Anova negocia con las mareas y aparca la invitación de Villares

Las diferencias entre los partidos de la izquierda complica las alianzas

El colectivo que encabeza Luís Villares acordó no concurrir a la cita con las urnas en una asamblea celebrada este sábado
El colectivo que encabeza Luís Villares acordó no concurrir a la cita con las urnas en una asamblea celebrada este sábado

Santiago

Anova se mantiene en silencio sobre la oferta que esta semana le lanzó Luís Villares para ir juntos a las autonómicas. Mientras el líder de En Marea mantiene esa mano tendida, en el partido de Xosé Manuel Beiras apuran los contactos con las mareas urbanas para ir juntos a las elecciones, con Unidas Podemos o en solitario. En ese plan se enmarca la llamada de la Marea Atlántica, reunida el miércoles en asamblea para pedir, una vez más, «a unidade do espazo do cambio» y la presentación de una candidatura conjunta «na que estean representados, cando menos, os catro grandes eixos das confluencias que naceron en 2015: Podemos, Esquerda Unida, Anova e o municipalismo que representan Compostela Aberta, Ferrol en Común, a Marea de Vigo, Ourense en Común, Sadamaioría e a propia Marea Atlántica, entre outras organizacións». A En Marea, ni mentarla.

Difícil acuerdo con Podemos

Esas agrupaciones municipales y Anova ignoraron la llamada de Villares y siguen empeñados en llegar a un acuerdo con Podemos que, cada día que pasa, parece más difícil. El partido morado está centrado en su propio proceso de primarias, al que posiblemente se presentará el diputado Antón Gómez-Reino, y no tiene intención de llegar a un acuerdo con sus socios gallegos en contra de lo que decidan sus inscritos. Lo hizo en el 2016, cuando un tuit de Pablo Iglesias obligó a la militancia de Podemos a sumarse al partido instrumental de En Marea, una decisión que cayó como un jarro de agua fría entre las bases. Pero no piensa cometer el mismo error, y menos ahora que las relaciones con los nacionalistas gallegos están más frías que nunca.

Las diferencias entre esos partidos vienen de lejos. Las primeras críticas a la gestión de Villares al frente de En Marea llegaron de Anova. Podemos, por aquel entonces con Carmen Santos al frente, se limitaba a ignorar al partido instrumental. Fue cuando Gómez-Reino se hizo con la secretaría xeral gallega cuando emprendió una campaña de acoso y derribo contra Villares, en connivencia con Anova y las mareas urbanas. Pero sucedió que la consecución de ese objetivo no estrechó los lazos con los herederos de Beiras; más bien los enfrió.

Las diferencias entre Anova y Podemos se remontan a la primavera del 2019, cuando en un plazo de un mes coincidieron las elecciones generales del 28A y las locales del 26M. Las mareas municipales no fueron generosas en sus listas con Podemos; y el partido morado no lo fue tampoco con Anova en las generales, que al final, decidió no presentarse ni al 28A ni al 10N. Los alcaldes de las mareas, además, evitaron pedir el voto para Podemos, temerosos de que les restase apoyos en las urnas, y el partido de Pablo Iglesias no se lo perdonó. Con la derrota de los regidores de Santiago, A Coruña y Ferrol, el desapego se agrandó.

Ahora todos se vuelven a mirar, pero lo hacen de reojo. Hasta Equo, que el 10N optó por sumarse en Galicia a Más País (el partido de Errejón) ha puesto en marcha su proceso de primarias y se suma a las formaciones dispuestas a presentarse a las gallegas, en coalición con sus antiguos socios de En Marea, o por su cuenta.

Tanto la dirección de Anova como la de En Marea se reunirán mañana, cada una por su cuenta. Más que de encuentros, hablarán de desencuentros.

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