La primera vez que en La Voz se habló del día de los enamorados: «Hasta Tamara sabía lo de Boyer»

[...] los novios de hoy no se regalan libros de amor, sino «La función del orgasmo» de Wilheim Reich» [...] Si alguno se lleva las manos a la cabeza al saber que el omnipresente Satisfyer se vislumbra como obsequio de moda para el próximo Día de los enamorados, qué pensará de lo que revela este artículo de Francisco Umbral, de 1972. La hemeroteca de La Voz esconde muchas sorpresas de San Valentín: vámonos hasta los años cuarenta

El Día de los enamorados no lo inventó ningún centro comercial, aunque la avalancha publicitaria que se produce en vísperas de cada 14 de febrero nos haga pensar que sea así: precisamente la primera vez que La Voz cita esta celebración, en 1947, el periodista y corresponsal en Nueva York Francisco Lucientes rescata en un artículo del periódico diversos estudios americanos que apuntan a sus orígenes «en la Roma imperial», y recuerda que Shakespeare o Samuel Peys, en los siglos XVI y XVII, aluden en algunos de sus textos «a la significación amorosa de esta fecha y a la conveniencia útil y dulce de cruzarse obsequios y felicitaciones». Claro que Lucientes, desde su privilegiada atalaya de los Estados Unidos de los años cuarenta, ya estaba en condiciones de asegurar que la fiesta de los corazones era en esa época «una industria que ha convertido los escaparates en un espectáculo de casquería sentimental». [Consulta aquí la página completa] 

Solo un año después de esta crónica de La Voz, Galerías Preciados publicaba el primer anuncio del Día de los enamorados y el espectáculo yanki del que hablaba Francisco Lucientes se trasladaba a España. De forma tímida al principio («los comercios muestran estos días la consagración del amor», apuntaba La Voz en febrero del 51) y con absoluta entrega a partir de los años sesenta, aunque no hasta el punto del delirio que alguno quiso hacernos creer: según informa el periódico en su número del 21 de febrero de 1957, citando un reportaje de un diario británico, la costumbre de hacer un regalo por el Día de los enamorados sería un mandato franquista para mejorar el consumo interno. «En Sevilla —reproduce ese día La Voz el texto del rotativo británico, con todos los tópicos de un capítulo de la leyenda negra — se pasaron circulares obligando a los novios a comprar algún obsequio a sus prometidas. Por la tarde se obligó a los novios a ir a la reja de las novias, durante una hora, y entonar fandanguillos acompañados de una guitarra. Por este sistema, el comercio logró salvar momentáneamente su bache económico». [Consulta aquí la página completa] 

Crónica publicada el La Voz el 21 de febrero de 1957
Crónica publicada el La Voz el 21 de febrero de 1957

Sí que es cierto que el comercio aprovechó desde muy pronto la fecha para animar sus ventas, tal y como puede comprobarse con la avalancha de anuncios que se apoderan de las páginas del periódico en pleno despegue económico de la España franquista. Eran mensajes edulcorados, del tipo: «En tan señalado día, un regalo es una prueba de cariño» o «No es el regalo lo más importante, sino acertar con algo que pueda hacer ilusión». [Consulta aquí la página completa] 

Anuncio publicado en La Voz de Galicia el 11 de febrero de 1973
Anuncio publicado en La Voz de Galicia el 11 de febrero de 1973

Y es que quizás faltaban aún unos años para que alguno se animase a regalar «La función del orgasmo» del que hablaba Francisco Umbral en su artículo de 1972, año en el que, según asegura el escritor en La Voz, triunfó (¿de tapadillo?) el libro de Wilheim Reich entre los obsequios de San Valentín. [Consulta aquí la página completa]

Y eso que Alfonso Guerra aún no había pronunciado su famosa frase de «a España no la va a conocer ni la madre que la parió». No queda claro si se refería el delfín de Felipe González a anécdotas como la que relata La Voz en julio de 1985, desgranando algunos detalles de la infidelidad de Isabel Preysler al marqués de Griñón, con la complicidad de Miguel Boyer: «El pasado día de San Valentín, Día de los enamorados, la secretaria del señor Boyer subió un precioso ramo de flores variadas a la habitación de la señora. (...) Yo creo que hasta la más pequeña de la casa, Tamara, que solo tiene cuatro años, ya conocía personalmente al señor Boyer». La página no tiene desperdicio: la detención del televisivo doctor Rosado, por estafar a mujeres con un método depilatorio, o el escándalo de las vacaciones mallorquinas de Felipe González, que incluían un chalé de lujo y el uso del Azor, el yate de Franco, comparten espacio con este otro titular: «El obispo de Málaga califica de provocativas algunas fiestas de la Costa del Sol». A España ya no la conocía ni la madre que la parió. Ay, si ahora levantase la cabeza el obispo y se topase con el Satisfyer. [Consulta aquí la página completa]

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