Alcaldes de pueblo, diputados de moqueta

Los regidores de Mondoñedo, Cenlle y Bande tendrán que dejar sus cargos por integrar las listas del PPdeG

La alcaldesa de Mondoñedo, Elena Candia
La alcaldesa de Mondoñedo, Elena Candia

Santiago / La VOz

Feijoo ha desvelado que en las últimas dos décadas ha renunciado a ser consejero de otra comunidad —se supone que en Madrid, antes de incorporarse a la Xunta de Fraga—; a ser ministro del Gobierno, una oferta que le hizo Mariano Rajoy; y a ser vicepresidente del PP con Pablo Casado. Lo contó con orgullo en el mitin de Ourense, delante de dos de los dirigentes que habían recibido su negativa, y lo hizo para reforzar la idea de que nunca ha tenido aspiraciones más allá de Galicia.

Otras tres personas escuchaban al presidente del partido en silencio y con discreción, porque 24 horas más tarde tenían que pasar el trance de renunciar a las alcaldías de sus pueblos a cambio de ir en las listas provinciales en puestos que, salvo debacle, garantizan un escaño. Elena Candia (Mondoñedo), Gabriel Alén (Cenlle) y José Antonio Armada (Bande) han dejado la primera línea de la política local para dar un salto posiblemente merecido pero que es más arriesgado de lo que parece. Además de lo difícil que es decirle que no al «jefe», entregan el bastón de mando con tres años y medio por delante para integrarse en un mundo aparentemente más sosegado, con un sueldo bastante más alto y con posibilidades de seguir proyectándose en la política. Pero con el peligro latente de matar para siempre el gusanillo de hacer cosas palpables y útiles por los vecinos.

Feijoo tiene una centrifugadora de cargos con dos direcciones entre el Parlamento, el Gobierno y los ayuntamientos que agita cada vez que hay unas elecciones. De todos los movimientos posibles, el más complicado es el que dieron los exconselleiros que mandó a embarrarse al mundo municipal, en general con bastante poco éxito. Pero también hay ejemplos de buena adaptación, como la conselleira Ángeles Vázquez, exalcaldesa de Melide, o el doctor Vázquez Almuíña, que dejó Baiona para ponerse al frente de ese toro bravo que es Sanidade.

El de Galicia es un Parlamento con dos caras de la misma moneda, la de la desmotivación. Cuando ganas, pronto te acomodas al ritmo del rodillo sobre las moquetas. Y si eres oposición, la frustración te invade en cuatro o cinco sesiones. Lo contaba Sánchez Bugallo tras su primera retirada de la política local compostelana. Después de trabajar más de una década a pie de obra y de lunes a domingo, se aburrió en O Hórreo leyendo la prensa y preparando mociones que eran papel mojado. Lo supo el día que el PP le tumbó una iniciativa para arreglar un puente de Os Peares, el pueblo del presidente.

Rajoy vendrá a hablar de su libro

El expresidente Rajoy no pierde ni una oportunidad pública para recomendar su libro, «Una España mejor», el ejercicio de reflexión que le sirve de disculpa para salir del retiro y hablar de política. En breve lo presentará oportunamente en Vigo.

Las amistades rupturistas

En la primera reunión de trabajo del grupo parlamentario de En Marea, al inicio del otoño del 2016, algunos diputados se saludaron por primera vez en su vida. En el nuevo proyecto de Galicia en Común-Anova todos se conocen, para bien y para mal.

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