«Tener que irme en este momento de crisis absoluta ha sido durísimo»

Fernando Pico López, excomisario de la policía autonómica de Galicia, ha tenido que dejar el cargo por jubilación


santiago

Tras 43 años en el Cuerpo Nacional de Policía (CNP), los últimos dos como comisario jefe de la Policía Autonómica, Fernando Pico López (Vilalba, Lugo, 1955) ha colgado la gorra. Muy a su pesar, el pasado 28 de marzo no le quedó más remedio que jubilarse y lo ha hecho con pena «porque yo siempre he sido un policía vocacional, un enamorado de mi trabajo», explica. Fue uno de los agentes que, en 1991, fundó la unidad adscrita y antes de llegar a comandarla estuvo destinado en Barcelona, A Coruña y fue comisario en Ferrol. «Haber terminado mi carrera en la unidad ha sido un orgullo y un premio por el que siempre les estaré agradecido al presidente Feijoo y al vicepresidente Rueda», señala.

—Imagino que habrá sido extraño, casi hasta doloroso, tener que jubilarse en un momento de crisis por el coronavirus.

—No se lo puede imaginar. Tener que irme en este momento tan difícil, de crisis absoluta, ha sido durísimo. Algunas noches no he dormido porque, aunque todo el mundo sabe que no es así y que la jubilación es inevitable, porque al cumplir los 65 años te tienes que marchar obligatoriamente, he tenido la sensación de que abandonaba el barco en el momento en el que más trabajo y más necesidad hay. Ha sido desagradable. Me habría quedado un poco más encantado de la vida para echar una mano porque siento que era necesario y me apetecía, pero no se puede.

—Le nombraron en mayo del 2018, por lo que ha estado algo menos de dos años al frente de la Policía Autonómica. Han sido, sin embargo, de mucho cambio en la unidad, ¿qué balance hace?

—En el ámbito policial es complicado hacer balances, porque aunque cumplas los objetivos que te has propuesto, cuando miras la realidad te das cuenta de que sigue habiendo incendios forestales, y sigue habiendo violencia de género, y sigue habiendo furtivismo... Y por muy bien que estén los números, la estadística, los problemas que causan esos delitos continúan, por lo que sigues pensando que hay que redoblar esfuerzos. Es una lucha diaria. Ahora bien, estos dos años han sido un orgullo y un placer. Nunca se me pasó por la cabeza que podría terminar siendo jefe de la unidad adscrita en Galicia. Ha sido todo un premio, así que el balance personal es magnífico. El profesional también, pero por muy bien que den las estadísticas yo nunca estaré satisfecho. Nunca será suficiente, hay que seguir.

—De los asuntos en los que se ha especializado la unidad, como incendios, violencia machista y furtivismo, ¿cuál de ellos cree que es el más difícil de atajar?

—De todos esos que cita, creo que los incendios forestales. Este es un tema que conozco, porque yo fui fundador de la unidad en 1991 y una de mis primeras funciones fue crear los grupos de investigación de incendios y medio ambiente, así que tengo mucha experiencia en ese campo. En aquel tiempo, buscamos pisos en las zonas más complicadas, uno por provincia, para mandar grupos de tres o cuatro agentes y hacer labor de campo. Se hicieron muchísimas horas de vigilancia y se identificó a mucha gente. La actuación fue tan positiva que fue lo que hizo que se plantease la necesidad de abrir las cuatro sedes provinciales en Galicia. Había gente muy buena, con mucha experiencia, pero veníamos todos del asfalto, de investigación, de atracos, pero esto era algo nuevo y había que cambiar muchísimo la forma de trabajar. La diferencia entre ir a interrogar a un señor en la ciudad o en el medio rural gallego es enorme. El del medio rural, si te descuidas, acaba interrogándote a ti. Así que ha sido un trabajo duro, de ir muy poco a poco, que ha exigido mucha formación hasta hoy, que ya hay hasta cámaras de videovigilancia en los montes y drones.

«Nada cambiará si el ciudadano no entiende que el incendiario es un delincuente»

Los muchos años de experiencia que acumula Fernando Pico en la lucha contra los incendios forestales en Galicia le han llevado a una única conclusión, que por muchas nuevas tecnologías que se empleen y por mucho que se modernicen los sistemas de investigación «nada cambiará si el ciudadano no entiende que el incendiario es un delincuente, como el que roba bancos, atraca o mata. El ciudadano tiene que comprender que los incendios forestales pueden provocar muertes, como ya ha pasado, por lo que le pediría a la sociedad que se diese cuenta de que esta actividad mata gente y hace mucho daño, por lo que todo el mundo tiene que colaborar, porque sin colaboración es imposible acabar con esta lacra», asegura.

—¿Qué retos le quedan sobre la mesa a su sucesor?

—Ante todo, la pandemia. Y cuando esto acabe, que acabará, ya estará en plena campaña de incendios, porque esto no para. Pero sobre todo, está el Xacobeo del año que viene, que es muy importante para Galicia y para España.

—Y que se complete la plantilla, como le acaba de reclamar la Xunta al Gobierno central.

—La plantilla de la unidad es de 500 agentes y ahora mismo estamos por debajo de los 400. Yo comprendo que en la Policía todo el mundo necesita gente y cuando estuve de comisario en Ferrol o de jefe de la Brigada de Seguridad Ciudadana en A Coruña también tuve que lidiar con la falta de personal. En seguridad, cuanta más gente tengas, más cosas podrás hacer.

—Pero lo mínimo es que se cubran las plantillas, ¿no?

—Eso sí, porque la sociedad gallega nos conoce, nos demanda los servicios que ya le prestamos y, para eso, necesitamos más gente. Lo ideal es que cada dos años se fuesen cubriendo las bajas.

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