Arrancan con incertidumbre las pruebas en el último tramo del AVE

El ADIF inicia ensayos de carga en viaductos cuando solo está desplegada la vía derecha

Pruebas de carga en uno de los viaductos del AVE
Pruebas de carga en uno de los viaductos del AVE

redacción / la voz

El Administrador de Infraestructuras Ferroviarias (ADIF) acaba de iniciar las pruebas de carga en los viaductos del último tramo del AVE gallego, el primer paso en la serie de ensayos hasta la puesta en servicio, aunque con la particularidad de que la línea no está terminada. Tan solo está finalizada la vía derecha, lo que ha permitido que los convoyes ferroviarios accedan a dos de los principales viaductos del tramo que sigue en obras entre Pedralba de la Pradería y Ourense. Así, los técnicos que dirigen las obras pueden comprobar estos días la resistencia y la fiabilidad de los pasos elevados de Requejo y Pedregales. «Con estas actuaciones da comienzo la fase de pruebas del último tramo en ejecución del acceso de alta velocidad a Galicia. Los test forman parte de los estudios previos necesarios para la explotación comercial de la línea de alta velocidad», explicó el ADIF en un comunicado, en un contexto en el que se enfrentan a la incertidumbre de los efectos que aún puede tener la epidemia.

Estas pruebas comienzan con un ligero retraso con respecto a la planificación prevista por la influencia de la crisis del COVID-19 en el desarrollo de las obras, que obligó a paralizar dos contratos clave antes incluso de que el Gobierno decretara el parón generalizado en las obras públicas y en la construcción, mediante un permiso recuperable y retribuido. Estos dos contratos son la instalación de la vía en placa en túneles y viaductos entre Pedralba y Campobecerros, así como la adaptación a la alta velocidad del tramo de vía convencional entre Taboadela y Ourense, donde todavía no se han reiniciado los trabajos.

Las pruebas de carga consisten en la ubicación de distintas configuraciones de pesos sobre las estructuras, con el fin de verificar que el comportamiento estructural de los viaductos se corresponde con los cálculos realizados, «y certificar que la construcción se ha llevado a cabo de forma satisfactoria», precisa el administrador ferroviario. Para estos primeros ensayos en los viaductos de Requejo y Pedregales, se emplea un tren compuesto por locomotora y hasta seis vagones-tolva cargados de balasto, las piedras que se utilizan como lecho para los carriles y las traviesas. Las pruebas que se realizan son tanto estáticas como dinámicas, en este caso a distintas velocidades de circulación.

El ADIF tiene previsto efectuar estas inspecciones en un total de 35 viaductos y 39 pasos inferiores de todo el tramo Pedralba-Ourense, incluyendo la adaptación del trayecto Taboadela-Ourense, aunque estas revisiones deberán acompasarse a la finalización de los trabajos de despliegue de las vías, pues todavía hay que terminar la vía izquierda, así como desplegar los elementos de electrificación y de seguridad en este último tramo. La propia Xunta criticó en su momento que se considerara como inicio de las pruebas estos ensayos de carga, sin que estuviera terminado el tramo que se pretende poner en servicio.

El viaducto de Requejo está situado en el límite con la provincia de Zamora y tiene una longitud de 1.718 metros. El de Pedregales se encuentra en la misma zona y tiene una longitud de 962 metros.

Un tramo clave pendiente de que haya mascarillas para los trabajadores

La incertidumbre reina estos días en las obras de la línea de alta velocidad, como en casi todos los proyectos de obra pública que se desarrollan en España. Cualquier contagio en un grupo de trabajo implicará que todos los trabajadores de ese tajo tengan que pasar por un período de cuarentena, por lo que sobre el avance del nuevo acceso ferroviario está siempre presente esta amenaza.

Las recomendaciones oficiales para este tipo de obras prescriben una distancia entre operarios de dos metros. De no ser posible mantener esta separación, es preceptivo el uso de mascarilla pero, si no se dispone de este elemento de protección, no pueden desarrollarse los trabajos. Esta es la situación en la que se encuentra el tramo entre Taboadela y Ourense, donde se está adaptando la vía convencional a los parámetros de la alta velocidad.

Espacio muy reducido

La unión temporal de empresas que desarrolla esta adaptación al ancho internacional mediante un tercer hilo está realizando actividades que requieren la participación de trabajadores en un espacio muy reducido, como en la ejecución de arquetas, cunetas, bulones en hastiales de los túneles y en el desguarnecido del balasto. Además, deben realizar todo esto en un corte nocturno de tres horas, pues en este tramo circulan los trenes convencionales con destino a Madrid. «La ute está tratando por todos los medios de adquirir mascarillas para mitigar el riesgo de contagio. En cuanto disponga de ellas se retomarán los trabajos», aseguraron fuentes del ADIF.

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Como ha sucedido con gran parte de los sectores económicos del país, las obras del nuevo acceso ferroviario de alta velocidad se vieron afectadas de lleno por la crisis sanitaria, y ello a pesar de que durante el mes pasado no se había paralizado oficialmente la actividad en la obra pública y en la construcción, como sí sucedió a partir del pasado día 29 de marzo, cuando se aprobó un decreto para habilitar un permiso retribuido recuperable para los trabajadores que no prestan servicios esenciales, con el fin de reducir la movilidad de la población.

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