El Supremo confirma las condenas al clan del narcotransportista O Mulo

Con la excepción de la impuesta a un cómplice, ratifica las penas por intentar introducir 3,6 toneladas de cocaína en el año 2008 en la costa gallega

O Mulo, durante un juicio en la Audiencia de Pontevedra
O Mulo, durante un juicio en la Audiencia de Pontevedra

Pontevedra / La Voz

Sin posibilidad de recurso alguno, el Tribunal Supremo acaba de desmontar el clan de quien hasta no hace mucho era considerado como uno de los principales narcotransportistas de las Rías Baixas, Rafael Bugallo Piñeiro, O Mulo. El alto tribunal ha confirmado la práctica totalidad de las penas impuestas en su día por la Audiencia de Pontevedra a este grupo de lancheros, de tal modo que solo uno de los acusados -uno de los cómplices de O Mulo- ha visto como se le rebaja a la mitad su pena inicial de seis años y un día, así como se le reducían las dos multas impuestas hasta los 32.500 euros.

En el caso de Rafael Bugallo se han confirmado los ocho años y medio de cárcel y dos multas de 128.000 euros. En el banquillo acompañaron al cambadés otra decena de encausados, que deberán cumplir penas de entre los seis años y nueve meses, y los dos años y tres meses. 

El Supremo, en todo caso, coincide con el resto de tribunales en desestimar la pretensión de la Fiscalía de que todos los acusados hubiesen conformado una organización criminal: «La participación de los demás acusados es más bien puntual, de donde, más que pertenecer a una organización, podría considerarse que colaboran con la misma en la labor concreta que se les encarga, sin que exista con Rafael Bugallo, ni con ninguno de los otros acusados, ningún vínculo jerárquico dentro de una estructura organizativa».

De este modo, se considera acreditado que O Mulo estaba detrás del transporte frustrado de 3,6 toneladas de cocaína que se intentaron introducir en el verano de 2008 por la costa pontevedresa, un operativo que terminó con una lancha varada entre llamas en la playa de A Lanzada. Meses antes, y con la idea de introducir la droga en territorio nacional, Rafael Bugallo,José Antonio Búa Padín y Luis Miguel Fajardo Vázquez «se encargaron de construir y pertrechar dos lanchas rápidas en dos naves» ubicadas en el lugar de Castrelo (Cambados) y en Nogueira de Arriba, Santo Tomé de Meis.

La estrategia inicial de los lancheros era que las planeadoras alijasen la droga de un buque nodriza en un punto concreto del océano Atlántico, de tal modo que, dada la larga travesía que las lanchas tenían que cubrir, se emplazaría en su trayectoria un buque pesquero que les debía abastecer de combustible.

Inicialmente se llegó a un acuerdo con el responsable de un buque, si bien, a la postre, se echó para atrás «vaciando los depósitos de gasolina que ya estaban preparados para el repostaje de la lancha en altamar».

O Mulo tuvo que rehacer sus planes para sortear este contratiempo, para lo cual se valió del pesquero Ratonero. Así, en la madrugada del 9 al 10 de agosto del 2008, la planeadora se echó a la mar, mientras cómplices de Rafael Bugallo controlaban las las embarcaciones del Servicio de Vigilancia Aduanera en Vigo.

Prácticamente a la misma hora, el Ratonero partió del puerto de O Grove con más de dos mil litros de gasolina en sus bodegas: «El suministro de combustible a la embarcación rápida por parte del Ratonero se produjo hacia las 21 horas del día 13 de agosto (...) haciendo posible, de esta forma, que la misma pudiera cubrir una distancia tan grande en relación con sus características y sistema de propulsión».

Bugallo había estimado que la cocaína llegaría a suelo pontevedrés el 14 de agosto. Sin embargo, todo se torció por un error en las comunicaciones, de tal modo que «quienes esperaban en tierra para alijar la droga que transportaba la embarcación no pudieron enterarse de que esta llegaría realmente el 15 de agosto». Así que, cuando la planeadora llegó a su destino, nadie la esperaba. La tripulación tomó entonces una decisión desesperada al fondear los fardos de cocaína en las proximidades de Cabo Silleiro para, acto seguido, varar la lancha en la playa de A Lanzada, donde le prendieron fuego para tratar de borrar las huellas y vestigios que pudieran permitir su identificación por la policía.

 Una de las pruebas de cargo contra los acusados la facilitó «involuntariamente» el propio Rafael Bugallo cuando fue arrestado en enero del 2015 en relación con la tonelada y media de cocaína que transportaba el Coral I. Entonces, O Mulo fue arrestado en un zulo que había practicado en su vivienda y en el que, aparentemente, pretendía ocultarse de la policía. Los investigadores localizaron en el registro de esta casa una carta escrita de su puño y letra en la que relataba todos los pormenores, nombres incluidos, de la operación que se había desarrollado siete años atrás: «La carta ocupada en el registro del domicilio del recurrente (...) no puede ser valorada como una confesión, sino como una prueba en su contra aportada por la acusación», refieren desde el Supremo.

Curiosamente, el Ratonero, la gasolinera flotante que había ideado O Mulo para suministrar gasolina a su planeadora, volvió a ser interceptado en el 2012. No obstante, su función ya no era la misma, ya que transportaba tres toneladas de cocaína. 

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Este se encontraba entonces en libertad condicional a la espera de ser juzgado en relación con un alijo fallido en A Lanzada, por el que a principios de este año le cayeron ocho años y medio de prisión. Según expuso ayer en la Audiencia de Pontevedra uno de los policías que participó en su arresto de hace tres años, los agentes de los Grupos Operativos Especiales de Seguridad (GOES) tomaron la vivienda y la aseguraron para, acto seguido, comenzar un registro de todo el interior.

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