La Galicia caricaturesca que pinta Vox

Los ataques del partido derechista a Feijoo centran al PPdeG y acentúan su galleguismo


El intercambio de ataques vivido esta semana entre Feijoo y Vox es, por ahora, lo más entretenido de la carrera de las autonómicas del 5A. El presidente de la Xunta abrió la espita al acusar a Vox de ser «un partido que está contra Galicia» y enseguida saltaron a escena Santiago Abascal, Ortega Smith o Espinosa de los Monteros equiparando a Feijoo con Torra y Jordi Pujol o acusándolo de ser un peligroso nacionalista que edificó una especie de apartheid para imponer el gallego, como si el gallego lo creara el PP y no tuviera ya una historia de mil primaveras.

El BNG y el resto de la oposición, que llevan años acusando al líder del PPdeG de hacer justo lo contrario con la lengua de Rosalía, tendrían que llevarse las manos a la cabeza con las imputaciones de Vox, que evidencian su profundo desconocimiento de esta tierra. La formación derechista cae en el mismo error de Ciudadanos cuando tocó Galicia. Deciden desde lejos, a 600 kilómetros, muchas veces de oídas y guardando siempre la jerarquía. Se empeñan en observar el universo con lupa, en vez de hacerlo con un telescopio.

Este método, lo único que produce es distorsión, una imagen caricaturesca de Galicia. Hasta el presidente de los populares de Ourense, José Manuel Baltar, que tuvo a la tía de Abascal de cabeza de lista cunera en su provincia, llegó a tildar a Vox de ser «un poco marciano». Y no será porque la política ourensana ande escasa de marcianadas desde las municipales del año pasado.

«Para nosotros es un regalo», dicen en la dirección del PPdeG sobre los ataques de Vox a Feijoo. Y es que mientras los candidatos del PSdeG, Gonzalo Caballero, y del BNG, Ana Pontón, se afanan en construir la imagen de un líder popular capaz de pasear de ganchete con la ultraderecha con tal de mantener el Gobierno de la Xunta, los ataques de Vox a Feijoo no solo desmontan esta idea, sino que sitúan al PPdeG en la centralidad política y refuerzan su imagen galleguista y de defensa del autogobierno.

Entrar en Galicia alertando de que Feijoo es un nacionalista que amenaza la unidad de España como lo puede hacer Torra no es algo que vaya a comprar el electorado gallego, básicamente porque no es cierto. Feijoo no es nada más y nada menos que el sucesor de Manuel Fraga, que combina esa capacidad de emocionarse hasta la lágrima al hablar de su aldea o de las penurias familiares con la defensa tenaz de la unidad de España. Profundamente español y ambiciosamente autonomista. Ese es el PP de Galicia.

Puede incluso que los reproches de Abascal y su guardia de corps estén dirigidos más bien a Pablo Casado, con lo que Feijoo solo sería un pretexto para ganarle terreno al PP en el resto de España en la defensa de la unidad nacional. Es lo más probable, sobre todo ahora que Abascal está incurso en un proceso interno para revalidar su liderazgo.

Pero esa estrategia decidida a 600 kilómetros borra a Vox de Galicia. «¡Cómo pican los merluzos esta temporada!», escribió en Twitter Ramón Maceiras, hasta no hace mucho agitador de Vox en Galicia, cuando Abascal se lanzó contra el líder del PPdeG después de que este abjurara de pactos con la ultraderecha. Vox prioriza su estrategia en España y puede ocurrirle como a Cs y antes al CDS, que tuvieron más de 100.000 votos en generales, e incluso diputados, pero en autonómicas se le esfumaron 3 de cada 4 votos que habían recibido.

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El PSdeG será el único partido de corte tradicional e implantación en todo el territorio gallego que tratará de convertirse en una de las patas que conformen una alternativa al PPdeG de Feijoo, que de momento competirá en el espectro del centroderecha con Ciudadanos y Vox. El resto de contendientes por la izquierda serán organizaciones políticas fundadas bajo diferentes fórmulas para acoger a varios partidos y corrientes diferentes.

El BNG es la otra marca más reconocible, aunque su configuración interna es un frente, un gran paraguas bajo el que tiene una posición dominante la UPG sobre otros partidos minoritarios, aunque buena parte de su militancia está compuesta por afiliados independientes.

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