El alijo del narcosubmarino iba a ser escondido en la casa de Cangas en la que el piloto se ocultó

Le dijo a otro investigado que la vivienda es de un familiar

El piloto pasó cinco días en esta casa, sin comer ni beber
El piloto pasó cinco días en esta casa, sin comer ni beber

Vigo / La Voz

Al hundimiento del narcosubmarino lo precedieron varios intentos frustrados para soltar un lastre de 3.050 kilos de cocaína. El semisumergible se fue a pique el 24 de noviembre en la ría de Aldán (Cangas). Dos días antes, el viernes, uno de los detenidos, Iago Serantes, contactó en Vigo con Rodrigo Hermida, también investigado y ambos amigos del piloto, Agustín Álvarez. Le urgía reunirse con él. El encuentro fue a medianoche, en Teis. Iago le habría ofertado a Rodrigo la posibilidad de participar, esa misma madrugada, en una descarga de tres toneladas de polvo blanco a unos 25 kilómetros de Vigo, en O Morrazo.

Incluso le habría ofrecido de 15.000 a 20.000 euros por un chollo a vida o muerte. El único dato que Rodrigo obtuvo del encargo elevaba a 22 metros la eslora de la embarcación que traía la mercancía, nada que intuyese su aspecto de submarino. Hermida desechó la propuesta y se fue. A las pocas horas recibió un mensaje de Iago informando de que se cancelaba todo. Problemas de combustible y la mala mar implicaban un riesgo demasiado alto. La investigación relaciona esta descarga frustrada con las anotaciones confiscadas en Vigo a Iago Serantes y su padre, Enrique, con un listado de todo lo necesario para llevar a buen puerto sus planes.

Ventana indiscreta

La ley de Murphy se cumplió al dedillo en las siguientes 72 horas. Todo salió mal y Agustín Álvarez, a diferencia de sus dos marineros, escapó. Natural de Vigo y gran conocedor de la parroquia de Hío, se lo tragó la tierra aquella madrugada en la playa de O Foxo. Nada se supo de él hasta cinco días después, cuando fue detenido. Lo vieron dentro de una casa a través de una ventana sin persiana. Él, al percatarse, salió corriendo con una mochila en la mano. Los agentes lo arrestaron vistiendo un traje de neopreno y botas, presentaba un aspecto demacrado y suciedad en el rostro con manchas negras en las manos.

Portaba dos teléfonos iPhone apagados, 800 euros, escarpines, su pasaporte, un tarjetero con documentación personal y llaves. También se encontró una batería de teléfono satelital. Se trata de una vivienda para el verano y en desuso el resto del año que Álvarez conoce bien. O al menos así se lo trasladó a Iago Serantes, que también se lo expuso a Rodrigo asegurando que Álvarez cuenta con una casa de algún familiar cerca de la playa. La misma vivienda en la que el piloto se escondió durante cinco días y la misma en la que, según la investigación, se habría escondido el alijo de haberse consumado con éxito la descarga.

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