El alijo récord contó con la alianza de dos tramas desde A Guarda y Arousa

Sellos diferentes en los fardos delatan que la cocaína procede de tres distribuidores


vilagarcía / la voz

Si las pistas que maneja la investigación aciertan el disparo, el alijo de 3.700 kilogramos de cocaína interceptado este fin de semana en Arousa puede poseer un intrincado trasfondo de colaboración entre diferentes redes de narcotraficantes. Lo que, para empezar, parece fuera de toda duda es la intervención en esta ambiciosa operación de al menos tres suministradores de la mercancía en su origen. Las organizaciones sudamericanas que producen el polvo blanco acostumbran a marcar su material con un sello distintivo para que nadie se lleve a engaño sobre quién está detrás de él. Pues bien, ya desde que tuvieron en sus manos los primeros fardos que dos planeadoras trataron de introducir en la ría, a los agentes de la Unidad de Drogas y Crimen Organizado (UDYCO) del Cuerpo Nacional de Policía, y del Equipo de Delincuencia Organizada y Antidrogas (EDOA) de la Guardia Civil, ambos de Pontevedra, les extrañó que los tamaños de los paquetes fuesen desiguales. Pero lo que verdaderamente llamó su atención fue la presencia en ellos de tres símbolos diferentes.

Se trata de una arroba (@), del signo con el que se representa el porcentaje (%) y del icono que desde los años 60 del siglo pasado se asocia con la paz: un círculo con tres líneas en su interior que se configuran como la pisada de un ave. Las pesquisas en marcha deberán determinar quién puso el dinero en el mayor alijo de cocaína aprehendido en Galicia en los últimos trece años, y el papel que cada organización desempeñaba en este audaz intento de aprovechar el confinamiento impuesto para atajar la pandemia del coronavirus. De momento, la concurrencia de esos tres productores parece obvia.

Más de un año investigando

El hecho de que la caída de esta trama, o conjunto de ellas, se llevase a cabo sin cooperación internacional, con trabajo de calle y mucha constancia, añade un mérito notable a esta operación, bautizada como Lince. Los primeros movimientos ejecutados por los dos equipos especiales de la Policía Nacional y la Guardia Civil se remontan, de hecho, más de un año en el tiempo. Y sin duda han dado frutos más que considerables. Una de las hipótesis que manejan los investigadores apunta a la posibilidad de que en este envío masivo de cocaína al estilo de la vieja escuela, con su buque nodriza y sus planeadoras surcando el mar, se hiciese realidad gracias a la alianza de dos redes gallegas.

Se da por hecho el rol de liderazgo que ejercía el guardés Antolín Fernández Pajuelo, con tres décadas de experiencia en la importación de sustancias psicotrópicas y muescas en su culata del calibre de un secuestro y el disparo a un camarero. Vinculado a empresas del sector náutico, su grupo podría haberse encargado de la logística oceánica. Es decir, de todo lo relacionado con el buque que cruzó el Atlántico con la cocaína a bordo. La segunda red, asentada en Arousa, habría fletado las planeadoras que recogieron la mercancía en alta mar para depositarla y alijarla en tierra.

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