El segundo macroalijo de cocaína del año en Galicia procedía de Panamá y fue transferido en el Caribe

El buque que transportaba cuatro toneladas hacia Galicia utilizó una ruta comercial entre Sudamérica y Europa.La operación suma 28 detenciones, pero el presunto cerebro logró huir en el último momento

Vivienda de Juan Carlos Santórum, que huyó al conocer la operación policial
Vivienda de Juan Carlos Santórum, que huyó al conocer la operación policial

vilagarcía

El 2019 se despidió con el estrepitoso episodio del narcosubmarino que emergió en la ría de Aldán con tres toneladas de cocaína en las tripas. Las fuerzas de seguridad redondeaban, así, un año de récord por lo que respecta a la lucha contra el tráfico de sustancias estupefacientes. El balance, quince toneladas de polvo blanco incautadas, con el denominador común de Galicia en alguno de los pasos del intento por colocar la mercancía en el mercado europeo. De seguir así las cosas, el 2020 destrozará aquella marca. Solo en el mes y medio transcurrido desde la implantación del estado de alarma para tratar de frenar el coronavirus se ha incautado la mitad de aquel volumen: 7.700 kilogramos de fariña entre las dos planeadoras perseguidas a la antigua usanza entre las bateas de la ría de Arousa, el 28 de marzo, y los cuatro mil kilos que el domingo fueron interceptados en el Atlántico, cuando se dirigían a las Rías Baixas para ser descargados de una forma similar, al estilo de la vieja escuela.

La operación ya tiene nombre. Se llama Donkey y corre a cargo del Servicio de Vigilancia Aduanera (SVA) y los Grupos de Respuesta contra el Crimen Organizado (Greco) del Cuerpo Nacional de Policía, bajo la dirección del Juzgado de Instrucción número 3 de Vigo, adonde hoy llega este segundo macroalijo del confinamiento. El buque que transportaba la mercancía navegaba bajo la bandera de Togo y fue interceptado en el Atlántico por la Armada mientras recorría una de las rutas comerciales que comunican Sudamérica y Europa. A bordo, quince tripulantes, detenidos. De la cocaína se iba a hacer cargo una de las organizaciones de transporte por planeadoras más importantes de las Rías Baixas, lo que equivale a colocarla en lo más alto del podio europeo. Y hay otro detalle sustancioso: la droga procedía de algún punto de la costa panameña y habría sido transferida en el Caribe por una embarcación menor.

La operación en tierra se tradujo en una secuencia de registros que peinaron diferentes puntos de O Salnés hasta completar 28 detenciones. Entre ellas, la de Braulio Vázquez, a quien se le supone un papel preponderante en el guion preparado para que esas cuatro toneladas de cocaína hubiesen alcanzado Galicia. Una de las naves que presumiblemente escondían las planeadoras -al menos dos de ellas han sido intervenidas- se halla en las inmediaciones de la playa de A Lavaxeira, en O Grove. Fue en este municipio donde cayó Yamandú Reboiras, que tuvo sus problemas hace unos treinta años con el tabaco y el hachís, pero parecía haber abandonado la vida en el filo de la ley para consagrarse al mundo de las motos. Presidió, de hecho, el club Sentolos, desde el que ganó relativa notoriedad hace unos años, al levantar ampollas con los carteles de aroma inequívocamente sexista con los que promocionaba sus concentraciones. Su relación con esta trama también está por determinar.

Quien sigue desaparecido es Juan Carlos Santórum, a quien la investigación adjudica la categoría de cerebro del alijo en su rama gallega, bien como transportista especializado, bien como algo más. El vilanovés consiguió escabullirse en el último momento, cuando los agentes prácticamente se hallaban en las puertas de su vivienda, en Vilanova. Él y Vázquez comparten bastante más que su origen arousano. Forman parte de una generación todavía joven (nacieron en el 80 y el 81, respectivamente), pero bregada al calor de los mejores en el negocio de las planeadoras.

En ese grupo está gente como Saro, huido en Marruecos bajo protección colombiana, y Patoco, fallecido en un accidente de tráfico en el 2008, pionero en la profesionalización del oficio, tal vez el mejor lanchero de la ría desde el legendario Kubala, y cabecilla de un equipo de élite en lo suyo. Ambos arrastran, también, notables cuentas pendientes con la Justicia.

Los últimos cachorros del narcotráfico

JAVIER ROMERO

Vivieron de niños la Nécora; algunos ni fueron condenados pero llevan años investigados y ya esperan sentencia en prisión; son la enésima camada de la activa cantera arousana

Al árbol genealógico del narcotráfico en Galicia le brotan ramas con cada nuevo acusado o alijo apresado. El oscuro linaje cumple 35 años aportando capataces y peones al negocio. Son los hijos y nietos de la operación Nécora. Los mismos que, junto a fundadores del negocio, siguen alimentando el estigma de las Rías Baixas. «El nivel de uno mismo lo elige cada uno: bajo, para mover gramos; medio, con paquetes de kilo; y alto, ya sea organizando descargas o alijos. Depende siempre de lo que te guste el dinero», detalla un mando policial. Galicia, desde el 2017, encadena 24 toneladas requisadas. Un indicativo del bum actual en los cinco continentes. «No puede hablarse de generaciones estancas, están mezcladas, se conocen del negocio, de la cárcel... trabajan juntos, se mezclan con extranjeros». El Ministerio del Interior ubica 25 organizaciones activas a orillas del Atlántico e Interpol cifra en más de 400 los gallegos implicados. No todos se llaman Miñanco, pero sí aspiran a la posición y el dinero que el gran jefe manejó antaño. Los más jóvenes, los que anhelan fortuna y ocupar el trono, tienen nombres y apellidos. Mientras, los más importantes se mueven en la sombra. Todos, en definitiva, son cachorros de la fariña.

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