a clase porque «la conexión en mi casa es muy inestable». Julián Ferreiro, el profesor de Historia de España de segundo de bachillerato, explica que «los alumnos de segundo no estuvieron desconectados en ningún momento. Los de las otras etapas se tomaron las dos primeras semanas un poco de vacaciones, pero los de segundo de bachillerato, no». Ellos se juegan mucho, y no solo aprobar: «El año pasado tuvimos 21 candidatos para 6 matrículas», recuerda Rodríguez Coloma. Este año con la tercera evaluación dedicada al repaso, las notas son espectaculares. Por eso el centro ha ideado formas de filtrado, como Alejandra Abuín, la profesora de Economía da Empresa, que les ha propuesto un examen oral de 15 minutos, «totalmente voluntario» y solo para subir nota. Hay unos ocho profesores que han decidido optar por los exámenes, tanto para la repesca de los alumnos descolgados como para elegir a quienes se van a llevar la máxima calificación; el resto hace las evaluaciones a partir de trabajos. Los alumnos sienten la presión aunque, como explica Ferreiro, «pasamos de tener el curso de más contenidos y menos tiempo a uno más largo» y eso les ha permitido pararse algo más, tomárselo con cierta calma.

«A mí me ha funcionado muy bien hacer los exámenes en casa, con calma»

José Luis Gorrochategui, el profesor de Historia da Filosofía, saca incluso conclusiones muy positivas de la experiencia: «A mí me ha funcionado muy bien hacer los exámenes en casa, con calma. Son más difíciles de hacer que uno memorístico y yo les exijo que quede perfecto». Gorrochategui ha descubierto dos cosas: «Los alumnos trabajan mucho y muy bien, y sí se pueden poner notas». Cree que esta es una oportunidad para cambiar algo las cosas: «Lo importante es que ellos busquen la información, la procesen y si es posible la expongan».

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Regreso a las aulas con máximas medidas de higiene y distancia social País Vasco y Galicia son las primeras comunidades en reabrir las puertas de los centros educativos.

Estrategias para la selectividad

Menos optimista es Julián Ferreiro, que le toca bailar con una de las asignaturas más complicadas: un temario inabarcable (de Atapuerca a Rodríguez Zapatero), todos los alumnos de un curso (Historia de España es troncal obligatoria) y apenas tiempo (tiene tres horas a la semana): «Creo que debería potenciarse la expresión pero sin dejar de lado la memoria», resume. En su caso, reconoce que este confinamiento les ha venido de maravilla para practicar, y cree que en su caso muchos alumnos no harán teoría en selectividad: «Los que tienen habilidad en el manejo de documentos puede hacer dos composiciones, y además habrá dos del siglo XIX». Es una estrategia de la que no se habla: estudiando a fondo el siglo XIX se puede sacar un diez, aunque Ferreiro recomienda «diversificar» los riesgos y estudiar algo de la teoría anterior. Alejandra Abuín sabe, en cambio, que sus alumnos no están mirando la teoría: «Hay siete bloques en selectividad y tienen que elegir cuatro; cuatro son prácticas y tres, teoría».

«Lo malo este curso es que las notas van a ser altísimas»

Los alumnos, por su parte, están más relajados de lo que cabría esperar un 25 de mayo cualquiera, pero la perfección no existe: «Lo malo este curso —dice Pablo, que quiere hacer Traducción en Granada— es que las notas van a ser altísimas». Pero no siempre, por ejemplo Noemí piensa en hacer algo de educación (Social, posiblemente) y en A Coruña su nota de corta está en un asequible 7,2.

Mientras llega el 9 de junio con las notas y la preparación a la selectividad, los estudiantes de segundo de bachillerato seguirán con todas sus clases, ya en persona, ya en casa, como si el confinamiento solo fuese un detalle.

Primer día de la vuelta a las aulas: de la «formación militar» a la emoción de Carlota

Alumnos de último año de Bachillerato conocieron las nuevas normas hasta final de curso, ya con la evaluación a las puertas. Así fue en un centro de Ourense

Pablo Varela

La primera tanda de alumnos de Bachillerato que accedió al interior del IES As Lagoas, en Ourense, lo hizo tras un tímido aplauso a las puertas del recinto. La imagen parecía más propia de los años de la mili: los estudiantes erguidos bajo el sol, a una notable distancia entre ellos y con la directora del centro educativo, Elisa Rodríguez, aupada sobre un taburete y micrófono en mano, dando las pautas a seguir en los próximos días. 

