Un acuerdo de última hora hizo naufragar la moción de censura en Catoira

Tres concejales socialistas se desmarcaron de la operación cuando conocieron que el alcalde del BNG dimitía y ahora negocian un gobierno alternativo con los nacionalistas


VILAGARCÍa / LA VOZ

Está por ver si Catoira podrá celebrar en agosto la 60.ª edición de la Romaría Vikinga, una fenomenal parranda de carácter internacional que cada verano acostumbra a colocar al pequeño municipio arousano en el candelero. Durante la mitad de este prolongado período de esplendor normando, el máximo valedor de la fiesta fue Alberto García, el alcalde que accedió al cargo en 1989 y solo lo abandonó treinta años más tarde, después de perder su preciada mayoría absoluta y padecer una extravagante maniobra, en la que el Partido Popular prestó sus tres votos al BNG para colocar al frente del Concello al nacionalista Xoán Castaño, que desde entonces gobernaba con tan solo tres ediles. Por las razones que sean, el joven líder del PP, Iván Caamaño, ha ido cambiando de opinión hasta el punto de firmar una no menos estrepitosa moción de censura con su otrora enemigo irreconciliable, el socialista García, con la idea de turnarse en el bastón de mando y relegar al Bloque al poleiro de la oposición municipal.

Solo la crisis del coronavirus frenó un debate que la desescalada por fin hizo posible. A mediodía, los once concejales (en realidad diez, ya que uno de los vocales del PP dimitió hace semanas y su sustituto todavía no ha tomado posesión) que forman la corporación habían sido convocados a un pleno extraordinario que prometía emociones fuertes. Las hubo: el alcalde Xoán Castaño reventaba la moción de censura al presentar su renuncia minutos antes de que la sesión comenzase. De inmediato, y pese a haberla suscrito a comienzos de marzo, dos ediles socialistas se desmarcaban por escrito de la alianza con el PP, una posición de la que también se descabalga una tercera representante del PSOE, que no estaba presente por motivos de salud. En resumidas cuentas, la operación Drakkar naufragaba sin remisión, al verse privada de la mayoría absoluta imprescindible para que tan siquiera fuese sometida a votación.

«Non son ningún heroe. Dimito por coherencia e para non ser un obstáculo que impida a formación dun goberno progresista e nacionalista. É un acto consciente, voluntario e razoado que espero que os veciños entendan», explicó Castaño. Al menos mientras las aguas bajen así de revueltas, el ya exregidor mantendrá su acta de concejal con el compromiso de colaborar tanto con sus compañeros en el Bloque como con el grupo socialista para negociar ese nuevo gobierno, con otra persona al frente. «Se así mo piden», puntualizó el portavoz nacionalista. Ninguno de sus dos contrincantes llegó a pisar el salón de plenos. Quien más se acercó fue el joven Caamaño, pero solo para recoger a sus partidarios de entre el escaso público que pudo asistir a la sesión. Una vez en la calle, Alberto García clamaba contra «o Stalin de Catoira» tras reconvenir a un vecino que lo había increpado. El líder del PP local, por su parte, anunciaba una reclamación para que su concejal sustituto tome posesión de una vez. El acta, por lo visto, lleva dos meses en un cajón.

Ahora, María Paz (BNG), teniente de alcalde, ejercerá la máxima representación del Concello hasta que la corporación tome cuenta formalmente de la dimisión de Castaño y convoque, dentro de los diez días siguientes, la segunda sesión de investidura de este intenso mandato. La clave de lo que suceda está en el PSOE. Los tres concejales que propiciaron el fracaso de la moción de censura y los tres vocales del Bloque suman seis: mayoría absoluta. En ello andan ya ambas formaciones, que obviamente acordaron sobre la campana lo que ocurrió en el pleno. Si García desaparece de la ecuación, los socialistas, que aspiran a recobrar la alcaldía, podrán presentar un grupo fuerte y unido. Claro que para ello solo hay una vía: su renuncia voluntaria, a riesgo de desencadenar un largo proceso disciplinario enfrentado a sus siglas. Sus compañeros no tiran, en realidad, contra él, sino contra una alianza que rechinaba. Catoira, en fin, resetea. Y, salvo los dos protagonistas de la moción, aquí todos contentos: el PSdeG y el BNG porque regatean un desagradable encontronazo con las urnas a la vista, y el PP porque, al fin y al cabo, para los experimentos siempre ha ido mejor la gaseosa.

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