Desfilaron hacia las aulas antes de las once y media, mientras el segundo turno esperaba fuera, en las calles. Pero en As Lagoas no era día de clase, sino de adaptación y advertencias. A los baños solo podrá acceder una persona a la vez, la cesión de material entre los estudiantes no será posible, para evitar contactos innecesarios, y todos deberán acudir con mascarillas. Técnicamente, recuperan el pulso de la actividad este martes, aunque hubo quien ya acudió hoy con su mochila por la confusión de estos días

Martín, Lucía y Alba, tres alumnos de último año de entre 19 y 17 primaveras, definían la situación como «extraña». «Un poco sí se echaba de menos», decían. Cuentan que se enteraron de que se marchaban a casa estando precisamente en clase: «Nos avisaron estando dentro. Y fue así, de sopetón». Desde entonces, trabajaron en formato telemático, con más encargos grupales que exámenes. Pero ahora, además de la preparación para la selectividad, queda pendiente un fin de ciclo que suele implicar una fiesta, la graduación. Se mantiene la incertidumbre, pero ellos confían en que «se terminará celebrando de una forma u otra».

Mientras ellos se marchaban, Elisa Rodríguez volvía a salir al patio y repetía el modus operandi del principio: taburete, megafonía y pautas de seguridad e higiene que deberán mantenerse hasta el 19 de junio. En cada aula hay un dispensador de gel. Lavarse las manos será obligatorio. Y acudir a las clases es voluntario, pero en cada grupo de Bachillerato hay en torno a 25 alumnos y la mayoría entendieron que para prepararse de cara al examen final deben apretar el paso y no dormirse, así que no se quedaron muchos sn casa.

Trabajar en remoto, una experiencia a tener en cuenta

En el IES Blanco Amor, mientras tanto, Carlos Ferreiro trabajaba entre una mesa plagada de carpetas y papeles. Queda mucho por hacer de aquí a final de curso en un año peculiar, que obligó a los docentes y alumnos a adentrarse más en un formato a remoto que, según parece, no será pasajero. Ferreiro ahondaba en esa experiencia mientras detallaba que ellos han optado por empezar este lunes tras dar las normas y explicaciones precisas a los estudiantes y sus familias.

Carlos Ferreiro, director del IES Blanco Amor, en su despacho
Carlos Ferreiro, director del IES Blanco Amor, en su despacho

Las semanas de tareas a distancia también ha mostrado ventajas, según valoraba Carlota Pombar, de 17 años y en el último año de Bachillerato. «Me gusta que las clases sean voluntarias, porque hay quien vive con personas que están en ese perfil de riesgo y no pueden exponerse ni exponerlas a ellas», explicaba. Y es que el temor a contraer el virus y llevarlo a casa tampoco ha pasado desapercibido para los alumnos.

Carlota Pombar, alumna del IES Blanco Amor, de Ourense
Carlota Pombar, alumna del IES Blanco Amor, de Ourense

El caso de Carlota muestra sentimientos encontrados, porque ella decía concentrarse más en el trabajo estando en su hogar, además del tiempo que ahorra sin tener que desplazarse. Sin embargo, al entrar en el instituto esta mañana notó algo distinto. «Casi me puse a llorar al pasar por la puerta, porque ves esto demasiado vacío», contaba. Ella acudió para no perder comba en la recta final hacia la selectividad, aunque los profesores han comprendido que este año será, para bien o para mal, diferente. «Los que acudimos lo hacemos también para intentar subir nota, pero lo que contaría de inicio serían las notas de las dos primeras evaluaciones», decía.

Cartas al director: «¿Hay riesgo real de que se contagie alguien del profesorado o del alumnado fuera del instituto?»

Regreso a las aulas

Hoy se abren los institutos a los alumnos que van a selectividad y a los que acaban su formación profesional. Con medidas sanitarias dictadas a golpe de resolución de viernes —y preavisada el miércoles— para empezar el lunes. No ha habido un estudio de riesgo de contagio en cada instituto y se carga en las direcciones ultimar el protocolo sanitario común para todos, con muy poco tiempo y sin formación previa en el tema. Nos lanzan a los profesores también sin preparación y con unas pinceladas de cómo actuar. Y tras un período de cuarentena en el que llevamos 12 días de salida controlada, es decir, ni siquiera nos hemos movido libremente.

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